Siria: desafíos en el noreste persisten y aumentan las necesidades
La evaluación realizada a principios de este año en la gobernación de Al Hasakah, en el noreste de Siria, revela que las personas siguen enfrentando dificultades para acceder a atención médica, agua y alimentos. El sondeo, que contempló a más de 150 familias de comunidades locales y desplazadas internamente, fue complementado por un trabajo de campo en junio y apunta a graves barreras para cubrir necesidades básicas. Según la evaluación, el 90% de los encuestados pospuso o evitó buscar atención médica debido a costos de consultas y medicamentos, falta de instalaciones disponibles y problemas de transporte. En el conjunto de la muestra, el 85% de los hogares informó que alguien padece al menos una enfermedad no transmisible.
Para enfrentar estos desafíos, la evaluación indica que se ha trabajado en colaboración con la autoridad sanitaria local para apoyar clínicas especializadas en el tratamiento de enfermedades no transmisibles en Al Hasakah y Raqqa. En materia de agua, el informe subraya una escasez persistente impulsada por el cambio climático, el uso del agua como arma, sequías prolongadas y extracción de aguas subterráneas, agravada por daños a la infraestructura hídrica, como las estaciones de Allouk y Tishreen. Desde 2019, las interrupciones en la estación de Alouk, principal fuente de agua para casi un millón de personas, obligan a buscar fuentes inseguras y no reguladas. El 37% de los hogares puede acceder de forma constante a agua suficiente para higiene y uso doméstico. En palabras de Khalid, desplazado a Al Hasakah, “ahora nos bañamos una vez cada cinco días. Tenemos que elegir entre estar limpios y estar hidratados”.
La evaluación destaca que la inseguridad hídrica afecta de forma desproporcionada a las mujeres, que suelen ser las responsables de asegurar el agua para el hogar y deben caminar largas distancias, con riesgo de agotamiento, acoso y explotación. Fatima, de 27 años, relató una experiencia de abuso cuando solicitaba agua en un tanque comunitario, lo que ilustra la intersección entre vulnerabilidad, género y supervivencia. Además, se señala que algunos proveedores privados han ofrecido agua a cambio de favores sexuales, una práctica que evidencia graves restricciones y desigualdades. En respuesta, los equipos rehabilitaron 12 pozos en Al Hasakah y apoyaron la rehabilitación de dos estaciones de agua (Al Aziziah y Al Hamma), preparando un posible reinicio de Alouk para garantizar el acceso a agua segura.
Respecto a la situación económica y la seguridad alimentaria, la evaluación muestra ingresos familiares medianos de alrededor de 150 dólares al mes, con variaciones entre 15 y 200 dólares. El 77% de los hogares informó escasez de alimentos varias veces al mes, mientras la organización reporta que, en Raqqa, se gestionan unidades de alimentación para pacientes hospitalizados y niños con desnutrición. Barbara Hessel, responsable de programas en el noreste de Siria, señaló que “la crisis no se limita al conflicto; se trata del deterioro diario de la capacidad de las personas para sobrevivir con dignidad”. Khadija, madre de cuatro hijos, describió que a veces reduce la ingesta para que sus hijos coman, una situación que ilustra la presión alimentaria sobre las familias de ingresos bajos.
Además de estos desafíos, la evaluación recoge que muchas personas desplazadas internamente expresaron dificultades para regresar a sus lugares de origen debido a la inseguridad, la falta de refugio y la ausencia de apoyo humanitario para retornos. Alaa, una mujer desplazada de Ras-Alain/Serekaniye, afirmó que “incluso si queremos regresar, no hay nada a lo que volver: no hay ayuda, ni refugio, ni apoyo. Sin ayuda, volver no solo es difícil: es imposible”.








