Publicada el: 28 de abril de 2026 :: 7:08 am

Deciden quedarse en Líbano

Deciden quedarse en Líbano

Por Maryam Srour, responsable de comunicación de MSF en el Líbano

La guerra en el Líbano se encuentra bajo un alto el fuego frágil que podría romperse en cualquier momento, mientras Israel continúa ocupando una amplia franja del sur del país, demolibiando aldeas y atacando objetivos. Este conflicto ha causado un impacto devastador en el sistema de salud y en el personal sanitario. Los bombardeos de las fuerzas israelíes han dejado más de 1.000 muertos y cerca de 3.000 heridos en menos de un mes y medio, y los ataques contra equipos de primera intervención, así como contra hospitales y centros de salud y zonas circundantes, han dejado un balance de más de 100 trabajadores sanitarios muertos y 233 heridos, en un total de 147 ataques documentados desde el 2 de marzo hasta el inicio de la tregua. A pesar de ello, los profesionales médicos y paramédicos libaneses han seguido trabajando bajo una presión extrema.

En el sur del Líbano se ha registrado una afluencia casi diaria de heridos y fallecidos que llegan tras los ataques. Los pacientes, entre ellos una gran cantidad de niños, llegan con lesiones graves, como hemorragias masivas, amputaciones traumáticas y heridas abiertas. Y, en muchos casos, entre los heridos también hay familiares o conocidos.

En Nabatieh, como en muchas otras localidades del sur, miles de personas han sido desplazadas por la fuerza a causa de los bombardeos masivos e indiscriminados y de las órdenes de evacuación generalizadas emitidas por el Gobierno de Israel. No obstante, muchas personas optaron por quedarse a pesar del peligro. En el Hospital Público de la ciudad, unas 42 familias —personal médico y sus hijos— se refugiaron en el interior del centro.

El objetivo era evitar desplazamientos para reducir más riesgos. A pocos kilómetros, el personal del Hospital Najdeh Chaabiye también estuvo respondiendo a incidentes con múltiples víctimas mientras se refugiaba dentro del centro, ya que desplazarse por la ciudad resultaba extremadamente peligroso debido a los continuos ataques de las fuerzas israelíes. Incluso para obtener suministros básicos era necesario recurrir a ambulancias que debían viajar a otras ciudades.

Durante los 46 días de ofensiva, nadie ni nada podía sentirse a salvo y se han registrado numerosos casos en los que los equipos médicos fueron alcanzados mientras atendían a los pacientes heridos. En muchas ocasiones, ni siquiera se les permitía llegar hasta ellos. En ese periodo de 46 días, al menos seis hospitales se vieron obligados a cerrar, mientras que muchos otros sufrieron daños.

El Dr. Ahmad Zreik, médico generalista que ha permanecido todo este tiempo en el Hospital Público de Nabatieh, relató que, apenas unas horas después de hablar con un compañero paramédico y despedirse de él, tuvo que enfrentar el duro trance de recibir su cadáver en el propio hospital. “Esa misma mañana estuvimos un buen rato juntos ahí fuera; charlando tranquilamente. Luego se marchó para atender una emergencia y se acabó. Su equipo sufrió los efectos de un nuevo ataque, él fue alcanzado de lleno y murió a causa de las heridas provocadas por las bombas. Acabábamos de verlo hacía unas horas, de pasar un rato juntos. Imagínate, ves a alguien y todo es perfectamente normal, hasta que de repente ya no lo es. Se marchó y nunca volvió. Regresó en cuerpo, pero sin su alma”, explica Ahmad.

Varios hospitales públicos de Sour y de Nabatieh, que cuentan con el apoyo de los equipos de Médicos Sin Fronteras, sufrieron daños debido a los ataques en las inmediaciones. Y la casa de campo donde vivía el personal internacional de MSF, hasta que tuvieron que ser evacuados a Beirut, quedó parcialmente destruida. Los compañeros evacuados abrieron varias clínicas móviles para atender a la población desplazada en otros puntos del país, mientras seguían brindando apoyo a distancia a quienes decidieron quedarse.

En Sour, en el Hospital Hiram, el personal médico resultó herido tras la rotura de cristales y ventanas; en el Hospital Italo-Libanés, los bombardeos en las inmediaciones dañaron el equipo médico, incluidas las máquinas de diálisis renal, y en el Hospital Jabel Amel, el personal médico tuvo que reforzar las ventanas después de que se rompieran por la fuerza de las explosiones cercanas.

Todo el mundo sabe que el alto el fuego es solo temporal y demasiado frágil, así que nadie aquí baja la guardia. Los trabajadores sanitarios de los hospitales buscan aprovechar este periodo de impasse para descansar y recuperar fuerzas, pero también para prepararse ante la posibilidad de que la violencia se reanude. Más de 1,2 millones de personas se han visto desplazadas y no pueden regresar a sus hogares, si es que aún existen. Y la guerra, temen, aún está muy lejos de terminar.

Artículo publicado originalmente en El Confidencial