Publicada el: 3 de mayo de 2026 :: 6:51 am

Conmemoran 44 años del hundimiento del ARA General Belgrano en Malvinas, Argentina

Conmemoran 44 años del hundimiento del ARA General Belgrano en Malvinas, Argentina

Durante la crisis de Malvinas, el Grupo de Tareas (GT) 79.3, liderado por el crucero ARA General Belgrano, se acercaba desde el sur, y el GT 79.4, con tres corbetas clase Granville, lanzó misiles MM38 Exocet contra la flota británica. Se preveía el despegue de los aviones a las 6:00, pero la falta de viento impidió el catapultaje con la carga de bombas prevista, lo que retrasó la acción. Simultáneamente, ante la posibilidad de un cese del fuego respaldado por la propuesta de paz del presidente del Perú, Fernando Belaúnde Terry, aceptada por Argentina y bien recibida por Estados Unidos como mediador, se decidió cancelar el ataque y alejar a los buques de la flota británica a la espera de una definición, con la opción de reiniciar el avance para atacar si no se lograba un acuerdo.

El 1.º de mayo por la mañana, el submarino británico HMS Conqueror detectó al GT 79.3 y lo siguió, mientras los buques se abastecían en alta mar desde el petrolero Puerto Rosales de la empresa YPF. Tras la cancelación del ataque aéreo, el Capitán de Navío Héctor E. Bonzo, comandante del Belgrano, recibió la orden de dirigirse a un Área Julián, cercana a Isla de los Estados, para esperar nuevas órdenes. En ese momento, el secretario de Estado de Estados Unidos, Alexander Haig, mediador, se reunía con Francis Pym, ministro británico de Relaciones Exteriores, y mantenía contacto con Belaúnde Terry, quien estaba en comunicación directa con el gobierno argentino. Haig informó a Terry que respaldaba su propuesta y no transmitió objeciones de Pym, mientras este último discutía con el gabinete de guerra británico encabezado por la primera ministra M. Thatcher. Se esperaba que, por la tarde, Argentina anunciara la aceptación del plan de paz propuesto por Perú, quedando aún por confirmarlo oficialmente el Reino Unido.

Mientras tanto, el Conqueror siguió al crucero; el Almirante Sir Terence Lewin, jefe del Servicio de Defensa británico, solicitó autorización para hundir el buque, y el Almirante Sandy Woodward, al mando de la Fuerza de Tarea británica, pidió cambios en las reglas para poder atacar al Belgrano, aunque este no se encontrara dentro de una zona de exclusión ni representara un peligro inmediato. En los tableros británicos se evaluaba que Argentina tenía una ventaja estratégica al conocer la ubicación de la flota, mientras que los británicos desconocían la posición del portaaviones 25 de Mayo y si la Argentina había embarcado en él a los Super Etendard. La Armada Argentina estaba en condiciones de lanzar un ataque de alto poder de fuego que la FT británica no podría contrarrestar con antelación. A ello se sumaba la posibilidad de un acuerdo para la negociación pacífica que podría dilatarse sin solución favorable para los británicos, que habían desplazado sus buques a 13.000 kilómetros de sus bases, complicando la posición de Margaret Thatcher.

El Belgrano y el resto de los buques de la Armada Argentina se mantenían en disposición de combate por si se entraba en contacto con buques británicos, para atacar si era necesario.
El ataque al crucero

A pesar de que se acercaba un acuerdo con Argentina, el gobierno de Thatcher autorizó el torpedeo del Belgrano. A las 14:00 hora local, el HMS Conqueror recibió la orden de hundir al ARA General Belgrano; a las 15:00 el submarino se preparó para el combate y a las 15:57 lanzó tres torpedos Mk8, con alcance de la Segunda Guerra Mundial, desde 1.820 metros.

