Publicada el: 18 de febrero de 2026 :: 7:04 am

Cascarilla de Bahamas, planta amarga utilizada para endulzar productos en una isla de las Bahamas

Cascarilla de Bahamas, planta amarga utilizada para endulzar productos en una isla de las Bahamas

En Acklins, una isla del sureste de las Bahamas con menos de 1.000 habitantes, un grupo de isleños ha convertido una planta silvestre en un motor económico para la comunidad: la cascarilla, cuyo nombre científico es Croton eluteria. El aceite que contiene la corteza es el responsable del sabor amargo y herbal de bebidas como Campari, y la mayor parte de esa cascarilla para mercados globales se obtiene en estas islas.

Phillip Williamson, de 71 años, recoge desde niño la corteza de la planta en los matorrales de Acklins. Según cuenta, la actividad, conocida localmente como barking, ha sido históricamente una fuente de ingresos vital para familias de la zona, y él recuerda haberla vendido por 50 centavos la libra para pagar sus exámenes escolares cuando era niño. En los últimos años, la demanda mundial ha aumentado y el precio se ha multiplicado, pasando de 5 dólares por libra en 2023 a 15 dólares este año, según los residentes y agentes de la industria. Este incremento ha significado un salvavidas económico para una comunidad que depende del turismo y de economías históricamente menos dinámicas.

Pero el auge también plantea riesgos: sin regulaciones ni prácticas de sostenibilidad, la cascarilla podría agotarse y afectar la economía local. Los isleños advierten que, de no gestionarse adecuadamente, la planta podría perderse y con ella la posibilidad de prosperidad a largo plazo.

El proyecto de rescate comenzó en 2023, cuando la comunidad, con el apoyo del proyecto Islas Pino de Bahamas —financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial e implementado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA)—, creó la Cooperativa de Isleños de Acklins. Su primer logro fue romper un monopolio comercial que impidía que los beneficios permanecieran en la isla y, según sus líderes, fortaleció la economía local mediante formación en técnicas sostenibles, manejo de la planta y mejoras en el control de calidad, además de instalar invernaderos y equipos para extraer aceites esenciales.

Actualmente, la cooperativa, que agrupa a más de 300 miembros, busca ampliar su alcance: pretenden no solo exportar la corteza, sino producir ellos mismos el aceite esencial y desarrollar productos terminados como perfume o jabón. El objetivo inmediato es abrir la primera tienda de alimentos en Acklins para consolidar la venta local y el valor añadido. Según la directora del Departamento de Planificación y Protección Ambiental de Bahamas, Rhianna Neely-Murphy, la participación de la comunidad ha sido crucial y la prosperidad depende de conservar los recursos naturales para las futuras generaciones.

Williamson explica que el trabajo sostenible es clave: “Hay que hacerlo bien desde el principio. Al final, toda la isla se beneficiará”. El caso de Acklins refleja una preocupación global: mil millones de personas dependen de especies silvestres para vivir, mientras que la explotación insostenible amenaza a millones de especies. A nivel internacional, acuerdos como el Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal buscan proteger, restaurar y usar la naturaleza sin destruirla, una meta que, en este caso, se traduce en una apuesta local por una planta y un ecosistema que definen el sustento de la comunidad.