Publicada el: 27 de enero de 2026 :: 7:20 am

Frente entre República Centroafricana y Sudán, en tensión por riesgo de conflicto

Frente entre República Centroafricana y Sudán, en tensión por riesgo de conflicto

La región fronteriza entre Sudán y la República Centroafricana se encuentra en un estado de fragilidad climática y humanitaria, a menos de dos horas de carretera de la ciudad de Birao, aislada por la sabana. Allí, donde abundan las motos y las carreteras se deshacen en polvo, la población lidia con el desplazamiento forzado y la presencia de conflictos que siguen afectando a la zona, según informes de Naciones Unidas y agencias humanitarias.

Desde el inicio de la guerra civil en Sudán, decenas de miles de refugiados han huido hacia el sur, llevando consigo lo poco que pudieron rescatar de sus hogares y aumentando la presión sobre la mayor crisis humanitaria del mundo. En un contexto de calor extremo y estiaje, personas como Nafeesa, cuya identidad ha sido protegida, buscan refugio en Am Dafock y, posteriormente, en Birao, mientras procuran sobrevivir con lo esencial.

La violencia en Sudán comenzó con la rivalidad entre el jefe del ejército sudanés, general Abdel Fattah al-Burhan, y el comandante de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), Mohamed Hamdan Daglo. Casi tres años después, lo que inició como una pugna por el poder se convirtió en un conflicto de alcance nacional, con millones de desplazados y una crisis alimentaria que se ha intensificado desde 2024. En Darfur, la violencia ha sido particularmente sangrienta, con informes de masacres y violencia sexual como arma de guerra, según la Fiscalía de la Corte Penal Internacional y autoridades de las Naciones Unidas.

En la frontera, la ausencia de barreras físicas facilita movimientos entre Sudán y la República Centroafricana, con población que cruza a pie, en burros o con ganado. Ramadan Abdel Kader, gobernador adjunto de la zona, señaló que la región ha vivido un periodo de miedo y ataques transfronterizos que llevaron a que, en momentos de mayor tensión, miles de personas buscaran refugio cerca de instalaciones de MINUSCA en Am Dafock. Naciones Unidas indicó que, a raíz de la crisis, se establecieron diálogos transfronterizos para reducir las disputas y se firmaron acuerdos locales con restricciones a la posesión de armas y reglas de trashumancia.

En Am Dafock, la MINUSCA facilitó encuentros entre comunidades centroafricanas y sudanesas para abordar las tensiones en una zona que, además de conflictos armados, enfrenta disputas por tierra y recursos entre pastores sudaneses y agricultores centroafricanos. A finales de 2025, los esfuerzos para contener la violencia y regular la circulación de personas y ganado dieron paso a un periodo de relativa calma, aunque las autoridades advierten que la seguridad sigue siendo frágil y que la frontera permanece abierta pero inestable.

Con la expectativa de elecciones generales en curso y la promesa de normalidad, la llegada de refugiados ha sometido a Am Dafock y a Birao a una presión extraordinaria. ACNUR indicó que, a finales de 2023, más de 27.000 refugiados sudaneses se encontraban en la región centroafricana, donde se han organizado sistemas de asistencia que incluyen alojamiento, alimentos, atención sanitaria y educación. No obstante, la financiación para sostener estas operaciones ha experimentado recortes, lo que complica la labor humanitaria y la seguridad de las comunidades de acogida.

La historia de Nafeesa ilustra estas dinámicas: huyó de Sudán tras la muerte de su esposo, ocurrida en Darfur después de un asalto nocturno, y se trasladó primero a Am Dafock y luego a Birao. En la actualidad, ACNUR colabora con autoridades locales para registrar a los recién llegados y apoyar su supervivencia, aunque las condiciones de seguridad persisten como un factor limitante. La mujer señaló haber recibido mantas, colchones y asistencia para establecer un puesto de venta en el mercado, mientras describe un entorno marcado por la violencia y la inestabilidad que impide un retorno seguro.

Las autoridades y las agencias de ayuda advierten que la solución a largo plazo requiere estabilización regional y apoyos sostenidos. Mientras tanto, la población desplazada permanece en un estado de espera: con protección insuficiente, empleo irregular y recursos cada vez más escasos, la precariedad de la vida cotidiana en Birao y Am Dafock persiste como una realidad para cientos de miles de personas afectadas por el conflicto en la región. El riesgo de nuevas violencias y desplazamientos sigue vigente, a la espera de respuestas políticas y humanitarias coherentes.