Publicada el: 12 de mayo de 2026 :: 11:39 pm

Se requiere arena tanto para la construcción como para mitigar el cambio climático

Se requiere arena tanto para la construcción como para mitigar el cambio climático

La arena ha permitido construir el mundo moderno: está presente en el concreto de las ciudades, en el vidrio de los rascacielos y en las pantallas de los teléfonos, en el asfalto de las autopistas y en los muros que protegen frente al aumento del nivel del mar. Sin embargo, su extracción y uso están planteando un dilema ambiental cada vez mayor.

Un informe reciente de la ONU advierte que la creciente demanda mundial de arena, el material sólido más extraído del planeta, está transformando ríos, degradando ecosistemas marinos y debilitando las defensas naturales frente a inundaciones y a la subida del nivel del mar.

Durante décadas la arena se ha visto como un recurso barato, abundante y prácticamente inagotable. No obstante, cumple funciones esenciales en la naturaleza: regenera playas, estabiliza costas, filtra agua y sostiene hábitats para peces, aves, tortugas y muchas otras especies.

“Todos usamos alrededor de 18 kilogramos de arena al día”, indicó Pascal Peduzzi, director del centro de datos ambientales del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en Ginebra, durante la presentación del informe.

Arena ‘viva’ y ‘muerta’
La demanda mundial de arena se triplicó entre 2000 y 2020, impulsada principalmente por la urbanización y el crecimiento de la infraestructura. El informe estima que cada año se extraen unas 50.000 millones de toneladas, y que la demanda continuará aumentando a medida que los países inviertan en adaptación climática, expansión urbana e infraestructura de energía renovable. Peduzzi explicó que 50.000 millones de toneladas serían suficientes para construir cada año un muro de 27 metros de alto y 27 metros de ancho alrededor de toda la línea ecuatorial, y añadió que la demanda de arena se verá agravada por el cambio climático.

La escala de extracción ha alcanzado tal magnitud que, para 2020, el peso total de los materiales construidos por la humanidad superó el peso de toda la biomasa viva del planeta. “La infraestructura humana pesa más que la de la naturaleza”, afirmó el experto.

Muros costeros, playas artificiales, puertos y barreras contra inundaciones requieren enormes cantidades de arena y grava. Pero extraer demasiada arena de ríos, deltas y sistemas costeros puede debilitar precisamente los ecosistemas que protegen a las comunidades frente a tormentas, erosión e intrusión salina. “Ese es el dilema”, señaló Peduzzi. “Queremos la arena viva y muerta”. Una vez convertida en concreto o asfalto, la arena queda eliminada permanentemente de los sistemas naturales. Pero cuando permanece en ríos y ecosistemas costeros, continúa regulando flujos de agua, amortiguando el impacto de las olas y sosteniendo biodiversidad.

Ríos, playas y medios de vida bajo presión
En muchas partes del mundo, las consecuencias ya son visibles. Los lechos de los ríos se profundizan. Los deltas se hunden. Las playas se reducen. Los acuíferos costeros se vuelven cada vez más salinos. Stephanie Chuah, una de las principales autoras del informe, afirmó que los investigadores apenas comienzan a comprender los impactos acumulativos que la extracción está provocando en ecosistemas interconectados. “La arena no solo proporciona servicios ecosistémicos esenciales, sino que también está vinculada a la resiliencia climática, la seguridad alimentaria, la seguridad hídrica y la estabilidad de los suelos”, explicó. La experta advirtió también sobre el costo humano, con riesgos crecientes para regiones donde el turismo, la pesca y el acceso al agua dulce dependen de costas estables y ecosistemas marinos saludables.

El informe resalta ejemplos en el Caribe. En Trinidad, la extracción ha destruido vegetación nativa importante para los polinizadores; en St Kitts & Nevis, la maquinaria pesada ha alterado zonas de anidación de tortugas marinas; en Jamaica, la pérdida de praderas marinas y de sistemas coralinos vinculada a la degradación costera ha acelerado la erosión de las playas, debilitando la protección natural frente a tormentas en zonas altamente dependientes del turismo.

Los ecosistemas de agua dulce también están bajo presión. Los lechos arenosos y las llanuras de inundación funcionan como zonas de alimentación y reproducción para peces, anfibios, reptiles y aves migratorias, mientras que las dunas y las barras de arena ayudan a absorber la energía del oleaje y favorecen el crecimiento de manglares y pastos marinos.

En busca de alternativas
El informe señala que muchos gobiernos siguen tratando la arena como un simple material de construcción barato, en lugar de reconocerla como un recurso estratégico ligado a la biodiversidad, la seguridad hídrica y la resiliencia climática. Pero algunos países comienzan a replantear ese enfoque. En Colombia, el gobierno clasificó formalmente la arena, la grava y la arcilla como “minerales de interés estratégico” en 2023, una medida orientada a fortalecer la supervisión ambiental y mejorar la coordinación en un sector que suele regirse por regulaciones fragmentadas y actividades extractivas informales. En el estado brasileño de Minas Gerais, varias empresas mineras están ampliando el uso de “arena de mineral”, un subproducto del procesamiento de minerales que podría reducir la presión sobre ríos y ecosistemas costeros tradicionalmente explotados para obtener arena. En otras partes de la región, sin embargo, las consecuencias ambientales asociadas a una extracción poco regulada son cada vez más difíciles de ignorar.

Chuah explicó que investigadores del PNUMA están desarrollando modelos para ayudar a los gobiernos a estimar la demanda futura de arena e identificar oportunidades para el reciclaje y materiales alternativos.

La tecnología como aliada
El informe propone fortalecer el monitoreo ambiental, aumentar la transparencia en los permisos de extracción y abandonar prácticas de contratación basadas únicamente en el menor costo, que a menudo ignoran daños ecológicos de largo plazo. Pese a la magnitud de la extracción mundial, el informe reconoce que todavía no existen cifras exactas sobre cuánta arena queda disponible ni sobre dónde y cuánto se extrae. Para entender mejor la industria, investigadores de la ONU desarrollaron una plataforma de monitoreo que utiliza datos satelitales e inteligencia artificial para rastrear embarcaciones de dragado marino y estimar cuánto sedimento se extrae a nivel global. Los resultados preliminares sugieren que alrededor del 15% de las actividades de dragado marino ocurre dentro de áreas marinas protegidas. Para el PNUMA, el desafío ya no consiste solamente en gestionar un material de construcción. Se trata de reconocer la arena como parte de los sistemas vivos que sostienen economías, biodiversidad y resiliencia climática.