Restricción deliberada de alimentos y ayuda provoca desnutrición alarmante en Gaza
En cuatro centros de salud que gestionamos o apoyamos entre finales de 2024 y principios de 2026, los equipos registraron mayores tasas de prematuridad y mortalidad entre los bebés nacidos de madres afectadas por la desnutrición durante el embarazo, elevados niveles de abortos espontáneos y un marcado aumento en el abandono del tratamiento entre los niños y niñas desnutridos.
Médicos sin Fronteras relaciona estos resultados con el bloqueo de bienes esenciales y los ataques contra la infraestructura civil, incluidas las instalaciones médicas. La inseguridad, los desplazamientos, las restricciones a la ayuda y el acceso limitado a alimentos y atención médica han tenido consecuencias devastadoras para la salud materna y neonatal. Advierten de que la situación sigue siendo extremadamente frágil a pesar del alto el fuego y piden a las autoridades israelíes que permitan de inmediato la entrada sin obstáculos de la ayuda y los suministros vitales.
“La crisis de desnutrición fue totalmente provocada”, afirma Mercè Rocaspana, responsable médico de nuestra unidad de emergencias. “Antes de la guerra, la desnutrición en Gaza era prácticamente inexistente. Durante dos años y medio, el bloqueo sistemático de la ayuda humanitaria y los bienes comerciales, sumado a la inseguridad, han restringido gravemente el acceso a alimentos y agua potable. Los centros de salud se han visto obligados a cerrar y las condiciones de vida se han deteriorado profundamente. Como resultado, los grupos de personas vulnerables corren un mayor riesgo de sufrir desnutrición”.
MSF ha analizado los datos recopilados de 201 madres de recién nacidos atendidos en las unidades de cuidados intensivos neonatales (UCIN) de los hospitales Nasser y Al Helou, en Jan Yunis y la Ciudad de Gaza, entre junio de 2025 y enero de 2026. Más de la mitad de las mujeres se vieron afectadas por la desnutrición en algún momento durante el embarazo, y una de cada cuatro seguía desnutrida durante el parto.
El 90% de los bebés nacidos de madres afectadas por desnutrición nacieron prematuros y el 84% presentaba bajo peso al nacer, una incidencia mucho mayor que en los bebés nacidos de madres que no padecían desnutrición en el momento del parto. La mortalidad neonatal fue el doble entre los bebés nacidos de madres afectadas por desnutrición en comparación con los nacidos de madres sin desnutrición.
Entre octubre de 2024 y diciembre de 2025, nuestros equipos ingresaron a 513 bebés menores de 6 meses en programas de alimentación terapéutica ambulatoria en los centros de atención primaria de Al Mawasi y Al Attar, en Jan Yunis. De los ingresados, el 91% estaba en riesgo de sufrir retraso en el crecimiento y el desarrollo. En diciembre, 200 bebés ya no formaban parte del programa: solo el 48% se curó, el 7% falleció, el 7% fue derivado a un programa para niños y niñas mayores y un 32% abandonó el tratamiento, principalmente debido a la inseguridad y al desplazamiento.
“La reducción de los ingresos a finales de julio y principios de agosto de 2025 coincidió con un periodo de mayor inseguridad y de interrupciones en la distribución de alimentos”, afirma Marina Pomares, coordinadora médica para Palestina. “La mayoría de las madres solicitaban apoyo nutricional incluso cuando aún no se había diagnosticado desnutrición en los niños y niñas, lo que refleja la inseguridad alimentaria generalizada provocada por el bloqueo impuesto por Israel, que impidió de hecho la entrada de alimentos en Gaza durante meses. Las familias adoptaron mecanismos de supervivencia, a menudo dando prioridad a los hombres y a los niños frente a las madres a la hora de distribuir los limitados alimentos”.
Antes de la guerra, no existían unidades especializadas en alimentación terapéutica. Nuestros equipos identificaron los primeros casos de desnutrición infantil en enero de 2024. Entre entonces y febrero de 2026, ingresamos 4.176 menores de 15 años —el 97% menores de 5— por desnutrición aguda en nuestros programas ambulatorios y de hospitalización. Durante el mismo periodo, 3.336 mujeres embarazadas y lactantes fueron incluidas en programas ambulatorios.
“Mi hijo menor murió a los 5 meses debido a una desnutrición grave”, cuenta Mona, una mujer de 23 años a la que hemos atendido. “Yo misma sufrí desnutrición durante el embarazo y tuve que lidiar con diarrea y debilidad. Vivo en una casa parcialmente destruida. Mi marido era pescador y tenía una pequeña barca, que los bombardeos destruyeron. No tenemos ingresos fijos”.
El alto el fuego de enero de 2025 terminó a mediados de marzo de 2025. A finales de mayo, los puntos de distribución de alimentos se redujeron de unos 400 a solo 4 bajo la autodenominada Fundación Humanitaria de Gaza (GHF). Además, el bloqueo de los camiones comerciales de víveres limitó drásticamente el acceso a los alimentos. “Los puntos [de distribución de alimentos] estaban militarizados y eran peligrosos, apenas funcionaban o no abrían al mismo tiempo, lo que restringía aún más el acceso a la tan necesaria ayuda alimentaria”, afirma José Mas, responsable de nuestra unidad de emergencia.
En los meses siguientes, los centros que apoyamos registraron un fuerte aumento de pacientes que acudían en busca de atención médica por violencia en los puntos de distribución de alimentos y por desnutrición derivada de la falta de comida. Muchas mujeres también informaron de estrés y ansiedad extremos relacionados con los riesgos a los que se enfrentaban los hombres de la familia para conseguir alimentos en los centros de la GHF, así como con los intensos bombardeos y los desplazamientos resultantes. Nuestros equipos observaron un elevado número de abortos espontáneos durante este periodo, identificándose el alto nivel de estrés como un factor determinante.
Entre el 16 de octubre y el 30 de noviembre de 2025, se estimaba que alrededor de tres cuartas partes de la población de Gaza enfrentaban altos niveles de inseguridad alimentaria aguda, según la Clasificación Integrada de la Fase de Seguridad Alimentaria (IPC), que había declarado una hambruna en agosto, la primera en la historia de la región de Oriente Próximo.
“Las restricciones tácticas de Israel a la entrada de alimentos, la militarización de los corredores de ayuda y los puntos de distribución, y los ataques selectivos contra la infraestructura esencial de Gaza han creado un entorno en el que el hambre se utiliza deliberadamente como medio de control sobre la población”, explica José Mas.
“Aunque el actual llamado alto el fuego ha traído cierta estabilidad, la situación sigue siendo extremadamente frágil. Nuestros equipos siguen ingresando a nuevos pacientes por desnutrición, ya que la población de Gaza se ve obligada a soportar condiciones de vida deliberadamente indignas y carece de acceso a asistencia, ingresos y recursos básicos. MSF insta a las autoridades israelíes, en su calidad de potencia ocupante, y a los Estados aliados, incluido Estados Unidos, a facilitar la entrada adecuada y sostenida de ayuda vital para que las personas que viven en Gaza puedan recuperar unos niveles aceptables de salud, nutrición y dignidad”, recalca nuestro responsable de emergencias.








