Publicada el: 1 de agosto de 2026 :: 9:21 am

Gaza: denuncian violencia estructural

Gaza: denuncian violencia estructural

Nueve meses después, los palestinos siguen sacando a niños de entre los escombros en Gaza. Las familias siguen enterrando a sus muertos. Y el espacio en el que se espera que sobrevivan dos millones de personas se ha reducido a menos de un tercio en solo tres años.

El artículo lo describe como una continuación del genocidio, calculada para prolongar el sufrimiento diario de los palestinos y evitar la indignación internacional. También sostiene que no se trata de un alto el fuego, sino de la misma violencia estructural con otro nombre.

Según ese planteamiento, el alto el fuego sigue matando, confinando y negando ayuda. No desmantela los mecanismos de violencia, sino que normaliza el desprecio continuado por las vidas palestinas.

En medio de la incertidumbre y la violencia constante, los compañeros palestinos han seguido gestionando hospitales de campaña, atendiendo a pacientes heridos, prestando apoyo en salud mental, distribuyendo agua y ofreciendo asistencia sanitaria general en Gaza.

Según el Ministerio de Sanidad de Gaza, 1.185 palestinos han muerto y 3.816 han resultado heridos desde que se anunció el alto el fuego el 10 de octubre de 2025.

Eso equivale aproximadamente a un muerto o herido cada hora y 20 minutos durante nueve meses. A 19 de junio, Unicef contabilizaba más de 265 niños fallecidos. Las fuerzas israelíes siguen llevando a cabo ataques diarios en toda Gaza y ampliando cada día su zona de control.

Para el personal en Gaza, la línea que separa atender a los pacientes de convertirse en uno de ellos es delgada. El 16 de julio, un ataque israelí cerca de la clínica en Al Mawasi dejó cuatro heridos atendidos por sus equipos.

Al día siguiente, dos bloques de apartamentos donde vivía el personal en la ciudad de Gaza fueron alcanzados sin aviso previo. Las familias quedaron atrapadas en el interior mientras las explosiones destrozaban las ventanas. En uno de los edificios, escombros y cadáveres cayeron sobre el apartamento de la planta baja de un miembro del personal.

Ese mismo día, equipos en Deir al Balah atendieron a 12 personas, siete de ellas niños, heridas tras el ataque israelí a un funeral en Al Nuseirat. El ataque dejó ocho muertos y 20 heridos. Entre los fallecidos estaba el hijo de 21 años de un miembro del personal.

No se trata de incidentes aislados, sino de una instantánea de 48 horas en Gaza.

Del mismo modo, la línea amarilla, negociada como parte del alto el fuego con el argumento de la seguridad, se ha convertido en otro mecanismo de control y violencia. Divide la Franja, confina a los palestinos a un espacio cada vez menor y los expone a violencia continuada e impune.

Esta semana, una madre dijo a los equipos que su hijo de 14 años, con síndrome de Down, recibió cinco disparos de francotiradores israelíes cerca de la línea amarilla mientras jugaba junto a su casa.

Un alto el fuego debería garantizar la suspensión de las hostilidades, el silencio de las armas y la seguridad de la población en toda la Franja. No puede usarse como arma de guerra ni para reforzar el confinamiento de Gaza a una fracción de su territorio.

Más allá de las secuelas físicas, los equipos siguen observando en Gaza duelo, ansiedad, trastornos del sueño y angustia psicológica en adultos y niños. En lugar de remitir, estos síntomas se acumulan bajo los ataques aéreos, el desplazamiento y el deterioro de las condiciones.

Algunas pacientes, incluidas madres, han dicho que tienen pensamientos suicidas. Para los palestinos, un alto el fuego implicaría crear condiciones para hacer el duelo, reconstruir sus vidas y recuperarse de la violencia sufrida. Eso no ha ocurrido en Gaza.

La recuperación psicológica no puede darse mientras sigan cayendo bombas y el ruido constante de los drones solo se interrumpa cuando un ataque impacta en tierra. La población vive con el temor de no saber si ella, sus familiares o sus vecinos sobrevivirán al día.

La protección de la población civil no empieza con un alto el fuego. Debe garantizarse también durante las hostilidades



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