Ramadán intenta hacerse sentir entre los escombros de Gaza, según informes
Walid al-Assi, que vive con su familia en una tienda de campaña levantada junto a los escombros de su casa en Al-Zarqa, en el centro de la ciudad de Gaza, describe un Ramadán muy distinto al de años anteriores, cuando la familia solía ir al mercado de la ciudad para celebrar. Según testimonios recopilados por Noticias ONU, la llegada del mes sagrado llega entre ruinas, escasez y precios elevados que limitan las compras y obligan a muchos a mirar, pero no adquirir.
Al-Assi comentó que ya no pueden permitirse los dulces típicos ni otras preparaciones de Ramadán y que, además, su salud se ve afectada por hipertensión y diabetes, lo que agrava su vulnerabilidad. “Nos han privado de todas esas cosas. Hoy veo productos en las tiendas y aparto la mirada porque no tengo dinero para comprarlos”, dijo, con su nieta a su lado, según el informante de la agencia.
Otra familia desplazada, Amal Al-Samri y su esposo, intenta, al menos, recrear de forma simbólica el ambiente del mes. Organizaban el interior de su refugio y preparaban el Ramadán, mientras Amal recordaba la vida previa: visitar a familiares, hacer compras en el mercado y decorar para la celebración. “Nuestra vida era hermosa. Hoy no hay nada. Estamos viviendo una tragedia”, afirmó, destacando la falta de electricidad, agua y la invasión de desplazamientos.
En el Zawiya Market, pese a la devastación, persiste un intento de mantener la tradición: algunas tiendas y puestos han colgado faroles y carteles para dar la bienvenida al mes. Sin embargo, muchos compradores circulan sin adquirir nada debido a la elevada inflación y la escasez. Luay Al-Jamasi, propietario de una tienda de decoraciones de Ramadán, explicó que los precios se han duplicado: “Antes costaba 30 shekels; ahora cuesta 60”, comentó, atribuyendo el incremento a la escasez de mercancías y a la ausencia de suministros en el último periodo.
Entre quienes buscan muestra de solidaridad está Maher Tarazi, un ciudadano palestino cristiano. Mientras caminaba por el mercado, tarareó una canción tradicional del Ramadán y expresó que la gente quiere sentirse feliz, a pesar de los tiempos difíciles, y que es positivo seguir adelante y volver al mercado, aunque la capacidad de compra haya cambiado.
La Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) señala que al menos dos tercios de la población de Gaza, unos 1,4 millones de personas de un total de 2,1 millones, viven en asentamientos superpoblados, en tiendas o refugios con escasa privacidad y protección. En medio de la devastación, el Ramadán llega con gestos cotidianos de resiliencia y con el anhelo de encontrar un motivo para celebrar, a pesar de las carencias.








