Consejo de Seguridad dice haber evitado una guerra entre grandes potencias y señala fragilidad de su legitimidad
En el día del 80º aniversario de la fundación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el Consejo de Seguridad se reunió en torno a la discusión sobre el futuro de la institución en una sesión convocada por Rusia, que ocupa la presidencia del órgano resolutivo en octubre. La jornada, declarada Día de las Naciones Unidas, conmemora la entrada en vigor de la Carta de la ONU y, según los participantes, subraya la necesidad de reformas estructurales para devolver a la organización sus objetivos fundacionales y aumentar su eficiencia.
Los integrantes del Consejo coincidieron en principios como la paz, la seguridad y el desarrollo, pero sus intervenciones evidenciaron las profundas fracturas que han caracterizado al organismo en años recientes. El Secretario General, António Guterres, se dirigió a la sesión desde Hanoi, Vietnam, para repasar el papel del Consejo de Seguridad y recordar que, a lo largo de décadas, “el órgano ha moldeado a las Naciones Unidas y el curso de la historia” al ayudar a las naciones a superar genocidios y apartheid y al evitar un conflicto mayor entre potencias. Sin embargo, advirtió que “su legitimidad es frágil” y que la reforma es “imperativa” para adaptarse a la realidad actual, con mayor representación regional, señalando que África no tiene una voz permanente en el Consejo.
Guterres afirmó que ampliar el número de miembros no se trata solo de justicia, sino también de resultados, y destacó que la memoria de la primera votación de 1946—con una nota en la urna alentando el trabajo para lograr una paz duradera—resume la misión de la ONU, cuyo emblema simboliza “la corona de olivo de un pacificador” y no la de un vencedor. El Secretario General llamó a que la Cámara “esté a la altura de la esperanza de cada hombre, mujer y niño” y solicitó al Consejo actuar con diligencia para redirigir los recursos de los conflictos hacia las causas de la paz y el desarrollo.
En la conversación, el embajador ruso ante la ONU, Vasili Nebenzia, sostuvo que el foro sigue siendo un espacio de diálogo para todos los Estados, pero advirtió que algunos países miembros asumen “el papel de gobernantes globales” e intentan imponer un mundo unipolar, con Occidente “provocando inestabilidad” mediante la OTAN, la injerencia en asuntos internos y la división entre democracias y autocracias. Citó la persistente cuestión de Palestina como una de las mayores decepciones y llamó a evitar que intervenciones se sustituyan por planes que priven a los palestinos de un Estado propio, al tiempo que expresó esperanza de contener una gran conflagración global con apoyo de actores regionales y bloques emergentes como BRICS.
La representante de Estados Unidos en la ONU, Dorothy Shea, afirmó que la organización ha perdido el rumbo y destacó preocupaciones sobre la burocracia, el gasto y las ideologías que, a su juicio, socavan la soberanía. Subrayó que EE. UU. quiere que la ONU vuelva a sus principios fundacionales de respeto a la soberanía, transparencia y rendición de cuentas, y recalcó que Estados Unidos continuará defendiendo un mandato limitado a la Carta y rechazando iniciativas que excedan ese marco. Abogó, asimismo, por una selección del próximo Secretario General basada en el mérito y con candidaturas de todas las regiones.
El embajador chino Fu Cong advirtió de una “crisis” global y llamó a que la ONU siga siendo la plataforma para la solución de asuntos internacionales. Propuso respetar la igualdad soberana, el estado de derecho internacional y el multilateralismo, al tiempo que enfatizó la necesidad de colocar el desarrollo en el centro de la acción de la ONU y consideró la Iniciativa de Gobernanza Global de su país como aporte para fortalecer la gobernanza mundial con un sistema más justo. También exhortó a la comunidad internacional a adherirse a estos principios.
Desde Argelia, Amar Bendjama afirmó que las violaciones de la Carta, la aplicación selectiva del derecho internacional y las medidas coercitivas unilaterales debilitan la confianza en la ONU, y pidió revitalizar la Asamblea General y reforzar la función consultiva de la Corte Internacional de Justicia, con una reforma del Consejo de Seguridad como eje central que corrija “la injusticia histórica contra África” y acelere la implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible a través de la iniciativa ONU80.
En representación de Venezuela, Samuel Moncada afirmó que los principios de la ONU son “nuestro escudo” y señaló que intervenciones de otros Estados, bajo el pretexto de legítima defensa, buscan imponer cambios de régimen y socavar la soberanía, prácticas que, a su juicio, son incompatibles con la Carta. Instó a recordar las promesas incumplidas y a avanzar hacia un orden económico internacional más equitativo, al tiempo que denunciaba las medidas coercitivas que, según su relato, impactan a más de treinta países. Pidió poner fin a estas acciones y continuar el camino multilateral que combine compromiso, tolerancia y paz, en defensa de la Carta de la ONU.








