Julio Cortázar y el jazz como fuente de inspiración literaria
Julio Cortázar, nacido en Bruselas el 26 de agosto de 1914, desarrolló una notable afición por el jazz que atraviesa su obra y su biografía. El escritor, que publicó 28 libros —cuatro de ellos ediciones póstumas—, es considerado una figura central del Boom latinoamericano junto a contemporáneos como Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Murió el 12 de febrero de 1984 en París.
Según declaraciones difundidas en entrevistas y reseñas biográficas, Cortázar recordó que el primer disco de jazz que escuchó por la radio coincidió con la resistencia de su familia a ese género, a la vez que él se afanaba por captar las melodías. En sus reflexiones, afirmó que la música aportaba una presencia continua en su proceso creativo, describiendo el ritmo como un latido necesario para su trabajo. En una entrevista con TVE realizada en 1977, afirmó: “Es una especie de presencia continua en lo que yo hago. Mi trabajo se da donde hay un ritmo que no tiene nada que ver con la rima, ni con las aliteraciones, es como un latido”.
El autor de Rayuela, que había estudiado piano, trompeta y clarinete, destacó que entre sus primeras experiencias musicales figuran oír a Jelly Roll Morton y Red Nichols, y señalaron diferencias al escuchar a Louis Armstrong. Cortázar fue testigo de conciertos en vivo cuando acompañaba a su abuela al Teatro Colón, y convirtió referencias al jazz en pasajes de su narrativa, como en El Club de la Serpiente de Rayuela, donde personajes debaten sobre música, arte y filosofía. En su obra aparecen figuras del género, como Thelonious Monk y Bessie Smith, entre otros.
El propio Cortázar describió el jazz como “un árbol que abre sus ramas a derecha, a izquierda, hacia arriba, hacia abajo, permitiendo todos los estilos, ofreciendo todas las posibilidades”, una definición que, según críticos y biógrafos, evidencia una de sus pasiones centrales, junto con otros intereses como el boxeo y su admiración por los mininos. El escritor también homenajeó a Charlie Parker en su cuento El perseguidor, rebautizando al saxofonista como Johnny.
Entre sus títulos figuren destacan Bestiario, Final del juego, Las armas secretas, Los premios y Historia de cronopios y de famas, entre otros. En 1962, Rayuela marcó un hito en su trayectoria y en la narrativa contemporánea, según recordaron analistas literarios y colegas. Vargas Llosa, en un artículo para El País, refirió que escribir para Cortázar era “jugar, divertirse, organizar la vida” y señaló que su novela más ambiciosa llevaba el título Rayuela, “un juego de niños”.
Durante años, Cortázar compartió escenarios y corrientes culturales junto a sus contemporáneos y fue señalado como una figura que abrió puertas y aproximó capas de la condición humana a través de una escritura que integró lúdico, fantasía y libertad. En palabras de Vargas Llosa, “la obra de Cortázar abrió puertas inéditas” y “rozó lo trascendente”, sin que ello fuera un objetivo consciente, sino el resultado de su estilo único.
El músico y escritor falleció a los 69 años en París. El legado de Cortázar, además de sus novelas y cuentos, se sostiene en la influencia que su visión del jazz ejerció sobre su narrativa y su manera de entender la creatividad, según analistas y biógrafos consultados.








