Palabras del Presidente Abelardo De La Espriella en el acto de presentación del Decreto de Modernización Portuaria en Cartagena
Detrás de estas terminales hay décadas de trabajo, capital invertido, conocimiento y, sobre todo, el esfuerzo de miles de personas. Mi reconocimiento especial a quienes operan las grúas, reciben los buques, conducen los camiones, inspeccionan la carga, mantienen los equipos, manejan los sistemas y planean cada movimiento para que una operación de enorme complejidad funcione como un relojito. Sin esas personas, toda esta infraestructura sería insuficiente.
Son ellas las que hacen posible que Colombia se conecte con el comercio mundial. Héctor Rojas Erazo afirmaba que Cartagena era una ciudad en la que había que salir a buscar el mar. La Cartagena de nuestro tiempo es distinta.
Hoy el mar entra todos los días a Colombia por este gran puerto. Entre los barcos que llegan de todo el mundo, en las mercancías, en las rutas que nos conectan con otros continentes, ahí llega el mar día a día. También en el trabajo de miles de compatriotas y en nuestra formidable vocación marítima.
Cartagena tiene, queridos compatriotas, un lugar muy bien ganado en el sistema marítimo global. Es justo destacar el trabajo del Grupo Puerto de Cartagena, que ha logrado establecer conexiones con 840 puertos en 150 países y atiende a más de 5.600 importadores y exportadores. Todo esto se moviliza por este puerto.
Por estas terminales del grupo pasa el 52% de las exportaciones y el 30% de las importaciones a Colombia en contenedores. Buena parte de la carga que estamos viendo cambiará de embarcación y continuará hacia otro destino, hacia otra latitud. Buena parte de esa carga trae desarrollo, progreso y trabajo digno.
Cartagena, entonces, queridos amigos, no es únicamente el puerto de entrada y salida de productos colombianos. Es también un punto de enlace dentro de las grandes rutas del comercio mundial, del comercio internacional. Las navieras no escogen un puerto por simpatía o por gusto.
Lo hacen porque encuentran eficiencia, seguridad, conectividad y cumplimiento. Si esas condiciones desaparecen, la carga se va, y con ella la oportunidad de progreso y desarrollo para nuestro país y nuestra región. Esa es la realidad de un sector en el que nadie puede vivir de los éxitos del pasado.
Hay que conquistar la excelencia día a día para que esto se llene de contenedores. La importancia de un puerto no termina en la línea de un muelle. A su alrededor se desarrolla una importante actividad económica.
175 recaladas y 477.000 cruceristas
Estuve revisando un informe de gestión del Grupo Puerto de Cartagena. Más de 5.000 personas están vinculadas a esta operación y cuenta con poco más de 4.300 proveedores colombianos. También hay un impacto enorme en el turismo.
Durante la temporada de cruceros del 2025 al 2026, Cartagena recibió 175 recaladas y cerca de 477.000 visitantes, que dejaron casi 60 millones de dólares en la ciudad. Esa es la inversión que, como Presidente de la República, quiero y anhelo para los puertos colombianos.
Un puerto que funciona bien genera empleo, atrae inversión, aumenta el comercio, fortalece la industria y crea oportunidades para miles de familias que dependen de una actividad tan importante como esta.
La transformación del sistema portuario colombiano comenzó hace más de 35 años con la expedición de la Ley Primera del año 1991. Esa ley mantuvo en cabeza del Estado la dirección portuaria y abrió la posibilidad para que la empresa privada invirtiera, desarrollara infraestructura y operara terminales mediante las concesiones. Tres décadas y media después, las necesidades son completamente distintas.
Han cambiado los buques, la tecnología, las redes comerciales, los sistemas de información y la manera como se organiza la logística global, entre otras cosas, por algo que dijo el mítico Capitán Salas, la inteligencia artificial. Eso está modificando la manera como el mundo se desarrolla y se desenvuelve. Y, por tanto, esos desafíos que imprime la modernidad y la tecnología no son desafíos menores.
Sistemas multimodal de transporte en conexión a los puertos
Las grandes terminales portuarias compiten en eficiencia, confiabilidad, automatización y capacidad para conectarse con distintos medios de transporte. Y ahí aparece uno de nuestros principales rezagos. Por eso la infraestructura será una de las grandes prioridades, como lo dijo la Ministra de Transporte, Elsa Noguera, de la Patria Milagro.
