Gestión Financiera del Riesgo de Desastres: fortalecer las finanzas públicas y promover la resiliencia

Los países de la región de Centroamérica y la República Dominicana presentan una alta vulnerabilidad y exposición a todo tipo de amenazas naturales, las cuales se ven intensificadas por los efectos del cambio climático. Los eventos hidro-meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes e intensos, por lo que se estiman mayores pérdidas en las infraestructuras y los servicios esenciales, afectando más a las poblaciones vulnerables que tienen menor capacidad para enfrentar y recuperarse de los desastres.
En ese escenario, se hace más importante la Gestión Financiera del Riesgo de Desastres (GFRD), que es la práctica de desarrollar marcos legales e institucionales para la sostenibilidad financiera frente a desastres, implementar políticas y operaciones de protección financiera y fortalecer o crear capacidades con antelación. Todo ello para asegurar que los fondos estén disponibles y se utilicen eficazmente, respondiendo de manera rápida y permitiendo la recuperación oportuna de los servicios esenciales, como por ejemplo la energía, el transporte y el agua potable, y una adecuada reconstrucción de los activos afectados.
Como parte de este enfoque, la Gestión Financiera del Riesgo de Desastres ayuda a los países a reducir las obligaciones generadas a consecuencia de los desastres, es decir, sus pasivos contingentes. Los pasivos contingentes soberanos son las obligaciones financieras derivadas de las pérdidas económicas por el impacto de amenazas como inundaciones, huracanes o sismos en los distintos sectores sociales (salud, educación, vivienda) y de infraestructura (transporte, hidráulico, entre otros). Por ejemplo, eventos como las tormentas Amanda y Cristóbal en El Salvador causaron daños en infraestructura de caminos, puentes y escuelas de 800 millones de dólares y aumentaron la pobreza entre un 8 y 10%.