En el Belgrano, una parte de la tripulación descansaba, otros estaban en sollados y en la cantina, mientras que los artilleros se entrenaban en la torre n.º 2. Navegaban a once nudos con rumbo 290° Oeste-Noroeste y se encontraban a 55°24′ Sur, 61°32′ Oeste. El primer torpedo impactó en la proa, entre las cuadernas 12 y 15, por estribor y cerca de la quilla, a unos seis metros por debajo de la superficie, afectando la viga longitudinal y provocando la pérdida de 15 a 20 metros de proa. Las explosiones inundaron parcialmente compartimentos bajos desde la segunda cubierta hasta la quilla, dañando severamente el material y afectando a muy pocos tripulantes. El segundo torpedo explotó debajo de la quilla, a la altura del mamparo divisorio entre el compartimiento de máquinas de popa y sollados, banda de babor, en la cuaderna 106; generó un frente de unos 20 metros y produjo la mayor cantidad de víctimas, concentradas en áreas con mayor densidad de personal, propagándose hacia arriba a lo largo de cinco cubiertas, de las cuales dos eran blindadas. La cuaderna 106 se ubica a 60 metros de la popa y a 120 metros de la proa. La explosión afectó parte de los camarotes y la cantina, donde fallecieron dos civiles que la atendían. El fuego se propagó por toda la zona, no hubo energía eléctrica ni propulsión, y el timón quedó trabado a estribor. El tercer torpedo golpeó sin explotar al destructor ARA Bouchard, que luego observó al Belgrano lanzar tres bengalas blancas y separarse con el ARA Piedra Buena para intentar localizar al submarino. El último torpedo dirigió cargas de profundidad contra el Conqueror, que debió realizar maniobras evasivas a gran velocidad y escabullirse.

Cinco minutos después del ataque, el Belgrano presentaba 15° de escora y se hundía irremediablemente; se organizaron grupos de voluntarios para intentar rescatar posibles supervivientes y, a la vez, el equipo de Control de Averías y Lucha Contra Incendios informó al comandante de los daños y de la imposibilidad de repararlos. A las 16:22 el comandante ordenó el abandono, con la tripulación ya en las estaciones correspondientes. El buque tenía 72 balsas salvavidas, de las cuales 62 eran necesarias y el resto de reserva. El Belgrano se escoró hacia la banda de babor, que quedó a sotavento, por lo que la salida se realizó por esa banda, dificultando la retirada al verse afectadas balsas por hierros retorcidos del sector de la proa desprendida. A las 16:40, el abandono terminó en completo orden; fueron los últimos en abandonarlo el suboficial Ramón Barrionuevo y el comandante, cuando el navío tenía una escora de 50°. A las 17:01, el crucero desapareció bajo la superficie del Atlántico Sur.

En esos momentos soplaba un viento de 60 kilómetros por hora desde el Noroeste y el mar estaba muy picado, con olas de hasta cuatro metros. El agua tenía una temperatura de tres grados, de modo que varios que cayeron al mar fallecieron por congelación poco después; lo mismo ocurrió con algunos tripulantes de balsas que no estaban completas y con heridos que habían logrado evacuar. En las balsas sobrecargadas, sin embargo, sobrevivieron todos al haber mantenido mejor el calor corporal.

El ARA Piedra Buena logró emitir un mensaje informando que el crucero se encontraba a la deriva y hundiéndose, y se iniciaron de inmediato las tareas de búsqueda. En la noche del 2 de mayo una tormenta azotó a los náufragos con vientos de 100 kilómetros por hora, lo que obligó a cortar las cuerdas que unían a las balsas, de modo que cada balsa debió sobrevivir de forma individual. De los 1.093 tripulantes del ARA General Belgrano, 323 fallecieron por el ataque del Conqueror, en una acción de combate en la que el crucero tenía pocas posibilidades de enfrentarse con éxito al submarino nuclear, dependiendo de la capacidad antisubmarina de sus escoltas. Aunque ese momento se dirigía hacia el continente, el GT 79.3 seguía en operaciones de combate esperando una situación favorable para retomar acciones contra la flota invasora.

Resumen de la ubicación de las bajas en el momento en que impactaron los torpedos:
– 5.ª cubierta: compartimiento de máquinas de popa y áreas aledañas, 20 caídos.
– 4.ª cubierta: sollado de popa y alrededores, 47 caídos; sollados de proa, 42 caídos.
– 3.ª cubierta: sollado de popa y alrededores, 103 caídos; estación 3 de control de averías: 6 caídos.
– 2.ª cubierta: pañol de mar de proa: 2 caídos; sollados de cantina y adyacencias: 34 caídos; sollados de popa y alrededores: 6 caídos; comedor de popa de suboficiales: 6 caídos; camareta de suboficiales: 6 caídos.
El total de bajas causadas directamente por las explosiones de los torpedos, o en los momentos inmediatamente posteriores, fue de 272 hombres, incluyendo 2 civiles. El abandono se realizó en completo orden y el 86% de la dotación lo hizo con su uniforme completo y portando su propio salvavidas, mientras que un 26% llevó abrigo adicional.