Publicada el: 23 de febrero de 2026 :: 6:54 am

Mujeres dan a luz sin perder la vida

Mujeres dan a luz sin perder la vida

Según datos de las Naciones Unidas, en 2023 murieron unas 260.000 mujeres en todo el mundo por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto, lo que equivale a más de 700 muertes al día. La inmensa mayoría de estos decesos ocurrieron en países de ingresos bajos y medianos, donde el acesso a servicios de salud materna es limitado o inexistente. Médicos Sin Fronteras (MSF) advierte que estas muertes no son inevitables y podrían prevenirse con una atención obstétrica oportuna y de calidad, y alerta de que los recortes en la financiación humanitaria podrían agravar la crisis.

El informe de MSF subraya que las mujeres embarazadas se encuentran entre las más vulnerables en contextos de guerra, desplazamiento forzado, violencia extrema o desastres naturales. En países como Nigeria, la República Centroafricana o Bangladesh, donde la organización opera, las dificultades para acceder a una atención médica que salve vidas son similares, pese a las distancias entre continentes.

En la República Centroafricana, la trabajadora Hermina acaba de dar a luz en el hospital de Batangafo, al norte del país. “Caminé desde las cinco hasta las nueve de la mañana. Tuve que venir sola”, comenta mientras acuna a su recién nacida. En esa región, algunas mujeres recorren hasta 100 kilómetros para recibir atención durante el embarazo o el parto.

En el norte de Nigeria, Murjanatu retrasó la búsqueda de atención médica por no poder asumir los costos, incluso de las consultas prenatales más básicas. “Si no tienes dinero, nadie te atiende”, afirma desde el hospital de Shinkafi, donde espera ser derivada para tratar una anemia grave. En Bangladesh, Sabera, refugiada rohingya en Cox’s Bazar, explica que a veces la única forma de llegar al hospital es vender objetos del hogar o endeudarse. “Algunos maridos permiten a sus esposas ir al hospital, pero otros no”, añade.

MSF identifica tres retrasos que, en conjunto, pueden resultar mortales: la decisión de buscar atención médica, la llegada a un centro de salud y recibir un tratamiento adecuado una vez allí. “La falta de centros de salud, las largas distancias, la inseguridad, la escasez de transporte y la carencia de personal y medicamentos hacen que llegar a tiempo sea, para muchas mujeres, casi imposible”, explica Nadine Karenzi, responsable médica de MSF en Batangafo. En algunos contextos, los centros de salud funcionan solo unas pocas horas al día o carecen de personal cualificado para emergencias obstétricas.

Además, factores sociales y culturales agravan la dificultad: “Una mujer puede estar sangrando o sufrir una complicación grave, pero no se le permite ir al hospital sin permiso de su marido”, señala Patience Otse, supervisora de matronas de MSF en Shinkafi. El estigma, las desigualdades de género y la falta de autonomía limitan la capacidad de las mujeres para decidir sobre su salud.

La organización también señala que el aborto no seguro sigue siendo una de las causas más ignoradas de mortalidad materna en estos contextos. “Tratamos regularmente a mujeres con complicaciones graves tras abortos practicados en condiciones insalubres”, afirma Raquel Vives, matrona y experta en salud sexual y reproductiva de MSF. “Las leyes restrictivas, el estigma y la falta de acceso a anticonceptivos empujan a las mujeres a asumir riesgos extremos”. Cuando no provoca la muerte, el aborto no seguro puede causar infertilidad y otros problemas de por vida.

La reducción de fondos para la ayuda humanitaria amenaza con agravar la crisis: “La mayoría de las muertes maternas podrían prevenirse con una atención adecuada y a tiempo”, sostiene Vives. “Reducir aún más los recursos disponibles solo aumentará el número de mujeres y recién nacidos que mueren por causas evitables”. MSF considera que prevenir estas muertes requiere inversión a largo plazo en atención prenatal, personal sanitario cualificado, sistemas de derivación, bancos de sangre y planificación familiar, aunque estos servicios esenciales no siempre son priorizados en las políticas públicas y la financiación.

La mortalidad materna refleja desigualdades más amplias que afectan la salud y los derechos de las mujeres. La muerte de una madre tiene profundas consecuencias para la familia y la comunidad; los bebés cuyas madres fallecen presentan un mayor riesgo de mortalidad en el primer mes y de desnutrición y falta de vacunas. Según Vives, la desigualdad de género sigue siendo un factor clave que limita el acceso a una atención segura y digna, subrayando la necesidad de un marco integral que aborde estas brechas.