Israel y Rusia, incluidos por primera vez en la lista de violencia sexual en conflictos
La representante especial de la ONU, Pramila Patten, afirma en su último informe que las violaciones, la esclavitud sexual y los secuestros siguen empleándose como armas de guerra y de represión política.
Patten señaló que las cifras del informe no deben leerse como un panorama completo, sino como una muestra de un patrón mucho más amplio de abusos que siguen sin registrarse en gran medida.
El informe documenta violaciones, violaciones en grupo, esclavitud sexual, matrimonios forzados, trata de personas y secuestros cometidos por 15 actores estatales y 62 no estatales en 21 países afectados por conflictos.
Las mujeres y las niñas siguieron siendo los principales objetivos, aunque hombres y niños también fueron víctimas, a menudo en centros de detención y como forma de tortura. Las personas LGBTQI+ también afrontaron un mayor riesgo de persecución y acoso selectivos.
Las víctimas tenían entre uno y 70 años, según el informe, que además registró casos de personas con discapacidad. Patten añadió que la violencia solía ir acompañada de abusos físicos extremos, incluidos asesinatos tras violaciones e incidentes de suicidio entre supervivientes.
Entre las novedades del informe figura la inclusión por primera vez de las fuerzas armadas y de seguridad de Rusia e Israel en la lista de responsables de patrones de violencia sexual relacionados con conflictos.
En el caso de Israel, la ONU documentó abusos contra detenidos palestinos en Gaza y Cisjordania, incluidos casos de violación, desnudez forzada y violencia sexual durante interrogatorios y operaciones militares. Sobre Rusia, el informe señala violaciones y abusos sexuales contra prisioneros de guerra ucranianos y detenidos civiles.
La ONU advirtió además que las restricciones de acceso y la inseguridad dificultan documentar los abusos y asistir a las víctimas, en su mayoría mujeres y niñas.
También fueron incluidos tres grupos armados no estatales que operan en la República Democrática del Congo: los elementos armados de Wazalendo, las Fuerzas Nacionales de Liberación y los Mai-Mai del grupo armado de la Unión de Patriotas para la Liberación del Congo.
El informe sostiene que los grupos armados no estatales, incluidos los delictivos organizados, siguen recurriendo a la violencia sexual para ejercer control sobre las comunidades y el territorio, incluidas zonas ricas en recursos naturales.
Las mujeres y niñas desplazadas y refugiadas afrontaban mayores riesgos, sobre todo en zonas remotas y fronterizas donde las redes de apoyo se habían desmoronado. La amplia disponibilidad de armas pequeñas también seguía alimentando la violencia sexual en múltiples conflictos.
Al mismo tiempo, las restricciones al acceso humanitario, la inseguridad y la falta de financiación dificultaban la documentación de los abusos y la asistencia a las supervivientes.








