Tres años de conflicto en Sudán destruyen los medios de subsistencia
En 2025, los equipos de MSF atendieron a más de 7.700 pacientes por violencia física, incluidas lesiones por disparos, realizaron más de 250.000 consultas de urgencia y llevaron a cabo más de 4.200 consultas por violencia sexual, utilizada muy a menudo como arma de guerra y que afecta de forma desproporcionada a las mujeres.
Durante el mismo periodo, más de 15.000 niños menores de cinco años ingresaron en los programas hospitalarios de alimentación por desnutrición aguda. Se trata de una patología, que va en aumento, lo que agrava el riesgo de muerte por enfermedades que, de otro modo, serían tratables.
En conjunto, estas cifras muestran que, más allá de las víctimas directas del conflicto, la violencia implacable está causando un daño profundo y de gran alcance con graves consecuencias para la salud de la población.
Durante el conflicto, los programas de vacunación se han interrumpido y los sistemas de vigilancia epidemiológica han colapsado, lo que ha acelerado la propagación de enfermedades y retrasado la detección de brotes. La respuesta humanitaria internacional —incluida la de los organismos de las Naciones Unidas, especialmente en Darfur— sigue siendo muy insuficiente para prevenir muertes que podrían evitarse. Los recortes de financiación están empeorando aún más una situación ya de por sí grave, y la población vuelve a pagar el precio: la gente muere por causas evitables porque ni las autoridades sudanesas ni la comunidad internacional acuden en su ayuda.
MSF hemos sido testigo de brotes recurrentes de enfermedades mortales, aunque prevenibles, en todo Sudán: desde el sarampión en Darfur hasta la hepatitis E en el estado de Gezira, pasando por el cólera en Jartum o el Nilo Blanco. En 2025, nuestros equipos atendieron a más de 12.000 pacientes con sarampión y a cerca de 42.200 con cólera. Estos brotes se cobran la vida de los más vulnerables, especialmente de niños y mujeres embarazadas.
“Mi hija nació prematuramente porque la guerra nos obligó a huir de Omdurman mientras estaba embarazada”, cuenta Ferdos Salih, madre de una niña de 11 meses que padece sarampión y desnutrición aguda grave en el Hospital Universitario de El Geneina, en Darfur Oeste. “Ha sufrido mucho por las repetidas hospitalizaciones. Además, debido a la guerra, no pudo vacunarse”, añade.
Además, los hospitales han sido saqueados, bombardeados y ocupados. El personal médico ha sido amenazado, detenido u obligado a huir. Se ha impedido que las ambulancias llegaran hasta los heridos.
Desde abril de 2023, más de 2.000 personas han perdido la vida y 720 han resultado heridas en 213 ataques contra centros de salud en todo el país. En 2025, Sudán representó el 82% de todas las muertes a nivel mundial por ataques contra la atención sanitaria, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Durante ese mismo periodo, MSF hemos documentado 100 incidentes violentos dirigidos contra su personal, los centros a los que presta apoyo y los suministros médicos.
Recientemente, el 2 de abril, un ataque contra el Hospital Al Jabalain, presuntamente perpetrado por las FAR, causó 10 víctimas mortales, entre ellas siete miembros del personal médico, algunos de los cuales habían trabajado anteriormente con MSF. Apenas dos semanas antes, el 20 de marzo, un ataque presuntamente perpetrado por las Fuerzas Armadas Sudanesas contra el hospital de El Daein, en Darfur Este, causó la muerte de 70 personas, entre ellas 15 niños.
Sin embargo, a pesar de las constantes amenazas, los repetidos ataques de ambas partes beligerantes y la indiferencia internacional, los voluntarios y el personal médico sudaneses siguen demostrando una dedicación extraordinaria, esforzándose por prestar asistencia donde más se necesita.
“Las autoridades sudanesas siguen haciendo que, en ocasiones, resulte imposible para MSF y otros actores humanitarios prestar o ampliar la atención vital, ya sea bloqueando nuestra entrada en determinadas zonas o impidiéndonos llevar a cabo actividades incluso después de haber llegado”, afirma Amande Bazerolle, nuestra coordinadora general en Sudán. “El hecho de que se nos impida intervenir coloca a MSF en una posición inaceptable: sin capacidad de responder ante el sufrimiento y la muerte evitables a pesar de estar preparados y dispuestos a hacerlo”, denuncia.
Hoy en día, la vasta región de Kordofán —en el centro-sur del país— es la zona de conflicto más inestable y activa, y se teme que sea el próximo escenario de atrocidades, como las que han ocurrido en el pasado en otras regiones, entre ellas Darfur