No sirve mucho descargar rápidamente un contenedor si después queda atrapado por falta de una vía adecuada, querida Ministra. Se lo he dicho a mis ministros, no podemos aspirar a ser una potencia exportadora mientras el costo de llevar un producto desde el interior del país hasta el puerto reste competitividad frente a nuestros competidores. Y no basta que tengamos la mejor tecnología, la mejor disposición, si no tenemos un canal de acceso también que permita que entren barcos de mayor calado.
El sistema tiene que funcionar como un conjunto. Carreteras, ferrocarriles, vías, ríos, terminales marítimas y centros de producción tienen que estar conectados y funcionar como una sola red. No me interesan más diagnósticos sobre problemas que ya todo el mundo conoce.
Lo hemos dicho, querida Elsa, aquí está sobre diagnosticado absolutamente todo. Lo que hay que preguntarse es quién se atreve a hacer lo que hay que hacer y tengan la certeza de que El Tigre hará lo que corresponda para que la competitividad sea un sello en la Patria Milagro. Aquí tenemos identificadas cuáles son las dificultades y sabemos dónde están las limitaciones de los accesos terrestres, marítimos y fluviales.
Conocemos también los problemas de la intermodalidad y la necesidad de actualizar las normas que gobiernan la actividad portuaria. Ahora procede convertir ese diagnóstico en decisiones concretas. En este Gobierno se acabaron los discursos vacíos, se acabaron las catilinarias, se acabó el ataque a la empresa privada y junto con los empresarios vamos a darle a Colombia el lugar que se merece de una buena vez.
La Ministra de Transporte, que es absolutamente eficiente y estoy feliz con ella, ha preparado un decreto que fue una preocupación desde el primer día de Gobierno para actualizar el régimen de las concesiones portuarias y responder a varias dificultades que el sector viene enfrentando desde hace algunos años porque la legislación y los decretos se quedaron atrás mientras que la actividad portuaria creció, se desarrolló y se proyectó.
Decreto de Modernización Portuaria
Quiero detenerme en las principales decisiones contenidas en ese decreto. Lo primero es algo absolutamente elemental. Colombia no puede permitir que un puerto deje de modernizarse simplemente porque su concesión se aproxima al vencimiento. Entonces no te bañes hoy porque te vas a ensuciar en la calle. Eso no tiene sentido y lo vamos a corregir.
Puede ocurrir que falten pocos años para terminar un contrato y aparezca una inversión necesaria para que el puerto siga siendo competitivo porque si no se queda rezagado. Esa inversión puede necesitar 10 años para recuperarse, pero al contrato, por ejemplo, solo le quedan cuatro. Naturalmente, el concesionario se abstiene de hacerla.
Cuando eso sucede, pierde el empresario y pierde muchísimo el país. El nuevo régimen permitirá que cuando falten cinco o menos años para el vencimiento y se proyecten nuevas inversiones que no alcancen a recuperarse en el término de la concesión, el concesionario puede someterlas al estudio de la entidad competente.
Si son aprobadas, podrá reconocerse el valor residual no recuperado en los términos establecidos por la regulación. ¿Cómo la ven? En esto quiero ser muy claro, no habrá cheques en blanco.
Cada inversión tendrá que justificar su necesidad y conveniencia y recuperar antes de ser aprobada la correspondiente evaluación técnica, económica, social y ambiental. Eso sí, las entidades que intervienen en esto tienen que actuar rápido, con diligencia, sin procrastinar para resolverle a los empresarios y a los puertos de la patria, queridos funcionarios del gobierno.
Los puertos competitivos tienen que seguir mejorando sus condiciones hasta el último día de la concesión y es exactamente lo que vamos a hacer.
La segunda decisión importante, trascendental, sustantiva y fundamental que se ha tomado a través de este decreto es la de ampliar las inversiones que pueden formar parte de una concesión y eso incluye obras necesarias para mejorar los accesos marítimos y pluviales, las conexiones ferroviarias, la infraestructura logística y las carreteras vinculadas al funcionamiento del puerto.
