Publicada el: 17 de febrero de 2026 :: 11:38 am

Mujer da a luz sin perder la vida

Mujer da a luz sin perder la vida

Según Naciones Unidas, en 2023 murieron unas 260.000 mujeres en todo el mundo por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto, lo que representa más de 700 muertes diarias. La inmensa mayoría de estos fallecimientos ocurrieron en países de ingresos bajos y medianos, donde el acceso a servicios de salud materna sigue siendo limitado o inexistente. Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte que estas muertes no son inevitables y podrían prevenirse con atención obstétrica oportuna y de calidad, al tiempo que señala que los recortes en la financiación humanitaria podrían agravar la crisis.

La organización recuerda que las mujeres embarazadas son particularmente vulnerables en contextos de conflicto, desplazamiento forzado, violencia extrema o desastres naturales. En países donde opera MSF, como Nigeria, la República Centroafricana o Bangladesh, las dificultades para acceder a una atención médica que salve vidas se presentan de manera sustancial pese a la distancia geográfica entre regiones.

En la República Centroafricana, Hermina dio a luz en un hospital del norte en Batangafo. Según relata, caminó desde las cinco hasta las nueve de la mañana y lo hizo sola, en un entorno en el que algunas mujeres deben recorrer hasta 100 kilómetros para recibir atención durante el embarazo o el parto, según la organización.

En el norte de Nigeria, Murjanatu retrasó la búsqueda de atención médica por no poder asumir los costos, incluso de consultas prenatales básicas. “Si no tienes dinero, nadie te atiende”, afirma desde el hospital de Shinkafi, donde espera ser derivada para tratar una anemia grave. En Bangladesh, Sabera, una mujer rohingya refugiada en Cox’s Bazar, comenta que a veces la única forma de llegar al hospital es vender objetos del hogar o endeudarse, y que la aprobación del viaje depende, en muchos casos, del permiso del esposo.

MSF señala que las causas principales de mortalidad materna —hemorragias e infecciones postparto, hipertensión durante el embarazo, complicaciones en el parto y abortos no seguros— son en gran medida prevenibles. Sin embargo, la organización destaca los “tres retrasos” que pueden ser mortales: la decisión de buscar atención médica, la llegada a un centro de salud y la atención recibida una vez allí. Nadine Karenzi, responsable médica de MSF en Batangafo, explica que la falta de centros de salud, distancias, inseguridad, transporte y la escasez de personal y medicamentos dificultan la llegada oportuna a atención obstétrica.

La organización añade que, en algunos contextos, los centros de salud funcionan solo unas pocas horas al día o carecen de personal cualificado para emergencias obstétricas. Factores sociales y culturales también agravan la situación: Patience Otse, supervisora de matronas de MSF en Shinkafi, señala que puede dificultar que una mujer acceda al hospital sin el permiso de su pareja. El estigma, las desigualdades de género y la falta de autonomía limitan la capacidad de las mujeres para decidir sobre su salud.

Además, MSF subraya que, cuando no está motivado por una muerte, el aborto no seguro continúa siendo una de las causas más ignoradas de mortalidad materna en los contextos donde opera. Raquel Vives, matrona de MSF, sostiene que las leyes restrictivas, el estigma y la falta de acceso a anticonceptivos empujan a las mujeres a asumir riesgos extremos, y que el aborto inseguro puede dejar consecuencias duraderas como infertilidad y dolor crónico. La organización también señala la falta de datos y el silencio que rodea esta realidad.

Sobre el financiamiento, MSF indica que la rapidez es crucial ante complicaciones, por lo que es imprescindible que las mujeres den a luz en centros con personal cualificado. Sin embargo, la organización advierte que los recursos disponibles en muchos lugares apenas alcanzan para partos sin complicaciones, y señala que la reducción de fondos podría agravar la mortalidad materna. Raquel Vives afirma que la mayoría de las muertes maternas podrían prevenirse con una atención adecuada y a tiempo, y que la reducción de la financiación aumentaría las muertes por causas evitables.

La mortalidad materna también se enmarca en desigualdades estructurales que afectan la salud y los derechos de las mujeres. Vives añade que la muerte de una madre tiene profundas repercusiones para la familia y la comunidad, y que los hijos cuyas madres fallecen tienen mayor riesgo de mortalidad en el primer mes de vida, desnutrición y menor probabilidad de vacunación. La organización concluye que la desigualdad de género sigue siendo un factor clave que limita el acceso a una atención segura y digna.