Publicada el: 2 de julio de 2026 :: 7:59 am

La inteligencia artificial avanza más rápido que las reglas para controlarla

La inteligencia artificial avanza más rápido que las reglas para controlarla

La inteligencia artificial avanza más rápido de lo que las autoridades pueden seguirle el paso. Hace unos años solo respondía preguntas o generaba texto; ahora escribe código, analiza grandes volúmenes de datos, crea imágenes y videos realistas y ayuda a descubrir medicamentos.

Cada vez actúa con más autonomía y con poca supervisión humana. Sin embargo, los expertos señalan que las normas para garantizar un uso seguro no logran avanzar al mismo ritmo.

Esa es la conclusión del informe preliminar del Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial de la ONU, presentado el miércoles.

El documento advierte que la oportunidad para establecer una gobernanza mundial eficaz sigue abierta, aunque podría no durar mucho tiempo.

La inteligencia artificial podría convertirse en una de las tecnologías más transformadoras para la humanidad.

Usada de forma responsable, podría acelerar el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible al mejorar la atención sanitaria, la educación, la investigación científica, la agricultura y la accesibilidad para personas con discapacidad.

Sin salvaguardias, en cambio, podría profundizar desigualdades, difundir desinformación, amenazar derechos humanos, alterar mercados laborales y poner sistemas potentes en manos de unos pocos Estados y empresas.

El reto, según el informe, es aprovechar sus beneficios y, al mismo tiempo, reducir sus riesgos crecientes.

Las capacidades de la inteligencia artificial han avanzado a un ritmo extraordinario en los últimos años.

Nuevas redes de computación, enormes volúmenes de datos y técnicas mejoradas han dado lugar a sistemas capaces de mantener conversaciones fluidas, razonar sobre asuntos científicos complejos, desarrollar programas y crear imágenes, audios y videos realistas.

En lugar de limitarse a responder instrucciones, los llamados “agentes” pueden planificar tareas, usar herramientas digitales, escribir programas y cumplir encargos complejos con poca o ninguna supervisión humana.

Según el informe, los investigadores afirman que la complejidad de las tareas que estos sistemas pueden completar se ha duplicado cada pocos meses.

El documento de la ONU destaca una lista creciente de avances concretos.

La inteligencia artificial ha predicho las estructuras de más de 200 millones de proteínas y ha acelerado el descubrimiento de medicamentos, el desarrollo de vacunas y la investigación sobre resistencia a los antibióticos.

También se utiliza para detectar antes enfermedades como el cáncer de mama. En países en desarrollo, trabajadores de la salud emplean herramientas en idiomas locales para mejorar la atención a los pacientes.

Los sistemas de alerta temprana impulsados por inteligencia artificial ayudan además a identificar la inseguridad alimentaria antes de que se convierta en una crisis.

El panel añade que la tecnología también apoya la investigación científica, mejora la accesibilidad para personas con discapacidad y amplía la educación personalizada y el apoyo en salud mental.

No se trata de posibilidades futuras, subraya el informe: ya están ocurriendo.

La misma tecnología también está creando nuevos peligros. Impulsa la difusión de material de abuso sexual y de montajes sexuales explícitos generados digitalmente, con mujeres y niños entre los grupos más expuestos.

Puede generar información falsa tan convincente como la verdadera, debilitar la confianza en el debate público y afectar a la democracia.

También está siendo usada por delincuentes para ciberataques, fraudes y estafas basadas en técnicas de manipulación psicológica.

Algunos sistemas pueden reforzar creencias o conductas perjudiciales y contribuir a crisis de salud mental, incluido el suicidio.

A medida que se vuelve más autónoma, los expertos advierten que puede ser más difícil supervisarla y regularla sin salvaguardias más sólidas.

Además, los centros de datos que consumen grandes cantidades de energía para alimentar la inteligencia artificial contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero que impulsan el calentamiento global.

La revolución de la inteligencia artificial está lejos de ser equitativa.

Aunque se usa en todo el mundo, el acceso sigue concentrado en los países desarrollados. El informe señala que Estados Unidos posee alrededor de tres cuartas partes de la capacidad informática que respalda a las principales supercomputadoras de IA del mundo, y China cerca del 15%.

Eso deja a ambos países con cerca del 90% de esa capacidad combinada.

La mayoría de los modelos más avanzados también son desarrollados por empresas radicadas en esos dos países.

Muchos países en desarrollo carecen de la infraestructura informática, los conocimientos técnicos, los datos, la inversión y los recursos en lenguas locales necesarios para beneficiarse plenamente.

Como resultado, a menudo dependen de tecnologías que no pueden desarrollar, inspeccionar, auditar ni adaptar a sus propias sociedades.

El panel advierte que, si estas brechas no se corrigen, la inteligencia artificial podría reforzar las desigualdades mundiales en lugar de reducirlas.

Según el panel de la ONU, los sistemas actuales de gobernanza no fueron diseñados para una tecnología que evoluciona a esta velocidad.

Los responsables de políticas enfrentan lo que los expertos describen como un “dilema de evidencia”: necesitan datos científicos fiables antes de introducir regulaciones, pero para entonces la tecnología ya pudo haber avanzado otra vez.

Aunque existen más de 40 marcos de gobernanza y directrices éticas sobre inteligencia artificial en distintas partes del mundo, siguen siendo fragmentados, inconsistentes y rara vez se ponen a prueba para comprobar si realmente funcionan.

Muchas evaluaciones de seguridad también son realizadas por las propias empresas que desarrollan la tecnología.

El informe concluye que se necesitan evaluaciones independientes más sólidas, cooperación internacional y normas comunes para garantizar que los sistemas sean seguros, transparentes y estén sujetos a rendición de cuentas.

Al mismo tiempo, los países necesitan invertir en infraestructura digital, educación, conocimientos técnicos e instituciones para poder regular y desplegar estas tecnologías en sus propios términos.

Las Naciones Unidas respaldan una nueva arquitectura internacional para ayudar a los países a tomar decisiones informadas sobre la inteligencia artificial.

En 2025, la Asamblea General de la ONU creó el Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial, integrado por 40 expertos de todas las regiones del mundo que actúan a título personal.

Su función es científica, no regulatoria. Evalúa periódicamente la evidencia más reciente sobre las oportunidades, los riesgos y los impactos de la inteligencia artificial, y produce informes independientes que los responsables de políticas pueden usar al elaborar medidas.

El trabajo del panel alimentará el Diálogo Mundial de la ONU sobre la Gobernanza de la Inteligencia Artificial, que comenzará en Ginebra el 6 de julio de 2026.

Allí, los Estados Miembros debatirán enfoques internacionales para gestionar esta tecnología.

En resumen, el panel científico sostiene que la inteligencia artificial no es buena ni mala por naturaleza.

Su impacto dependerá de las decisiones que tomen hoy las autoridades, las empresas y las sociedades.

La tecnología ya está transformando la ciencia, la atención sanitaria, la educación y las economías de todo el mundo.

Que reduzca o amplíe las desigualdades, y que



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