Artista tártara de Crimea moldea un camino de barro en Ucrania durante la guerra
La guerra en Ucrania, que desde 2022 ha sido marcada por ataques aéreos y de drones, ha afectado además la vida diaria de millones de personas y ha puesto en riesgo la seguridad de comunidades enteras, según informes de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). En vísperas del Día Internacional del Migrante, Elvira Demerdzhi, ceramista tártara de Crimea, explicó cómo el arte y la creatividad le han ayudado a atravesar tres años turbulentos. Sus obras, expuestas en una sala de la cerámica de Sebastopol, buscan ofrecer un refugio frágil y un recuerdo del hogar para quienes quedan en Crimea y para las personas que asisten a sus talleres en Kiev.
Demerdzhi, que abrió su estudio Aqyar Ceramics en Kiev tras desplazarse por la anexión de Crimea en 2014, trabaja con arcilla de piedra y ha adoptado un enfoque moderno y minimalista, alejándose de los ornamentos tradicionales de la cerámica tártara de Crimea. Según la artista, cada pieza está inspirada en lugares y recuerdos de su infancia y su identidad, y su objetivo es reflejar paisajes y memorias que lleva dentro. Durante años, antes de dedicarse a la cerámica, Demerdzhi trabajó como bailarina y artista escénica; la artesanía se convirtió para ella en un medio de autodescubrimiento y en una forma de sostenerse ante la incertidumbre provocada por la guerra y el desplazamiento.
Tras la anexión rusa de Crimea en 2014, Demerdzhi perdió temporalmente su hogar y buscó formación en cerámica en un estudio privado de Kiev, con miras a aprender el oficio y a gestionar un negocio. “Cuando me vi desplazada, empecé a estudiar las tierras tártaras de Crimea y comprendí lo poco que sabíamos sobre los lugares de donde venimos”, declaró la artista. En la actualidad, Aqyar Ceramics, nombre tomado del término tártaro para Crimea, comercializa sus obras y ha recibido apoyo de la OIM para fortalecer su equipo y materiales, lo que le ha permitido atender pedidos y colaborar con otros ceramistas.
La OIM informó que, entre 2022 y 2025, ha apoyado a más de 1800 microempresas y pequeñas empresas ucranianas para mantener su actividad en medio de la presión económica de la guerra. En el caso de Demerdzhi, el apoyo de la organización incluyó una subvención empresarial que facilitó la compra de equipamiento y suministros, además de la posibilidad de gestionar pedidos de mayor envergadura con la ayuda de su abuela. Aun así, la artesanía explica que la estabilidad de su negocio sigue siendo una aspiración en un contexto de bombardeos que, según datos oficiales, ha repetido patrones de intensidad alta en años recientes, afectando también el sector cultural y creativo del país.
Más allá del ámbito productivo, Demerdzhi describe su vida familiar como parte de la lucha diaria: está criando a su hijo de seis años y espera poder transmitirle su herencia tártara de Crimea cuando llegue el momento. Ella señala que, a pesar de los desafíos, hay momentos de progreso, como la demanda de vajillas hechas a mano por parte de restaurantes y hoteles, y la asistencia de familias de personal militar a sus clases, que encuentran en el trabajo con arcilla una concentración y una pausa ante la realidad que les rodea. Elvira Demerdzhi afirma que, a través de su arte, intenta mantener vivo el vínculo con sus raíces y con el lugar al que pertenece, mientras la ciudad de Kiev continúa siendo su hogar y base de producción.
Los próximos pasos para Demerdzhi incluyen consolidar su producción y ampliar su red de colaboraciones, con el acompañamiento de la OIM para fortalecer su negocio. En el marco de su historial, la artista subraya la importancia de la identidad cultural y la memoria como motores para la creación, y la OIM resalta su papel como apoyo a personas que afrontan desplazamientos forzados y desafíos económicos derivados de la guerra.








