Testigos relatan masacres en el territorio de Rutshuru, RDC
La organización médica MSF advierte de una ola de violencia en el territorio de Rutshuru, en la provincia congoleña de Kivu Norte, que ha dejado víctimas civiles desde julio de 2025. Aunque las masacres a gran escala habrían empezado a remitirse, los civiles siguen sufriendo ataques diarios de grupos armados, entre ellos se menciona al M23 en relatos de testigos y pacientes atendidos en la región. Entre las cifras proporcionadas por el Hospital General de Referencia de Rutshuru se contabilizaron 124 víctimas de lesiones intencionadas en julio y agosto, en su mayoría procedentes de Binza y Bambo, según la organización.
Espérance*, que trabajaba en un campo cuando llegaron hombres armados uniformados, relató lo que presenció: “Dondequiera que encontraban hombres, los mataban y decapitaban sistemáticamente [con machetes]. Vimos cómo mataban a ocho hombres”. Las mujeres y los niños fueron reunidos y llevados a un río cercano; en el momento de los disparos, varios cuerpos cayeron al agua. Espérance consiguió llegar a la orilla con su bebé atado a la espalda, pero su bebé recibió un disparo en la cabeza y murió. “Desaté mi chal y dejé que su cuerpo se deslizara al río”, recordó. Tras el intercambio de disparos, Espérance regresó al lugar y halló a sus otros dos hijos asesinados; un hombre armado que se hallaba cerca la violó y la abandonó, según su testimonio.
Según el hospital, las víctimas atendidas entre julio y agosto incluyeron un conjunto de civiles heridos por disparos. Christopher Mambula, director de programas de MSF en la RDC, afirmó que “atendimos a múltiples pacientes, entre ellos mujeres y niños, que habían resultado heridos por disparos durante lo que describieron como la matanza masiva de civiles en julio” y añadió que “algunos parecen sufrir trastorno por estrés postraumático. Los grupos armados de Rutshuru siguen matando a civiles hasta el día de hoy, en una violación flagrante e inaceptable del derecho internacional humanitario”.
Entre enero y agosto de 2025, el Hospital General de Referencia de Rutshuru atendió a una media de 59 víctimas de violencia por mes, lo que representa un aumento del 15 % respecto al mismo periodo del año anterior y la cifra más alta reportada por MSF desde que empezó a recopilar datos en la zona en 2019. La mayoría de las víctimas por disparos eran civiles, que representaron el 83 % de todos los pacientes atendidos en julio y agosto de 2025, indicó la organización. A pesar de la caída de grandes masacres, varias bandas armadas, entre ellas CMC, Wazalendo y la Fuerza Democrática para la Liberación de Ruanda (FDLR), continúan cometiendo abusos.
Karry Félix, uno de los cirujanos del hospital de Rutshuru, afirmó que “seguimos recibiendo muchos heridos de bala cada día”. Félix explicó que algunas personas quedan atrapadas en el fuego cruzado durante enfrentamientos, mientras que otras son combatientes.
Marie* relató que su padre y sus tres hermanos fueron asesinados en agosto mientras trabajaban en los campos de Binza. “Tenemos miedo. Aquí no hay paz. Te pueden matar por nada”, afirmó. MSF indicó que, debido a restricciones impuestas por las AFC/M23, su respuesta se ha visto limitada para hacer frente a un brote de cólera que afecta la zona; la organización continúa gestionando un centro de tratamiento en Kiseguru, aunque los problemas de acceso y de divulgación entre la comunidad explican, en parte, la reducción de la cantidad de pacientes tratados a unos 10 diarios a finales de agosto.
La región de Binza, situada en tierras fértiles al este del Parque Nacional de Virunga, ha visto a comunidades dedicadas a la agricultura enfrentarse a conflictos entre grupos armados como Wazalendo y FDLR, con el M23 llevando a cabo operaciones contra esos actores en los últimos meses. Este enfrentamiento ha provocado desplazamientos masivos y obstaculizado la recolección de cosechas, aumentando el riesgo de una crisis de desnutrición en la zona. Judith*, que estaba cosechando maíz en julio, relató haber sido herida en la pierna: “Éramos muchos. Otros murieron allí y no hay nadie que los entierre. No puedo volver al campo por miedo a que me maten. Matan a las personas que se atreven a buscar comida”.








