Publicada el: 7 de noviembre de 2025 :: 11:40 am

Historia de Samat y la crisis de salud mental en Sudán del Sur

Historia de Samat y la crisis de salud mental en Sudán del Sur

Sudán del Sur atraviesa una crisis profunda de salud mental, incluso cuando sus efectos son a menudo invisibles para la población. En Malakal, la falta de atención psiquiátrica y los servicios limitados empujan a algunas familias a recluir a sus seres queridos en prisiones, según Médicos Sin Fronteras (MSF). El caso de Samat Nyuk, de 33 años, ilustra esta problemática: enviado a prisión por su familia al inicio de su enfermedad, hoy se encuentra en proceso de recuperación con tratamiento y seguimiento.

Según MSF, Samat fue detenido o recibido por las autoridades locales en junio de 2025, después de que el padre de Samat pedira ayuda ante la angustia de su hijo. Samat permaneció recluido en una celda de la sección de enfermedades mentales de la Prisión Central de Malakal, en condiciones que la organización describe como precarias: una celda oscura, una esterilla y frío, además de las voces que acompañaban su padecimiento. En Malakal, la atención psiquiátrica no está disponible de forma regular, y la opción que toman algunas familias es enviar a sus allegados a prisión como último recurso.

La situación de salud mental en el país es compleja y está marcada por décadas de conflicto, desplazamientos y pobreza. MSF señala que la inseguridad y la interrupción de las redes de servicios de salud dificultan el acceso a tratamientos, profesionales y apoyo psicosocial, lo que incrementa el riesgo de estigmatización, abandono o encarcelamiento de personas con trastornos mentales. En particular, las víctimas de violencia sexual y de género requieren servicios integrados de salud mental, protección y apoyo legal, que son escasos en gran parte del territorio.

Desde 2023, MSF indica que presta servicios en el Hospital Docente de Malakal y en el antiguo sitio de protección de civiles, y que desde ese año también ofrece atención y medicamentos psiquiátricos en la Prisión Central de Malakal. El equipo de MSF, junto con un trabajador del Ministerio de Salud, realiza seguimiento mediante asesoramiento psicológico y tratamiento farmacológico para asegurar que los pacientes tomen su medicación diaria.

Entre enero y agosto de 2025, MSF contabilizó 1.130 consultas de salud mental en Malakal, de las cuales 761 fueron a mujeres y 369 a hombres. Los diagnósticos más comunes fueron psicosis, trastorno bipolar, depresión y comorbilidades asociadas al consumo de sustancias psicoactivas. En el periodo de enero a septiembre de 2025, 12 pacientes atendidos confesaron haber tenido pensamientos suicidas, vinculados al trauma prolongado, la inestabilidad, la falta de apoyo psicosocial, la inseguridad alimentaria y la violencia. Abril de 2025 fue reportado como el mes más crítico, con cuatro intentos de suicidio y un caso adicional de pensamientos suicidas.

La organización también señaló actividades de sensibilización para el personal sanitario y pacientes, charlas en salas de espera, grupos focales con líderes comunitarios y programas en escuelas y radios en lenguas locales. MSF indicó que la recuperación es posible con medicación adecuada, asesoramiento y seguimiento constante, pero advirtió que el progreso es frágil sin seguridad alimentaria, apoyo social y un sistema de salud funcional.

La directora de salud mental de MSF en Malakal, Laura Ximena, afirmó que la salud mental debe integrarse en la atención primaria y que es necesario garantizar el abastecimiento de medicamentos psicotrópicos y su disponibilidad dentro de las cadenas de suministro. Ximena añadió que la concienciación comunitaria y la implicación familiar son claves y que las personas con trastornos mentales deben recibir tratamiento con dignidad, evitando su envío a centros de detención.

MSF continúa dando seguimiento a Samat y a otros pacientes dados de alta, proporcionándoles medicación y apoyo psicológico. Samat, que hoy busca trabajo, expresó que la esperanza reside en la libertad y en la existencia de hospitales con tratamiento, comida y oportunidades de recuperación, lejos de las prisiones.