El virus de Bundibugyo plantea un desafío diferente en este brote de ébola
¿Existen vacunas disponibles para combatir este brote de la enfermedad del Ébola?
Actualmente hay dos vacunas aprobadas contra el ébola, pero ninguna está autorizada para casos de infección por el virus de Bundibugyo.
Ervebo (rVSV-ZEBOV) puede usarse para limitar la propagación mediante la estrategia de vacunación en anillo, dirigida a contactos, contactos secundarios y personal sanitario.
La otra vacuna puede utilizarse durante los brotes en personas con riesgo de exposición y, de forma preventiva, antes de los brotes para personal de primera línea o personas en zonas aún no afectadas.
Por ahora, ambas solo están aprobadas contra el virus Ébola más común, antes denominado virus Zaire, responsable del brote de África Occidental entre 2014 y 2016.
La Organización Mundial de la Salud debate qué vacunas candidatas podrían entrar en ensayos clínicos de emergencia contra el virus Bundibugyo, como en brotes anteriores.
MSF dijo que está dispuesta a contribuir a esa investigación, como hizo en los ensayos realizados en la RDC en 2019, que llevaron a la aprobación y comercialización de dos vacunas y tratamientos.
¿Existe algún tratamiento para el virus Bundibugyo?
No existe actualmente ningún tratamiento aprobado para la enfermedad del Ébola causada por el virus de Bundibugyo.
Los dos anticuerpos monoclonales autorizados tras los ensayos clínicos realizados en la República Democrática del Congo entre 2018 y 2020 también son específicos de una especie de ébola, pero no del virus Bundibugyo.
Existen candidatos antivirales y anticuerpos monoclonales experimentales, aunque su eficacia todavía no se ha establecido.
Sin un tratamiento específico, la atención se centra en el control de síntomas como fiebre, dolor de cabeza, vómitos y diarrea, y en cuidados intensivos de apoyo.
Eso incluye reposición de líquidos, oxígeno y seguimiento estrecho de los parámetros sanguíneos y cardíacos.
En los dos brotes anteriores causados por el virus Bundibugyo, la tasa de letalidad estimada osciló entre el 25% y el 40%.
¿Qué herramientas de detección hay disponibles?
Uno de los principales obstáculos es diagnosticar con rapidez a las personas afectadas.
Las pruebas de PCR requieren cartuchos de diagnóstico específicos para el virus, pero ahora no hay suficientes para el virus de Bundibugyo.
Eso ralentiza la confirmación de casos y, en consecuencia, el rastreo de contactos y el aislamiento de pacientes.
Sin ninguna vacuna ni tratamiento aprobados, ¿qué se puede hacer para limitar la propagación?
La respuesta se basa en una combinación de medidas epidemiológicas y de salud pública: aislamiento temprano de los casos sospechosos y confirmados; seguimiento diario de los contactos durante 21 días; y cuarentena inmediata si aparecen síntomas.
También son clave los protocolos estrictos de prevención y control de infecciones, como higiene de manos, gestión de residuos, puntos de agua clorada y equipos de protección individual para el personal sanitario.
A ello se suman entierros seguros y dignos, para reducir la transmisión durante los rituales funerarios, y trabajo epidemiológico sobre el terreno para reconstruir cadenas de transmisión e identificar prácticas de alto riesgo.
Además, es fundamental mantener la atención no relacionada con el ébola para las personas de las zonas afectadas.
Nada de esto funciona sin una participación sostenida de la comunidad, basada en la información y la confianza.
Esa tarea es más difícil en contextos de inseguridad y acceso limitado a la atención sanitaria, como en las provincias de la RDC actualmente afectadas.
La urgencia de una respuesta rápida queda subrayada por una cifra: más de 50 personas ya habían muerto desde principios de abril, antes de que el brote se declarara oficialmente el 15 de mayo.
¿Qué sabemos sobre la propagación del brote?
MSF recibió las primeras alertas los días 9 y 10 de mayo sobre un aumento de muertes en la zona sanitaria de Mongwalu, al noroeste de Bunia, en Ituri.
Después se identificaron casos en las zonas sanitarias de Bunia y Rwampara, y unos días más tarde en la provincia vecina de Kivu Norte, incluida Goma.
Eso apunta a una propagación ya significativa por el territorio.
Las autoridades sanitarias de Uganda, que comparte frontera con la RDC, confirmaron un primer caso, que murió el 14 de mayo.
El domingo 17 de mayo, la OMS activó su nivel de alerta más alto en respuesta al brote.
Este es el decimoséptimo brote de ébola que sufre la RDC desde el primer caso descubierto en 1976, y el tercero en el que interviene específicamente el virus Bundibugyo.
Los anteriores fueron los brotes de Uganda en 2007-2008 y de la RDC en 2012.
En la última década, MSF ha respondido a múltiples brotes de ébola, sobre todo en África Occidental entre 2014 y 2016, en la RDC entre 2018 y 2020, y en Uganda en 2022 y 2025.








