África Occidental y Central, amenazadas por una catástrofe alimentaria
Cerca de 55 millones de personas corren el riesgo de caer en la hambruna, de las cuales 3,1 millones ya se encuentran en situación de emergencia, advirtió la ONU. La ventana para evitar una catástrofe humanitaria se está cerrando.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la alerta supera ya el desafío alimentario. Las agencias humanitarias describen una crisis sistémica, en la que las necesidades crecen al mismo tiempo que se desploman los medios de intervención.
“El riesgo ya no es solo un aumento de las necesidades, sino un colapso simultáneo de los hogares, los mercados, los sistemas de salud y las capacidades de respuesta”, señalaron.
El deterioro se produce en pleno periodo de escasez estacional, cuando las reservas de alimentos se agotan, las nuevas cosechas aún no están listas y los hogares están más expuestos.
Las próximas semanas constituyen una última oportunidad para evitar un empeoramiento importante. “Cada semana perdida aumenta el riesgo de que millones de personas caigan en el hambre”, indicaron las agencias de la ONU.
Más allá de la emergencia humanitaria, el conflicto en Oriente Medio ya está teniendo repercusiones económicas fuera de la región. La desorganización de los mercados petroleros, del transporte marítimo y de las cadenas de suministro eleva los costes de la energía y del flete, y alimenta el aumento de los precios de los alimentos.
En África Occidental, los combustibles han aumentado hasta un 85% en algunos países, mientras que el precio de la urea, utilizada como fertilizante, ha subido de media casi un 86% en pocas semanas. Este aumento de costes amenaza la campaña agrícola 2026-2027, al reducir el acceso a fertilizantes y otros insumos.
A largo plazo, los rendimientos podrían disminuir, la oferta de alimentos contraerse y la inflación de los productos básicos instalarse de forma duradera, en detrimento de los hogares más pobres.
Según las proyecciones citadas por la FAO, una prolongación del conflicto podría llevar a cerca de 10 millones de personas adicionales a la inseguridad alimentaria aguda en África Occidental y Central. La situación se suma a un panorama alimentario y nutricional ya considerado crítico en la región.
A esta presión se añade una nueva amenaza sanitaria con la reaparición simultánea del ébola en la República Democrática del Congo y en Uganda. Una expansión de la epidemia podría perturbar los intercambios comerciales y pastorales, debilitar los ingresos de los hogares y limitar el acceso a servicios esenciales.
En una región donde millones de personas ya afrontan inseguridad alimentaria aguda, cualquier perturbación prolongada de los mercados, los intercambios o los medios de vida puede traducirse rápidamente en un deterioro de la situación alimentaria más allá de las zonas directamente afectadas.
A esta acumulación de crisis se suma el colapso de la financiación humanitaria. Mientras las necesidades alcanzan niveles sin precedentes por los conflictos, los desplazamientos, los choques climáticos y la crisis económica, los recursos disponibles se contraen con fuerza.
Esa reducción implica menos distribuciones de alimentos, menos programas de prevención y atención de la malnutrición y un acceso más limitado a los alimentos terapéuticos. En el Sahel, solo se ha movilizado entre el 21% y el 23% de la financiación necesaria.
La FAO estima además que 11,3 millones de niños menores de cinco años podrían sufrir malnutrición aguda en cinco países. Por falta de recursos, casi la mitad de los niños con malnutrición aguda severa corren el riesgo de no recibir los cuidados indispensables.
Las agencias de la ONU advierten de que, sin una movilización rápida de las autoridades, las instituciones regionales y los socios internacionales, estos choques podrían llevar a millones de personas más a la crisis alimentaria y nutricional en los próximos meses.








