Temperaturas de -20 °C, bombardeos y apagones constantes.
Desde el 24 de febrero de 2022, más de una instalación sanitaria al día ha sido dañada o destruida en Ucrania por los bombardeos, lo que suma más de 2.000 establecimientos afectados. A ello se suman los ataques contra la red energética, que han endurecido los inviernos y obligado a millones de personas a convivir con cortes recurrentes de electricidad, calefacción y agua corriente, según la organización humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF).
MSF señala que lleva trabajando en Ucrania desde 1999 y advierte que la falta de electricidad afecta directamente a hospitales y centros de salud, agravando problemas médicos preexistentes y limitando el acceso a la atención sanitaria. “Casas sin luz, calefacción ni agua cuando el termómetro marca –20 °C hacen que la vida sea simplemente imposible. Basta imaginar lo que significa regresar a casa tras una cirugía y encontrar el interior a varios grados bajo cero”, indicó Enrico Vallaperta, coordinador general de MSF en el este de Ucrania.
El frío extremo, atribuido a los repetidos ataques a infraestructuras energéticas, agrava vulnerabilidades ya profundas: personas mayores que viven solas, pacientes con enfermedades crónicas y familias desplazadas que sobreviven en alojamientos precarios. En las zonas cercanas al frente, comunidades enteras llegan a quedarse sin servicios básicos durante días o semanas.
Entre las historias que recoge MSF, se destaca la de Damir, un bebé de 2 meses que solo ha podido bañarse dos veces desde su nacimiento, una en el hospital y otra cuando la electricidad regresó brevemente. “Ahora usamos toallitas porque hace mucho frío. La habitación no llega a calentarse a tiempo para bañarlo. Tengo miedo de que mi hijo se resfríe”, comentó su madre al equipo de MSF.
Respecto a sus clínicas móviles, MSF indica que, solo en 2025, sus ambulancias realizaron 10.722 traslados de pacientes, en un 60% de los casos por heridas relacionadas con el conflicto. Entre 2022 y 2025, las clínicas móviles llevaron a cabo más de 370.000 consultas en zonas con acceso limitado o inexistente a la atención sanitaria, y en 2025 el número de pacientes atendidos se duplicó con respecto a 2024, al pasar de 4.327 a 9.500.
La organización subraya que no hay lugar seguro en Ucrania: según sus equipos, en una sola noche pueden lanzarse hasta 600 drones de largo alcance. MSF opera con 380 trabajadores humanitarios en el país y, desde junio de 2022, se ha visto obligada a abandonar siete hospitales en las regiones de Donetsk, Járkov y Dnipropetrovsk por el recrudecimiento de los combates; cuatro de ellos fueron destruidos.
En el ámbito de salud mental, MSF señala que el deterioro es palpable: entre 2022 y 2025 se realizaron más de 55.000 consultas psicológicas. Elena Butta, excoordinadora médica de MSF en Vinnytsia, explicó que “la mitad de los pacientes atendidos en el centro de salud mental ha recibido un diagnóstico de trastorno de estrés postraumático o depresión”, y añadió que las consecuencias del trauma afectan también a la cohesión social, las relaciones familiares y la capacidad de trabajar.
En Vinnytsia, el centro Vidnovlennia ofrece apoyo psicológico a veteranos, desplazados, supervivientes de cautiverio y civiles con traumas. Sus responsables destacan que el programa se organiza en torno a la psicoterapia, la psicoeducación y la reducción del estigma, así como la formación de organizaciones locales para fortalecer su autonomía.
Entre las historias personales, una refugiada de 67 años en Dnipro recordó el jardín que tenía antes de la invasión: “Teníamos manzanas, ciruelas, cerezas, peras y melocotones… Ahora mi hija cultiva flores, pero yo ya no tengo ganas de hacer nada”.








