Publicada el: 8 de diciembre de 2025 :: 11:38 am

Clubes juveniles reportan avances en la lucha contra el VIH/sida

Clubes juveniles reportan avances en la lucha contra el VIH/sida

En la República Democrática del Congo (RDC), más del 60% de la población tiene menos de 20 años, lo que expone a una generación joven a un riesgo elevado de VIH. Según datos de 2024, 15.000 jóvenes menores de 25 años contrajeron el virus, entre ellos más de 9.000 menores de 15, principalmente por deficiencias en los programas de prevención de la transmisión de madre a hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia, según la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) y Jeunesse Espoir.

La coordinadora médica de un proyecto de VIH en Kinshasa, Gisèle Mucinya, explicó que, pese a los avances, la lucha contra el VIH entre la juventud congoleña enfrenta obstáculos como la escasez de pruebas y el acceso limitado a tratamientos pediátricos, la prohibición legal para que menores se hagan pruebas sin un tutor y la falta de información, incluso en escuelas. En el Centro Hospitalario de Kabinda, un centro especializado en VIH de Kinshasa, 489 pacientes en tratamiento son menores de 25 años, entre ellos 344 menores de 18.

Entre las historias, Raïssa, de 22 años, relató haber descubierto su condición a los 15 y haber vivido estigmatizada y aislada posteriormente. Estas experiencias señalan que muchos adolescentes con VIH enfrentan doble carga: la enfermedad y el estigma, lo que puede derivar en abandono del tratamiento.

En respuesta, MSF y Jeunesse Espoir lanzaron en 2019 los clubes juveniles, un programa que busca ofrecer a adolescentes y jóvenes adultos con VIH un espacio seguro y confidencial vinculado a una estructura sanitaria formal, para apoyar la adherencia al tratamiento y fomentar la prevención. La doctora Pulchérie Ditondo, responsable de las actividades médicas comunitarias de MSF en Kinshasa, afirmó que, en la actualidad, 83 jóvenes de 12 a 25 años participan en estos clubes en cuatro distritos de la capital. El programa incluye educación y actividades para reducir los riesgos de transmisión, y, en 2024, cerca del 80% de los participantes tenía carga viral suprimida, frente al 71% en 2019.

Más allá de la atención médica, los clubes funcionan como espacios de escucha y desarrollo personal, con adolescentes que comparten dudas y experiencias. Kenny, un participante de 22 años, indicó que el club le permitió aceptar su condición y comunicarse abiertamente con su pareja, reduciendo el miedo y el estigma.

La iniciativa también ha generado efectos sociales, con algunos jóvenes convirtiéndose en facilitadores y defensores comunitarios que promueven pruebas y hábitos saludables, y otros actuando como mediadores para abordar desafíos sociales en sus comunidades. En 2024 se inició una investigación operativa para evaluar la efectividad de este modelo en la adherencia al tratamiento y la salud general de los participantes, y los resultados señalan que el modelo debe mantenerse y ampliarse.

Sin embargo, la continuidad de estos clubes depende de la financiación nacional e internacional para el VIH en la RDC. MSF advierte que los fondos han sido insuficientes y han sufrido recortes, afectados por reducciones de programas como PEPFAR y el Fondo Mundial. La organización y sus socios señalan la necesidad de integrar estas iniciativas en las estrategias nacionales y garantizar su sostenibilidad a largo plazo. Raïssa señaló que espera que los clubes existan en todo el país para reducir el estigma y la mortalidad, y para brindar un espacio a los jóvenes que viven con VIH.