Autoridades alertan sobre fraude en la venta de pescado que engaña a los consumidores y podría afectar la salud
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicó un informe que alerta sobre la magnitud del fraude en el sector pesquero y acuícola, un negocio valorado en unos 195.000 millones de dólares a nivel global. El documento, que no cita cifras oficiales concluyentes, señala que estudios empíricos sugieren que hasta el 20% del pescado que se comercializa podría haber sido objeto de manipulación, una tasa superior a la observada en otros productos alimentarios como la carne o las hortalizas.
El informe, titulado El fraude alimentario en el sector de la pesca y la acuicultura, define este delito como una práctica deliberada destinada a engañar a consumidores y mercados. Entre las modalidades identificadas se encuentran la sustitución de especies (por ejemplo, vender tilapia como pargo rojo), el etiquetado incorrecto sobre el origen o la sostenibilidad, el adulterado (como añadir colorantes para que el atún parezca más fresco) y la falsificación (creación de imitaciones de gambas con almidón). Según el documento, algunos estudios señalan que hasta el 30% de los productos del mar en restaurantes podrían estar mal etiquetados, con ejemplos citados en cevicherías de Latinoamérica, restaurantes de China y productos de atún enlatado en la Unión Europea.
Las consecuencias del fraude van más allá de un perjuicio económico para el consumidor. El informe advierte sobre riesgos para la salud, como intoxicaciones por consumir especies no aptas o por la recongelación de productos. También se señala que encubrir la sobreexplotación de cuotas pesqueras o la pesca ilegal compromete la biodiversidad marina y la sostenibilidad de los recursos.
En cuanto a motivaciones, se señala que el lucro económico es un motor central: por ejemplo, vender salmón del Atlántico criado en piscifactoría como si fuera salmón del Pacífico salvaje puede generar casi 10 dólares de ganancia por kilogramo. Otras prácticas mencionadas incluyen etiquetar como “local de Italia” un róbalo de piscifultura para obtener un precio mayor que el de peces originarios de Grecia o Turquía. El informe también menciona fraudes como el aumento de peso mediante la adición de agua.
Para enfrentar este fenómeno, la FAO recomienda fortalecer los sistemas de trazabilidad, armonizar los requisitos de etiquetado con nombres científicos y aplicar técnicas analíticas avanzadas, entre ellas el análisis de ADN, los isótopos estables y la resonancia magnética nuclear para determinar la especie y el origen geográfico. Se resalta el ejemplo de una iniciativa en Los Ángeles (Estados Unidos), donde una campaña educativa junto con pruebas aleatorias logró reducir el etiquetado incorrecto en dos tercios durante una década. Actualmente, la FAO y el Codex Alimentarius trabajan en el desarrollo de estándares internacionales para combatir este fraude, que exige prevención, aplicación de la ley y la participación del sector privado.