Este cambio es fundamental porque nos obliga a mirar el puerto como parte de una red y no como una simple infraestructura aislada. El país está rezagado y esa realidad con la Patria Milagro la vamos a cambiar. Mi Gobierno está decidido a darle la vuelta a esa realidad uniendo mucho mejor los centros productivos con los terminales marítimos. Vamos a invertir en carreteras, recuperaremos el ferrocarril en las regiones donde resulte viable y aprovecharemos mucho más el río Magdalena para transportar carga.
Coordinar distintos medios de transporte cuando sea económica y técnicamente conveniente puede reducir costos y darles más opciones a nuestros productores. Un país, queridos amigos, con dos océanos, una gran arteria fluvial, el río Magdalena, y enormes distancias internas no puede seguir dependiendo exclusivamente del transporte por carretera. Hay que hacerlo y en la patria milagro esa posibilidad será una realidad.
Seguridad jurídica para los inversionistas
La tercera decisión que se toma en el decreto tiene que ver con algo muy importante que se perdió durante los cuatro años del régimen anterior que, gracias a Dios, derrotamos en las urnas el 21 de junio: La seguridad jurídica.
Y quiero ser muy claro, preciso en este punto. Colombia necesita mucha, muchísima más inversión privada. Durante el régimen anterior se maltrató, se demonizó, se vilipendió al empresario. Desde que asumí la presidencia de la República me propuse recuperar una relación absolutamente fundamental para el devenir de la nación, para la salud de la República, como decían los antiguos romanos. La relación que tiene que haber cercana, estrecha, entre el empresariado y el Gobierno. Porque el Estado no genera riquezas. Los que generan riquezas son los privados.
El Estado genera condiciones para que los privados generen riqueza y con el pago de esos impuestos es que se hace la inversión social. Un país con futuro es impensable sin el concurso decidido de la clase empresarial a la que voy a defender y a proteger porque son absolutamente necesarios y han hecho las grandes transformaciones en este país. Tengo muy claro que ninguna sociedad moderna ha podido construir infraestructura, desarrollo y progreso solamente con inversión pública.
Se requiere de la inversión privada. Y para eso les vamos a dar seguridad jurídica. Y para que esa inversión llegue y permanezca tenemos que darles la tranquilidad de que esa inversión estará segura.
Quien proyecta invertir durante 20 o 30 años necesita saber cuáles son las reglas, qué puede esperar del Estado y cuáles son sus obligaciones. Lo digo con absoluta claridad. Mi Gobierno va a exigir el contrato estricto, el cumplimiento estricto de los contratos, pero exactamente con la misma firmeza va a respetar y honrar los compromisos adquiridos por la nación, sin ideología, sin politiquería, porque el progreso y desarrollo no tiene color político, queridos amigos.
Lo digo claro y contundente. Vamos a exigir, pero vamos a honrar también los compromisos del Estado. No se trata de favorecer a nadie, sino de hacer que la ley valga por igual para todos e impedir que una autoridad altere caprichosamente las condiciones bajo las cuales alguien ya ha decidido invertir.
En la Patria Milagro, quien invierta encontrará respeto y garantías, quien incumpla encontrará un Estado con autoridad y decisión para hacer que se respete lo que se acordó en ese contrato que es ley para las partes. Esa no es una contradicción. Es la manera seria de relacionar el Estado con la empresa privada.
La empresa privada cumple y el Estado también. Y eso trae desarrollo, progreso y futuro para el pueblo colombiano.
La cuarta decisión de ese decreto, queridos amigos, cuándo le ponemos la mocha, como decimos en el Caribe, Ministra. Martes, tempranito. Si quiere se la ponemos hoy. Estoy listo para la foto.
A la gente que nos acompaña en el interior del Caribe le decimos a la firma la mocha. ¿Cuántos no entendieron? Bueno, aquí el Director de Invías es de Boyacá. Aquí la mocha, doctor Juan Camilo Ostos, es la firma.
Entonces estoy listo para ponerle la mocha. El Vice entendió y el Vice sabe costeñol, bastante. El Vice es muy inteligente, costeñol avanzado.
