Publicada el: 12 de junio de 2026 :: 7:37 am

Trabajadores humanitarios enfrentan misiles y drones en Ucrania

Trabajadores humanitarios enfrentan misiles y drones en Ucrania

Una carretera que hoy es transitable puede no existir mañana. En el sur de Ucrania, los trabajadores humanitarios intentan llevar ayuda mientras se protegen de misiles, drones y minas cada vez más sofisticadas.

Una oficial de seguridad de la ONU en Odesa dice que el protocolo le da el 75% de las razones para rechazar una misión peligrosa. El otro 25% se lo reserva por las personas que esperan asistencia.

Con la invasión rusa a gran escala de Ucrania entrando en su quinto año, las condiciones en el sur del país se han deteriorado rápidamente. Mantener las operaciones humanitarias se ha vuelto un ejercicio cada vez más complejo.

Para Olga Scripovscaia, oficial de coordinación de seguridad sobre el terreno en Odesa, cada jornada empieza con la misma pregunta: “¿qué ha cambiado durante la noche?”.

Tras noches interrumpidas por alertas aéreas y ataques coordinados, las mañanas se dedican a revisar informes de incidentes, consultar actualizaciones de las autoridades locales y monitorear Odesa, Mikolaiv y Jersón.

“Siempre hay algo sucediendo aquí”, afirma. “Las cosas nunca están tranquilas”.

Scripovscaia trabaja con todas las agencias de la ONU que operan en el sur de Ucrania. Su tarea es evaluar si las misiones pueden avanzar con seguridad y asesorar sobre planes de movimiento, conceptos operativos y medidas de contingencia.

Su equipo monitorea las condiciones de seguridad las 24 horas, elabora informes rápidos después de los incidentes y hace recuentos de personal cada vez que se producen ataques.

“Una carretera que hoy es transitable puede no existir mañana”, explica.

Las condiciones sobre el terreno siguen cambiando. Según Scripovscaia, amenazas más sofisticadas, incluidas minas y drones de alta precisión, obligan a revisar de forma constante rutas y procedimientos.

Si una misión se planifica en una zona donde la situación ha empeorado, los equipos pueden cambiar de ruta o retrasar por completo el despliegue.

Procedente de un entorno militar, dice que la estructura sigue siendo esencial para gestionar el volumen de información y decisiones que atraviesa las operaciones de seguridad. Pero considera que su experiencia como mujer sobre el terreno también define su trabajo.

“Siendo mujer, quizá ves más allá del protocolo”, afirma. “Ves lágrimas. Ves emociones. Ves cosas más allá de los procedimientos”.

Esa perspectiva, señala, resulta especialmente importante antes de las misiones en entornos difíciles. Además de las sesiones informativas oficiales, pregunta a sus compañeros cómo se sienten, si están preparados, si comprenden los riesgos y si necesitan más información antes de salir.

Una de las partes más difíciles de su trabajo es apoyar el acceso humanitario a lugares donde la gente necesita ayuda con urgencia, pero las condiciones siguen siendo peligrosas. Describe un dilema recurrente entre la responsabilidad profesional y la necesidad humanitaria.

A veces, las agencias humanitarias intentan llegar a zonas donde los riesgos siguen siendo extremadamente altos y las redes de apoyo locales han desaparecido.

Para los equipos de seguridad, esas decisiones rara vez son simples.

“El protocolo me da quizás el 75% de las razones para decir que no”, afirma. “Pero aún guardo el 25% restante en mi corazón por esas personas”.

Cuando una misión no puede continuar, la conversación no termina ahí. El objetivo pasa a encontrar otra vía: cambiar de ruta, reevaluar las condiciones o identificar una ventana futura para el acceso.



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