Niñas, niños y adolescentes en situación de calle reivindican sus derechos en un torneo internacional de fútbol
Con el lema “Yo soy alguien”, la competencia se convirtió en un espacio donde las historias de infancias en situación de calle y en contextos vulnerables se transformaron en exigencias colectivas.
En el mundo, se estima que más de 150 millones de niñas, niños y jóvenes no tienen acta de nacimiento, acceso garantizado a educación ni servicios de salud. Eso los deja desprotegidos y sin voz.
“Haber nacido en situación de calle no es un defecto ni debería determinar nuestros derechos. La identidad es nuestro derecho y la protección, nuestra meta”, sostuvieron los participantes de la Copa.
El torneo fue organizado por Street Child United y Fútbol Más, organizaciones que forman parte de la iniciativa Fútbol por los Objetivos.
Carlos Islam, coordinador de esa iniciativa de la ONU, afirmó que moviliza a la comunidad futbolística mundial en torno a la sostenibilidad ambiental, los derechos humanos y la igualdad de género.
También señaló que Street Child United, miembro de Fútbol por los Objetivos, organizó la Copa para que niñas, niños y jóvenes en situación vulnerable jueguen fútbol, refuercen su identidad y estén a salvo del abuso.
Los integrantes de los 30 equipos participantes llamaron a autoridades, organismos internacionales y sociedad civil a garantizar el derecho a un medio ambiente sano, acceso a servicios básicos, sistemas de protección más eficaces, transporte público sostenible y educación de calidad.
Durante la Asamblea General, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, acompañada por Bono y The Edge, integrantes de U2, compartió un mensaje de fraternidad universal y de esperanza en un futuro común.
“Queremos un mundo donde no suenen las armas, sino la música; donde no ronde el miedo, sino la alegría”, expresó la mandataria.
“Que ruede la pelota, no como símbolo de lujo, dinero o poder, sino como símbolo de paz y encuentro”, añadió.
Allegra Baiocchi, coordinadora residente de la ONU en México, dijo que escuchar las voces de los participantes la tenía “súper emocionada” tras una semana en la que jugaron fútbol, se conocieron y trabajaron temas de pobreza, derechos e inclusión.
“El fútbol tiene que unir, no siempre lo hace, pero sí tiene que unir y aquí lo está haciendo”, afirmó.
John Wroe, director y cofundador de Street Child United, recordó que su interés por este trabajo nació durante un voluntariado en Sudáfrica, cuando conoció a un niño en situación de calle.
“Era un niño de la calle que llevaba diez años viviendo en ella. Me dijo: Cuando la gente me ve en la calle, dice que soy un niño de la calle; pero cuando me ven jugando al fútbol, dicen que soy una persona”, relató.
Wroe sostuvo que el fútbol puede cambiar la percepción sobre las niñas, niños y adolescentes que viven en la calle y que, para alcanzar la Agenda 2030, todas las personas deben participar.
En la Copa participaron delegaciones de Palestina, Pakistán, Bangladesh, Brasil y México, además del equipo Borussia-ACNUR, integrado por niñas, niños y adolescentes refugiados.
Para Chiara Cardoletti, representante designada de ACNUR en México, la experiencia permitió a los jugadores mirar hacia adelante, fortalecer sus sueños y construir nuevas oportunidades a través del deporte.
La Copa cerró con la idea de que el fútbol puede ser mucho más que una competencia: también puede servir para reconocer derechos, visibilizar desigualdades y escuchar a quienes históricamente han sido ignorados.