Transparencia en concesiones portuarias
La cuarta decisión de ese decreto apunta a algo fundamental también en este Gobierno. La transparencia. El decreto crea un registro único de concesiones portuarias para concentrar en una sola base la información general sobre las concesiones de puertos, muelles y embarcaderos.
Allí podrá seguirse la evolución de cada trámite, desde la solicitud inicial hasta la terminación, la revisión de todo y, por supuesto, la liquidación del contrato cuando sea menester. Mi Gobierno está comprometido con que la información pública del sector esté ordenada y a la vista de todo el mundo, que sea fácil de consultar y que los trámites avancen debidamente hacia la digitalización, respetando naturalmente las reservas que exige la ley. Aquí hay reservas y las vamos a respetar.
Yo venía con el capitán que me acompañó, que me recibió y empezó a mostrarme todo y entonces le dije, bueno, ¿y cuánto facturaron el año pasado? Venía media hora hablándome de todo, del puerto, de los contenedores, del sistema. Me dijo, no, no tengo claro ese dato, Presidente. Hay reservas y las vamos a respetar, capitán Sala, no se preocupe.
No tiene sentido, queridos amigos, que a esta altura el Estado administre un sector de semejante importancia con información dispersa por distintas oficinas públicas. Oficinas que muchas veces ni siquiera se intercambian los datos. Es increíble.
Lo vamos a resolver. La tecnología tiene que servir para que la administración pública sea más rápida, más sencilla y transparente.
Hay un quinto componente que es particularmente valioso en ese decreto, queridos amigos.
Los planes de inversión pueden incluir proyectos relacionados con las comunidades vinculadas a la actividad portuaria. Formación, infraestructura comunitaria, muelles de impacto social, proyectos productivos, pesca artesanal y otras iniciativas similares. Esta posibilidad debe manejarse con absoluto rigor.
No se trata de que el Estado traslade sus obligaciones al concesionario, ni mucho menos abrir la puerta para invertir gastos que nada tienen que ver con la actividad que aquí se desarrolla. Se trata de permitir que inversiones serias, medibles y directamente relacionadas con las comunidades cercanas puedan formar parte de los proyectos. Esto responde a una convicción que tengo desde hace mucho tiempo.
La ciudad y los municipios que albergan nuestros puertos tienen derecho a sentir de manera directa los beneficios del crecimiento que allí se produce. Cartagena es el mejor ejemplo de cuánto puede transformar una ciudad la actividad portuaria cuando alrededor de ella se desarrollan empleo, proveedores, turismo, servicios y formación.
Hay otros puertos de Colombia que están en unas ciudades y no se siente que están allí, porque no se ve el beneficio, en Cartagena se ve, y quiero darles un aplauso por eso, capitán Salas. Hay un componente ambiental y energético que no puede dejarse de lado.
Incorporación de inversiones adicionales
El nuevo régimen permite incorporar inversiones adicionales en electrificación de muelles, eficiencia energética, fuentes no convencionales de energía, combustibles marítimos de menores emisiones, economía circular y protección de la biodiversidad. Y hay una precisión importante.
Estas inversiones no sustituyen las obligaciones ambientales que ya corresponden al concesionario. Para ser reconocidas bajo este régimen, deberán ser adicionales. Yo entiendo la sostenibilidad, queridos amigos, como una mejor forma de desarrollo, no como un mecanismo para impedirlo.
Colombia necesita producir, transportar y exportar mucho más, y puede hacerlo al mismo tiempo que utiliza mejor la energía y protege sus recursos y adopta tecnologías más eficientes.
Finalmente, el decreto pone en orden, en otro momento, algo que es delicado, la terminación de las concesiones. Yo se lo decía a la ministra, tenemos que darles también tranquilidad a los concesionarios.
En el régimen anterior quitaron concesiones como Álvaro Rodríguez, como si se tratara de cualquier cosa. Y en este Gobierno, Álvaro, eso no va a volver a pasar, porque vamos a honrar los compromisos de la nación y vamos a apoyar al empresario para que traiga progreso como ustedes lo llevan diariamente a las comunidades. Eso no vuelve a pasar en el Gobierno del Tigre.
Los activos que deben regresar a la nación tendrán que entregarse en buen estado de conservación y funcionamiento, con inventarios y avalúos que permitan establecer con claridad qué está recibiendo el Estado. Es evidente que la terminación de un contrato no puede significar la interrupción del servicio. El puerto tiene que seguir funcionando.
