Publicada el: 14 de diciembre de 2025 :: 7:08 am

Cooperativa de mujeres en México ayuda a migrantes a reconstruir sus vidas mediante artesanías

Cooperativa de mujeres en México ayuda a migrantes a reconstruir sus vidas mediante artesanías

Una cooperativa de mujeres artesanas venezolanas, establecida en la Ciudad de México, busca convertir su oficio en una empresa textil sostenible dirigida por y para migrantes. La iniciativa reúne a artesanas de Venezuela, Guatemala, Haití y Perú que, con el apoyo de Básicos de México (BSCS) y con la venta de sus piezas a través de IKEA, pretenden generar ingresos dignos, capacitar a otras migrantes y contar historias de migración y resiliencia a través de productos hechos a mano.

La historia empieza con Xiomara Rivas, de 68 años, quien en Venezuela trabajaba en un taller de muñecas decoradas con telas y puntadas cuidadosas. Tras las marchas de sus hijas migraron, primero a Colombia y luego a México, país donde llegó con visa y el respaldo familiar para reiniciar su vida. En la Ciudad de México, Rivas se sumó a un nuevo emprendimiento que busca empoderar a otras mujeres migrantes y dar continuidad a su oficio a través de una cooperativa que se reúne cada lunes en el estudio de BSCS para planificar, obtener materiales y trabajar desde casa, siguiendo un esquema de ingresos estables.

La cooperativa ha encontrado en BSCS una guía para desarrollar un modelo de trabajo flexible que permita a las artesanas ganar un ingreso mientras cuidan de sus familias. Valerie Benatar, cofundadora de BSCS, señala que este enfoque respeta la autonomía de las mujeres y facilita su participación continua en el proceso de producción. “Es un modelo respetuoso de la autonomía de las mujeres”, afirma Benatar.

El proyecto accedió a un primer respaldo de IKEA México, que ha puesto a la venta en sus almacenes de la Ciudad de México, Puebla y Guadalajara piezas de macramé producidas por la cooperativa. Cada creación refleja la experiencia y los orígenes de las artesanas, según las propias integrantes. Grace*, de 44 años, venezolana con experiencia en comercio, contabilidad, enfermería y economía social, dice que cada producto es útil para alguien y que las piezas hechas a mano aportan “amor” y “energía buena” a los hogares.

En siete años de trayectoria, BSCS ha trabajado para evitar la moda rápida y promover una producción con menos intermediarios y mayores salarios. Benatar destaca que las alianzas con Ikea y otros socios fortalecen una base de trabajo sostenible y confiable. “Estas alianzas nos sirven para tener bases sólidas. Nuestro apoyo importa porque estas empresas conocen la seriedad, calidad y puntualidad de nuestro trabajo”, afirma.

Para la cooperativa, el objetivo es ampliar la oferta de productos y llegar a más clientela, pero persisten desafíos como la adquisición de equipamiento para aumentar la producción y la necesidad de asegurar recursos para invertir en maquinaria. Valerie Benatar señala que el verdadero reto está en desarrollar alianzas estratégicas y garantizar financiamiento para ampliar la capacidad de producción.

La iniciativa se presenta como una oportunidad para mujeres migrantes de crear un futuro económico y social más estable, al tiempo que ofrecen una narrativa de migración y pertenencia a través de sus productos. Xiomara Rivas señala que su sueño es que el proyecto crezca hasta convertirse en un negocio en el que las propias artesanas sean dueñas y gestionen la cooperativa. Además, el proyecto podría continuar ampliando su red de colaboraciones y su presencia en mercados nacionales e internacionales, con el objetivo de beneficiar a un mayor número de mujeres.