De tiroteos a partidos de fútbol: la vida en primera línea del mantenimiento de la paz de la ONU
Los soldados senegaleses de la misión de paz de la ONU en la República Centroafricana, conocida por su sigla en francés, MINUSCA, fueron desplegados de inmediato para enfrentar a los atacantes.
“Los combates duraron varias horas en condiciones extremadamente difíciles”, recuerda el teniente coronel Gérald Aranda Assine, comandante del contingente senegalés. “Fue extremadamente exigente desde el punto de vista psicológico, físico, mental y moral”.
Los cascos azules, integrantes de una Fuerza de Reacción Rápida preparada para desplegarse en cualquier momento, ayudaron a las Fuerzas Armadas Centroafricanas a rechazar a los rebeldes. Con ello, impidieron que tomaran Zémio y permitieron que las elecciones se celebraran según lo previsto.
“Nuestros soldados mantuvieron sus posiciones”, afirma Assine. “Al mismo tiempo, lograron proteger los lugares donde se encontraban reunidos los refugiados”.
Trabajar como casco azul implica mucho más que una intervención militar. Las tareas pueden ir desde brindar atención médica gratuita hasta realizar patrullas y reunirse con líderes comunitarios.
En el oeste del país, donde el grupo armado Retour, Réclamation, Réhabilitation (3R) acordó desarmarse en 2025, los efectivos de paz reconstruyen vínculos entre personas divididas durante años por el conflicto.
Excombatientes de 3R y del Ejército oficial, junto con civiles, participan en actividades comunitarias e incluso juegan partidos de fútbol, algo que habría parecido impensable hace solo unos meses.
El contraste entre las exigencias que enfrentan estos efectivos obliga a prestar atención a su bienestar y salud mental. Assine explica que eso incluye actividades deportivas y culturales de forma regular, además de mantener vínculos estrechos con sus familias, incluso en las zonas más remotas.
“Ver a tus hijos y sonreírles, mostrándoles que todo está bien a pesar del difícil entorno en el que te encuentras, es extremadamente importante”, señala.
Los encuentros con la población local dan un rostro humano a la misión. Assine habló con un antiguo niño soldado que logró escapar de una zona controlada por grupos armados.
“Porque la Fuerza de Reacción Rápida está aquí, sé que mi vida no estará amenazada”, le dijo el muchacho. “Ahora sé que estaré a salvo”.
Gracias a la labor de MINUSCA, las escuelas de Zémio reabrieron y los operativos médicos se reanudaron. Los residentes que huyeron de la violencia están regresando y, con apoyo de la misión, el joven podrá volver a la escuela.
Para el comandante militar, momentos como ese dan sentido a la misión. Más allá de la intensidad de las operaciones, dice que recordará el valor del pueblo centroafricano.
“Me llevaré conmigo el coraje y la resiliencia de estas personas que aceptaron acoger a rebeldes que, no hace mucho tiempo, eran sus verdugos”, afirma. “Tienen una sola aspiración: el retorno definitivo de la paz”.
Mientras se prepara para abandonar la República Centroafricana, el comandante espera que la población recuerde a un contingente que buscó hacer más que garantizar un entorno seguro.
“La protección de los civiles ha estado realmente en el centro de nuestras acciones”, declara. “No hay misión más noble que ser un soldado al servicio de la paz, un soldado de las Naciones Unidas”.








