Programa en América Latina y el Caribe busca generar empleos vinculados al agua
América Latina y el Caribe (ALC) posee más de un tercio de los recursos de agua dulce del mundo, pero aun así muchos habitantes enfrentan dificultades para acceder a agua limpia y las sequías se han intensificado. En una entrevista, David Michaud, gerente de práctica de agua para la región en el Grupo del Banco Mundial, describe cómo la región puede convertir esa riqueza hídrica en un motor de crecimiento económico y empleo, y explica el papel de la entidad en la agenda del agua.
Según Michaud, la región presenta una paradoja: es una “superpotencia mundial del agua” por sus abundantes recursos hídricos per cápita, lo que ha favorecido el desarrollo económico, la exportación de alimentos y una matriz energética verde basada en la hidroeléctridad. Además, sostiene ecosistemas clave como el Amazonas, que son vitales para la biodiversidad y el turismo. Sin embargo, la distribución del agua es desigual entre y dentro de los países: por ejemplo, más del 65% de la población y gran parte del PIB de Perú se concentra en su litoral desértico; comunidades del Caribe afrontan altos niveles de estrés hídrico; y el norte industrial de México es también árido. En zonas con abundancia, la calidad del agua puede verse afectada por la minería ilegal y el uso de agroquímicos.
Para abordar estas tensiones, el entrevistado propone un enfoque de dos frentes: cuidado de los recursos hídricos compartidos y un uso más productivo del agua en todos los sectores. En materia de gestión, citó el proyecto de seguridad hídrica del Banco Mundial en Ceará, Brasil, que financia transporte de agua a zonas secas mediante tuberías de gran escala y sistemas de monitoreo en tiempo real; en Espíritu Santo, se apoya a terratenientes para conservar bosques en cabeceras de cuencas; y en Bolivia se impulsa la gestión comunitaria de recursos hídricos con participación equitativa. Según la institución, estas intervenciones buscan gestionar la cantidad y la calidad de lagos, ríos y acuíferos.
En cuanto a una mayor productividad en el uso del agua, Michaud señala que cada gota debe utilizarse al máximo. En Perú, el Banco Mundial apoya la modernización de sistemas de riego para que agricultores familiares produzcan más con menos agua y elevinen sus ingresos. En El Salvador, se busca reducir pérdidas de agua en la capital para garantizar que más suministro llegue a los ciudadanos. En Chile, México y Perú, la entidad explora oportunidades de reutilización del agua y economía circular. Estos proyectos, indica, demuestran que con inversión estratégica y gestión más inteligente, es posible convertir el agua de una fuente de vulnerabilidad en un motor de crecimiento sostenible.
Sobre el potencial del agua como generador de empleo, Michaud afirma que la gestión hídrica puede impulsar empleos en sectores como la agricultura, el turismo y la minería. En el ámbito agrícola, el riego fiable puede aumentar la productividad de un agricultor familiar hasta en un 50%, facilitando transiciones hacia cultivos de mayor valor y la creación de negocios como la producción lechera o la agroindustria, con beneficios estables para las familias rurales. El riego sostenible también sirve como amortiguador ante sequías y eventos climáticos extremos. En turismo, la mejora de la calidad del agua y la disponibilidad de servicios hídricos confiables es fundamental para las regiones costeras y la experiencia de los visitantes; el Banco Mundial está desarrollando un programa regional en el Caribe para ampliar la recolección y el tratamiento de aguas residuales. En el sector industrial, el ponente relató su participación en un congreso de desalinización en Chile, donde las grandes compañías mineras buscan agua para sus operaciones, una temática que refleja la complejidad de garantizar suministro para distintos usos sin agotar los recursos.








