El terrorismo nuclear, una amenaza creciente
Las consecuencias humanitarias, ambientales y económicas de un ataque radiológico o nuclear serían globales y afectarían la paz internacional, además de erosionar la confianza en los usos pacíficos de la tecnología nuclear.
Aunque no existe una definición estricta, entre los posibles ataques figuran las «bombas sucias», los asaltos a centrales nucleares, el uso de armas nucleares robadas y la detonación de dispositivos nucleares improvisados.
La amenaza sigue siendo de baja probabilidad, pero de alto impacto. No se ha registrado un ataque terrorista nuclear desde que surgió esta tecnología hace unos 80 años, aunque eso no significa que los grupos no lo intenten.
Al Qaeda, la organización detrás de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York, ha declarado varias veces su intención de cometer actos de terrorismo nuclear. También se han registrado robos y contrabando de material radiológico.
En 2021, Tayikistán informó del robo de 133 pastillas de dióxido de uranio, posiblemente destinadas al tráfico dentro del país o en Afganistán, donde Al Qaeda mantiene una fuerte presencia.
Mauro Miedico, director del Centro de Lucha contra el Terrorismo de la ONU (UNCCT), afirmó que la amenaza nunca había sido tan alta y que la expansión de las nuevas tecnologías podría facilitar incluso el uso de drones para dispersar una bomba sucia.
La Oficina de las Naciones Unidas de Lucha contra el Terrorismo (UNOCT) considera prioritario reforzar el marco jurídico internacional para prevenir el uso de material nuclear y otros materiales radiactivos con fines terroristas.
En mayo, durante una reunión celebrada en el marco de la Conferencia de Examen del Tratado de No Proliferación Nuclear de 2026, ponentes como Miedico pidieron a los Estados Miembros de la ONU que se adhieran cuanto antes al Convenio Internacional para la Represión de los Actos de Terrorismo Nuclear (ICSANT).
Ese convenio establece una base legal para criminalizar estos actos y mejorar la cooperación internacional. También fortalece la investigación, el enjuiciamiento, la extradición y la asistencia jurídica mutua.
Pese al amplio respaldo logrado desde su adopción hace 21 años, 66 países todavía no se han adherido. Miedico atribuyó esa brecha no a falta de voluntad política, sino a limitaciones técnicas y de capacidad.
La UNOCT, en asociación con la Unión Europea, brinda apoyo a los Estados para facilitar la adhesión y la aplicación plena del convenio. Miedico sostuvo que, aunque no se ha registrado ningún caso de terrorismo nuclear, es necesario mantener esos esfuerzos para evitar que ocurra.








