Guterres y Baerbock ante la Asamblea General: señalan que rendirse no es una opción
La Secretaría General de la ONU y la Presidenta de la Asamblea General ofrecieron este martes discursos complementarios en el marco de la 80ª sesión de la ONU, desde el emblemático podio de la Asamblea ante líderes de 193 Estados miembros, incluido el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Tanto António Guterres como Annalena Baerbock subrayaron la necesidad de fortalecer el multilateralismo como única vía para afrontar un momento de profundas crisis globales, y sostuvieron que la ONU continúa siendo un foro indispensable para encontrar respuestas comunes.
Baerbock abrió con un tono realista y emotivo, señalando que el 80 aniversario de la organización debía ser motivo de reflexión y no de celebración: “Este 80 aniversario debería haber sido un momento de celebración. Pero este no es un año cualquiera”. Describió, con descripciones que aluden al costo humano de los conflictos, escenas como huérfanos en Gaza, mujeres de 90 años en Ucrania que buscan refugio de drones, y niños en Haití que viven con miedo al colegio. Poco después, Guterres coincidió en un diagnóstico de perturbación y sufrimiento: “Hemos entrado en una era de perturbación temeraria y sufrimiento humano implacable” y enumeró crisis que conviven, desde invasiones a naciones soberanas hasta el hambre, la desinformación y ciudades bombardeadas.
En cuanto a la defensa del marco multilateral, Baerbock cuestionó si la ONU podría considerarse fracasada cuando se ignoran los principios de la Carta, y sostuvo que “la Carta no falla; es tan fuerte como la voluntad de los Estados Miembros de defenderla”. Guterres fue más explícito al arremeter contra la impunidad: “La impunidad es la madre del caos – y ha engendrado los conflictos más atroces de nuestro tiempo” y planteó una elección entre “un mundo de poder bruto o un mundo de leyes” y entre “un mundo de sálvese quien pueda o un mundo de naciones unidas”.
La presidenta de la Asamblea General y el Secretario General también ofrecieron balances concretos de la acción de la ONU: Baerbock citó logros institucionales, como el aporte de UNICEF en educación de 26 millones de niños, el apoyo del Programa Mundial de Alimentos a casi 125 millones de personas y la distribución de vacunas a más de mil millones a través de la OMS. Guterres delineó cinco ejes de acción urgentes: paz basada en el derecho internacional, derechos humanos, justicia climática, tecnología al servicio de la humanidad y fortalecimiento de la ONU, además de advertir que, por cada dólar destinado a la paz, el mundo invierte 750 en armamento, una proporción que consideró insostenible e indefendible.
Ambos líderes concluyeron con un mensaje de determinación: Baerbock habló de la necesidad de “no rendirse” y de demostrar a los pueblos que las Naciones Unidas están presentes “hoy, mañana y durante las próximas ocho décadas”. Guterres, desde su experiencia personal, afirmó que “el poder real reside en la gente” y reiteró su compromiso de no rendirse por la paz, la dignidad, la justicia y la humanidad. El conjunto de intervenciones dejó claro que, pese a las crisis y las divisiones, la ONU se presenta como el único foro capaz de articular respuestas globales, según las palabras de Baerbock.