Los exportadores no pueden detener sus operaciones mientras se resuelve la transición contractual.
Las obligaciones del Estado, entre muchas, es cuidar el patrimonio público y también el de los empresarios, porque concesionario que demuestre que lo hace bien, concesionario que le ha metido la ficha, concesionario que ha generado desarrollo y progreso, será exaltado y será renovado en la era del Tigre, sin ninguna discusión.
Decisiones con criterio técnico, sin politiquería
El lenguaje del amor, las matemáticas, ahí están, cuántos produjo, cuántos empleos crearon, qué beneficios ha traído. El lenguaje del amor, que son las matemáticas, no tienen color político. Aquí se tomarán todas las decisiones con criterio técnico, que es lo que necesita el país para salir del hueco profundo en el que lo dejó el régimen anterior.
Compatriotas, este bello puerto de Cartagena es una lección para toda Colombia. Ha hecho inversiones con visión de futuro, ha incorporado tecnología y ha automatizado procesos, porque entendió que competir internacionalmente exige prepararse antes de que aparezcan los problemas. No ha esperado este puerto a que sus competidores lo superen para reaccionar.
Por eso ha alcanzado posiciones destacadas en los índices internacionales de eficiencia, porque están ahí, dos, tres, cuatro pasos adelante cada vez, cada día, y celebro que eso sea así. Los resultados que aquí vemos muestran hasta dónde puede llegar una organización colombiana cuando trabaja con visión de largo plazo.
Hay una verdad que este sector conoce muy bien, el liderazgo solamente se conserva si se renueva permanentemente. Mi Gobierno tiene, queridos amigos, una visión muy clara sobre este sector.
Los puertos tienen que convertirse en una verdadera ventaja para producir, exportar y hacer empresas desde Colombia. Por eso importa tanto este decreto. Nunca he creído en la virtud mágica de las normas.
Un decreto no mueve un contenedor, no construye una carretera y no hace llegar a un barco. Pero una buena norma sí puede quitar obstáculos, dar confianza y permitir que las inversiones que el país necesita se materialicen, se hagan realidad. Ahora nos corresponde hacer que el decreto funcione, querida Ministra y queridos funcionarios todos.
Que las entidades resuelvan, que es lo que me gusta a mí, resolver. Que los empresarios encuentren razones para invertir y que los proyectos serios puedan avanzar sin quedar atrapados durante años en la paquidermia del Gobierno y del Estado. Cartagena nos demuestra que Colombia puede hacerlo.
Hace más de 30 años hubo aquí quienes imaginaron algo mucho más grande de lo que tenían por delante. Se atrevieron a invertir y trabajaron para convertir aquella visión en uno de los grandes puertos de América. Esa misma ambición es la que tiene la Patria Milagro, que junto con (el Vicepresidente) José Manuel Restrepo y todo el Gobierno le propongo al país para todos los puertos de Colombia.
No quiero que dentro de 20 años miremos hacia atrás y tengamos que decir que poseíamos dos océanos grandes, ríos espectaculares, una ubicación privilegiada y gente extraordinaria, pero nos faltó determinación y valentía para aprovecharlos.
Quiero que podamos decir exactamente lo contrario, que esta generación volvió a mirar al mar, conectó mejor al país y entendió que las ventajas geográficas se convierten en prosperidad cuando hay inversión, infraestructura y trabajo. Cartagena ha demostrado que Colombia no está condenada a jugar en una segunda categoría.
Podemos competir con los mejores del mundo y ganar. No nos falta mar ni talento. No nos faltan empresarios ni trabajadores capaces.
Lo que nunca puede faltarnos es decisión, ardentía y valor. Esa decisión la tiene mi Gobierno. Vamos a hacer que Colombia aproveche al máximo la enorme ventaja que Dios le dio.
Hoy más que nunca estoy ¡Firme con los puertos de Colombia! ¡Firme con Cartagena! ¡Firme con Bolívar! y ¡Firme por la Patria!
Bienvenidos a la Patria Milagro y que viva Cristo Rey.
Gracias.








