Nepal: una devastación que podría repetirse en todo el Himalaya
Sara Netzer, directora regional de la Oficina de las Naciones Unidas de Servicios para Proyectos (UNOPS), regresó de algunas de las zonas más afectadas y describió una destrucción que, en varios lugares, dificulta pensar aún en la reconstrucción.
“Parece un apocalipsis”, afirmó este viernes en una rueda de prensa desde Bangkok.
En una de las comunidades que visitó, donde vivían unas 1.200 personas en alrededor de 400 viviendas, “todo quedó completamente arrasado” por una masa de agua y lodo. Algunas casas fueron desplazadas hasta 150 metros y los escombros alcanzan entre cinco y ocho metros de profundidad.
“Hay de todo lo que uno pueda imaginar: gafas, libros escolares, zapatos, mantas y, lamentablemente, probablemente también restos de seres queridos”, relató.
Muchas de las personas desplazadas permanecen en centros provisionales habilitados por las autoridades, algunos de ellos en escuelas que esperan reabrir. El acceso a agua potable, saneamiento y alojamiento temporal figura entre las necesidades más urgentes.
La situación es especialmente difícil para los niños que perdieron familiares o presenciaron cómo eran arrastrados por las aguas. “Muchos ya no tienen padres y también están viviendo en estos centros”, explicó Netzer. Recuperar cierta normalidad y volver a las aulas, añadió, será fundamental para ellos.
Pero el regreso a casa no será sencillo. El río ha cambiado por completo de curso en algunas zonas y todavía no está claro dónde sería seguro reconstruir. Netzer comparó el terreno con una masa gelatinosa que aún no ha terminado de asentarse.
“Normalmente, dos o tres semanas después de un desastre empezaríamos a ver a las comunidades reconstruyendo. Pero eso no puede ocurrir aquí”, señaló.
La destrucción de infraestructura complica todavía más la respuesta. De los aproximadamente 40 puentes de la zona afectada, solo uno sigue en pie, lo que ha dejado aisladas a numerosas comunidades.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) ha tenido que recurrir a helicópteros para hacer llegar ayuda vital. UNOPS ha movilizado fondos para realizar evaluaciones de ingeniería, elaborar mapas de riesgo y analizar la seguridad de los puentes y otras infraestructuras antes de iniciar la reconstrucción.
“Es una crisis con un enorme coste humano y un enorme coste en infraestructura”, afirmó Netzer.
Algunas de las comunidades afectadas ya habían sufrido desplazamientos tras el devastador terremoto de Nepal de 2015. Una década después, muchas familias han vuelto a perder sus hogares, sus medios de vida y a seres queridos, mientras otras siguen buscando a familiares desaparecidos.
La catástrofe de finales de agosto estuvo vinculada a una falla de roca y hielo, dentro de lo que la Organización Meteorológica Mundial (OMM) describió como una “crisis compuesta catastrófica”. Para Netzer, lo ocurrido no debe considerarse solo una tragedia aislada de Nepal.
“Creo que lo que estamos viendo en Nepal es algo que podría repetirse en todo el Himalaya a medida que avance el cambio climático”, dijo.
“Es una crisis que hoy afecta a Nepal, pero que en el futuro podría afectar a otra comunidad o a otro país”.
La advertencia coincide con la creciente preocupación por los riesgos que afrontan las zonas montañosas por el retroceso de los glaciares, la inestabilidad del terreno y fenómenos extremos capaces de transformar en horas el curso de los ríos y la vida de comunidades enteras.








