Publicada el: 9 de junio de 2026 :: 6:45 am

Edmundo Rivero, el cantor que transformó la manera de interpretar

Edmundo Rivero, el cantor que transformó la manera de interpretar

El 8 de junio de 1911 nació en Valentín Alsina Edmundo Rivero, una de las figuras más singulares de la historia del tango. Cantor, guitarrista, compositor y difusor de la cultura popular, su voz grave rompió con los moldes de su época.

Durante décadas fue reconocido como uno de los grandes intérpretes de los tangos camperos, las milongas y las obras atravesadas por el lenguaje del arrabal. Su estilo se diferenció de las voces agudas que predominaban en las orquestas típicas de los años cuarenta y cincuenta.

Desde joven se interesó por la música. Aprendió guitarra y estudió canto mientras hacía distintos trabajos para ayudar a su familia. Su vínculo con el tango estuvo marcado por la tradición criolla y por las expresiones populares de los suburbios porteños.

En los años treinta comenzó a ganar notoriedad como guitarrista y cantante. Integró conjuntos folclóricos y participó en programas radiales, una plataforma clave para los artistas emergentes de entonces.

Su gran oportunidad llegó en 1944, cuando fue convocado por Aníbal Troilo. Junto a “Pichuco” permaneció durante más de una década y grabó interpretaciones que forman parte del patrimonio musical argentino.

Al principio, algunos empresarios y productores consideraban que su voz era demasiado grave para el público. Ocurrió lo contrario. Canciones como “Sur”, “La última curda”, “El último organito”, “Coplas” y “Barrio de tango” mostraron que había lugar para una interpretación más profunda y narrativa.

Con el tiempo, esa voz se volvió su marca registrada. Rivero quedó asociado al lunfardo y entendía que esas palabras, nacidas en los barrios populares, eran parte esencial de la identidad cultural argentina.

A lo largo de su carrera difundió numerosas obras con expresiones lunfardas y participó en iniciativas para preservar ese patrimonio lingüístico. Su repertorio recuperó personajes, paisajes y costumbres de la vida cotidiana de los sectores populares.

Entre las experiencias más singulares de su trayectoria figura su participación en el disco que reunió a Jorge Luis Borges y Astor Piazzolla en 1965. Rivero fue elegido para interpretar las milongas compuestas por Piazzolla sobre textos del escritor.

En 1969 cumplió uno de sus sueños: abrir El Viejo Almacén, en San Telmo, para preservar y difundir el tango. El espacio se convirtió en un punto de encuentro para músicos, poetas, periodistas y amantes de la cultura porteña.

Una de las anécdotas más recordadas cuenta que recibía personalmente a muchos visitantes extranjeros y les explicaba el significado de palabras lunfardas que aparecían en las canciones. Así se transformó en una suerte de embajador cultural de Buenos Aires.

Además de intérprete, Rivero dejó composiciones propias y una vasta discografía que sigue siendo objeto de estudio. Su figura representa el encuentro entre la tradición criolla, el tango urbano y la defensa de las expresiones populares argentinas.



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