Desmontan mitos sobre la mutilación genital femenina en África entre creencias y evidencia
La agencia de salud sexual y reproductiva de la ONU (UNFPA) documentó historias que evidencian el impacto de la mutilación genital femenina (MGF) y el avance de comunidades que buscan abandonar esta práctica en la región Mara, en la República Unida de Tanzania. En un informe publicado con motivo del Día Internacional de Tolerancia Cero con la MGF, que se celebra cada 6 de febrero, se indica que más de 230 millones de niñas y mujeres han sido sometidas a la MGF y que, pese a esfuerzos de erradicación, casi 4,5 millones de niñas corren el riesgo de sufrirla en 2026.
El documento señala que las supervivientes están liderando cambios sociales. En Mara, Olivia Albert dirige un grupo de defensa de la juventud y participó, tras un diálogo comunitario apoyado por la UNFPA, en la experiencia de otras supervivientes. Albert dijo que “cuando las niñas escuchan a alguien que ha vivido esta experiencia, prestan atención de otra manera”, y afirmó que “el liderazgo de las supervivientes está cambiando mi comunidad”, apuntando que las próximas generaciones podrían crecer sin miedo.
El reporte también destaca el papel de líderes religiosos que cuestionan las ideas falsas asociadas a la MGF. El imán Ousmane Yabara Camara, conocido en la prefectura de Kindia, en Guinea, afirmó que “la mutilación genital femenina no es una prescripción del islam” y llamó a incluir el tema en la educación para ayudar a las generaciones futuras a vivir sin esta práctica. En Kindia, Camara es una figura respetada que ha decidido usar su influencia para apoyar a mujeres y niñas.
La publicación subraya cambios legislativos en la región. En Yibuti, Eritrea y Somalia, eruditos islámicos emitieron una fetua en 2025 que indica que no existen motivos religiosos para justificar la MGF. Según la activista Nafissa Mahamoud Mouhoumed, de Yibuti, “la Constitución y la fetua” funcionan como escudos frente a esta práctica, y permiten a activistas señalar que tanto la fe como la ley protegen a las hijas.
En Etiopía, el informe detalla que tres cuartas partes de las mujeres y niñas entre 15 y 49 años han sufrido algún tipo de MGF. Mitiku Gunte, jefe del distrito local, recordó que, durante años, la comunidad observó complicaciones durante el parto sin saber cómo detenerlas. Actualmente, Gunte es parte de un programa conjunto dirigido por la UNFPA y UNICEF, que involucra a hombres y niños en diálogos comunitarios para enfrentar la práctica a través de visitas puerta a puerta y enfoques segmentados por grupos sociales.
La investigación recuerda además que la MGF “medicalizada” —realizada por profesionales— no es segura ni necesaria y que no existe justificación médica para ella. En la zona de Hadiya, Etiopía, una sesión semanal de información y debate sobre prácticas dañinas es liderada por un anciano local. La doctora Maram Mahmoud, médica de familia en el Alto Egipto, afirmó que a veces recibe casos con daños ya hechos y que, gracias a estas conversaciones, ha logrado orientar mejor a las familias sobre los riesgos y consecuencias de la MGF.








