Publicada el: 9 de septiembre de 2025 :: 5:20 pm

Afectados por terremoto en Afganistán podrían enfrentar el invierno sin fondos para ayuda, según informes

Afectados por terremoto en Afganistán podrían enfrentar el invierno sin fondos para ayuda, según informes

La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) informó que, si bien continúa recibiendo apoyo internacional, es necesario aumentar tanto el flujo como la velocidad de los fondos para atender las necesidades de la población afectada por el terremoto del 31 de agosto en Afganistán. El sismo, de 6,0 grados en la escala de Richter, dejó aproximadamente 2.200 muertos, más de 3.700 heridos y cerca de 40.000 personas que requieren asistencia humanitaria, según la jefa de Estrategia y Coordinación de OCHA en Afganistán.

En una conferencia de prensa desde Jalalabad, Shannon O’Hara reiteró que las cifras son preliminares y continúan aumentando a medida que los equipos de evaluación avanzan. Según la funcionaria, “si no actuamos ahora, estas comunidades podrían no sobrevivir el próximo invierno. Se necesita financiamiento adicional con urgencia”. O’Hara subrayó que, sin apoyo inmediato, la crisis podría agravarse en semanas por riesgos de brotes de enfermedades prevenibles que provocarían nuevos desplazamientos y más pérdidas de vidas.

La portavoz señaló que, aunque el mundo ha respondido positivamente, la “flexibilidad y la rapidez son cruciales” para evitar una deterioración mayor de la situación. “Se está finalizando un plan de respuesta que se lanzará mañana para cubrir las necesidades vitales inmediatas”, dijo. El equipo de OCHA viajó a Mazar Dara, en la provincia de Kunar, donde el Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha establecido un centro de operaciones para asesorar a la agencia y ampliar la ayuda, incluyendo la posibilidad de desplegar un helicóptero que asegure el suministro a zonas remotas.

O’Hara informó sobre las dificultades de acceso a muchas aldeas afectadas: para llegar a Mazar Dara, solo hay un sendero estrecho en la ladera de una montaña, y la ruta estaba bloqueada por rocas y tráfico de camiones cargados con ayuda. Describió escenas de desplazados que caminaban en dirección contraria, con lo poco que les queda, y familias que aún llevaban la ropa de la noche del terremoto. También mencionó que en la aldea y zonas cercanas hay olores a animales muertos y condiciones de vida extremadamente precarias, con viviendas temporales, exposición a lluvia y frío, y ausencia de agua potable y saneamiento; las evaluaciones iniciales indican que el 92% de estas comunidades defecan al aire libre, lo que aumenta el riesgo de brotes de cólera.