Atahualpa Yupanqui
Nació el 31 de enero de 1908 en Campo de la Cruz, partido de Pergamino, provincia de Buenos Aires, como Héctor Roberto Chavero Aramburu. Creció entre tradiciones criollas, indígenas y campesinas que marcaron su producción artística. Parte de su infancia transcurrió en Tucumán.
Desde joven estudió música y encontró en la guitarra un lenguaje propio. A los 19 años compuso Camino del indio, una obra temprana centrada en la vida de los pueblos originarios y del trabajador rural.
Con el tiempo, canciones como El arriero, Piedra y camino, Luna tucumana y Los ejes de mi carreta pasaron a integrar el repertorio esencial de la música argentina. Su seudónimo surgió de su admiración por las culturas originarias.
“Atahualpa” y “Yupanqui” remiten a antiguos soberanos incas y, según diversas interpretaciones, evocan la idea de “aquel que viene de lejanas tierras para contar algo”. Ese espíritu narrador atravesó su obra, marcada por el paisaje, el silencio y las injusticias sociales.
A lo largo de su vida recorrió gran parte de la Argentina y América Latina. Trabajó en distintos oficios, convivió con comunidades campesinas y recogió relatos, ritmos y costumbres que luego transformó en canciones y textos.
Además de su faceta musical, desarrolló una intensa labor literaria. Publicó libros de poemas, relatos y reflexiones como El payador perseguido, Aires indios y Cerro Bayo, que ampliaron su reconocimiento como escritor vinculado a la cultura popular argentina.
En varias ocasiones debió exiliarse en Uruguay y luego en Europa. En Francia recibió el impulso de Édith Piaf, quien lo invitó a presentarse en París en 1950. Desde entonces inició una proyección internacional que lo llevó a escenarios de Europa, Asia y América.
Su influencia alcanzó a generaciones de músicos y cantores populares. Mercedes Sosa, Jorge Cafrune y Facundo Cabral interpretaron sus composiciones y ayudaron a difundir su legado en toda América Latina.
En 1985 recibió el Premio Konex de Brillante como la figura más importante de la música popular argentina de la década. Antes había sido distinguido por el Ministerio de Cultura de Francia con la Orden de las Artes y las Letras.
Atahualpa Yupanqui murió a los 84 años en Nîmes. Por su deseo, sus restos fueron trasladados a Cerro Colorado, Córdoba, donde había construido su refugio creativo y donde descansan bajo un roble europeo.








