Publicada el: 1 de junio de 2026 :: 7:00 am

El desafío del virus de Bundibugyo: por qué este brote de ébola es diferente

El desafío del virus de Bundibugyo: por qué este brote de ébola es diferente

John Johnson, responsable médico de vacunación y respuesta a epidemias, explica las características específicas de este virus y los desafíos en la atención a los pacientes.

Actualmente hay dos vacunas aprobadas contra el ébola, pero ninguna de ellas está autorizada para su uso en casos de infección por el virus de Bundibugyo.

Ervebo (rVSV-ZEBOV) puede utilizarse para limitar la propagación mediante la estrategia de vacunación en anillo, que se administra a personas en contacto con un infectado, a contactos secundarios y a trabajadores sanitarios.

La otra vacuna puede emplearse durante los brotes para personas con riesgo de exposición al virus, o de forma preventiva antes de los brotes para personal de primera línea y para quienes viven en zonas aún no afectadas.

Sin embargo, ambas vacunas solo están aprobadas contra el virus más común responsable de la enfermedad del Ébola, conocido como virus Ébola y antes denominado virus Zaire, que causó el brote de África Occidental entre 2014 y 2016.

La OMS debate qué vacunas candidatas podrían someterse a ensayos clínicos de emergencia contra el virus Bundibugyo, como ya ocurrió en brotes anteriores. MSF afirma que está dispuesta a contribuir a esa investigación, como hizo durante los ensayos realizados en la RDC en 2019.

Esos ensayos llevaron después a la aprobación y comercialización de dos vacunas y tratamientos.

No existe por ahora ningún tratamiento aprobado para la enfermedad del Ébola causada por el virus de Bundibugyo.

Los dos anticuerpos monoclonales autorizados tras los ensayos clínicos realizados en la República Democrática del Congo entre 2018 y 2020 también son específicos para una especie de ébola, pero no para el virus Bundibugyo. Hay candidatos antivirales y anticuerpos monoclonales experimentales, aunque su eficacia aún no se ha establecido.

A falta de un tratamiento específico, la atención se centra en el control de los síntomas, como fiebre, dolor de cabeza, vómitos y diarrea, y en una terapia intensiva de apoyo para mejorar la supervivencia: reposición de líquidos, oxígeno y seguimiento estrecho de los parámetros sanguíneos y cardíacos.

En los dos brotes anteriores causados por el virus Bundibugyo, la letalidad estimada osciló entre el 25% y el 40%.

Otro obstáculo importante es el diagnóstico rápido. Las pruebas de PCR requieren cartuchos específicos para el virus, pero ahora no hay suficientes para Bundibugyo, lo que retrasa la confirmación de casos, el rastreo de contactos y el aislamiento de pacientes.

Sin vacunas ni tratamientos aprobados, la respuesta se apoya en medidas epidemiológicas y de salud pública: aislamiento temprano de casos, seguimiento diario de contactos durante 21 días, cuarentena ante síntomas, prevención y control de infecciones, entierros seguros y trabajo sobre el terreno para reconstruir cadenas de transmisión e identificar prácticas de riesgo.

También se considera fundamental mantener la atención sanitaria no relacionada con el ébola para las personas de las zonas afectadas.

Nada de esto funciona sin la participación sostenida de la comunidad, un reto mayor en contextos de inseguridad y acceso limitado a la atención sanitaria, como ocurre en las provincias de la RDC afectadas por la enfermedad.

La urgencia de una respuesta rápida quedó reflejada en otra cifra: más de 50 personas habían muerto desde principios de abril, antes de que el brote se declarara oficialmente el 15 de mayo. Eso apunta a una detección tardía, un patrón habitual en las primeras fases de los brotes de ébola.

MSF recibió las primeras alertas los días 9 y 10 de mayo, con informes sobre un aumento de muertes en la zona sanitaria de Mongwalu, al noroeste de Bunia, en Ituri.

Más tarde se identificaron casos en las zonas sanitarias de Bunia y Rwampara, y unos días después en la provincia vecina de Kivu Norte, incluida Goma, lo que apunta a una propagación ya significativa por el territorio.

Las autoridades sanitarias de Uganda, que comparte frontera con la RDC, confirmaron un primer caso, que falleció el 14 de mayo. El domingo 17 de mayo, la OMS activó su nivel de alerta más alto en respuesta al brote.

Este es el decimoséptimo brote de ébola que ha sufrido la RDC desde que se descubrió el primer caso en 1976, y el tercero en el que interviene específicamente el virus Bundibugyo, tras los brotes de Uganda en 2007-2008 y de la RDC en 2012.

Durante la última década, MSF ha respondido a múltiples brotes de ébola, sobre todo en África Occidental entre 2014 y 2016, en la RDC entre 2018 y 2020, y en Uganda en 2022 y 2025.



Deja un comentario