Refugiados en Uganda convierten el deporte en oportunidad
Ve a jóvenes que, como él, llegaron a Uganda tras huir de la inseguridad en la República Democrática del Congo (RDC). Muchos intentan seguir estudiando, encontrar oportunidades y construir un futuro.
Stephane dice que sabe lo fácil que puede ser para los jóvenes refugiados perder el rumbo. “Al llegar aquí como refugiado, me encontré con muchos desafíos”, afirmó. “Vi lo fácil que es para un joven refugiado perder el control de su futuro”.
Para algunos, explicó, el reasentamiento en el extranjero puede parecer la única salida. Sin embargo, ese proceso puede tardar años, incluso décadas. Mientras tanto, muchos jóvenes quedan a la espera, con acceso limitado a educación, actividades o trabajo.
Esa reflexión llevó a Stephane y a sus compañeros de equipo a impulsar un cambio.
En 2020 fundó la Academia de Baloncesto para Refugiados (RBA, por sus siglas en inglés), una iniciativa que busca apoyar a jóvenes refugiados y marginados a través del deporte, la mentoría y la educación.
Utilizó la formación en emprendimiento que recibió a través de la Fundación Cosmo para convertir una pequeña idea en un programa que ha formado a más de 100 jugadores.
La academia organiza entrenamientos, torneos y sesiones de mentoría. También graba vídeos de los jugadores para ayudarles a conectar con escuelas y otras oportunidades.
Hasta ahora, dijo Stephane, siete jóvenes han recibido becas a través del programa.
Pero para él, el objetivo no es solo formar buenos atletas. “No solo formamos jugadores de baloncesto; formamos líderes”, afirmó.
Sus días son intensos. Se despierta temprano para entrenar, asiste a la universidad en Cavendish University, donde estudia gestión y emprendimiento, y vuelve más tarde a la cancha para seguir entrenando y orientando a jugadores más jóvenes.
Dice que la cancha ofrece estructura, confianza y un lugar para sentirse parte de algo. Para muchos niños y adolescentes refugiados que han vivido guerras o desplazamientos, el baloncesto también ofrece una rara sensación de calma.
“Cuando estamos aquí, sentimos paz”, dijo.
Stephane espera expandir la academia a otras comunidades y campos de refugiados en Uganda, para que más jóvenes puedan acceder a formación, mentoría y apoyo para seguir en la escuela.
También quiere que los jóvenes refugiados se vean de otra manera: no solo como personas que esperan ayuda, sino como personas con habilidades, ideas y futuros en los que vale la pena invertir.
“Estamos dejando nuestras casas”, dijo en referencia a los refugiados obligados a huir. “Pero llevamos el talento con nosotros”.
Apasionado por el liderazgo juvenil y el desarrollo sostenible, Stephane dice estar comprometido con contribuir a la Agenda 2030 a través del deporte, la educación, la capacitación y el acompañamiento.
De cara al Día Mundial de los Refugiados, su mensaje es claro: ser refugiado no debería significar el fin de los sueños de una persona. Para Stephane, la cancha de baloncesto es un lugar donde esos sueños pueden volver a empezar.








