Calor extremo, pausas para hidratarse y partidos más lentos: así afectará el cambio climático al Mundial 2026
Cinco de esos encuentros podrían alcanzar los 28 grados de temperatura de bulbo húmedo global (WBGT), nivel en el que los expertos recomiendan aplazar el partido.
La temperatura de bulbo húmedo no es la del aire habitual. Mide calor, humedad, radiación solar y viento para calcular el estrés térmico real sobre el cuerpo.
Por ejemplo, una temperatura del aire de 40 grados con un 30% de humedad equivale a unos 26 grados WBGT, el umbral a partir del cual el rendimiento empieza a resentirse.
El riesgo no es uniforme. Las ciudades del sur y el interior de Estados Unidos, así como las sedes mexicanas, están más expuestas.
Entre los recintos al aire libre, Miami, Kansas City y Filadelfia presentan una alta probabilidad de alcanzar niveles peligrosos.
Incluso sedes tradicionalmente más frescas, como Toronto y Vancouver, pueden sufrir olas de calor extremo. En 2021, una de ellas llegó a 49,6 grados en la región y causó más de 600 muertes.
El fútbol se vuelve más lento y conservador
El calor extremo no es solo una incomodidad: cambia el juego. Afecta al rendimiento y a la táctica.
Los jugadores presionan menos, esprintan menos, se recuperan más despacio y administran su energía de otra manera.
Casi la mitad de los partidos del Mundial tiene al menos un 50% de probabilidades de verse afectada por un calor que perjudique el rendimiento.
Además, 97 de los 104 encuentros programados afrontan una mayor probabilidad de condiciones limitantes por el cambio climático.
El Mundial de Clubes de 2025 sirvió como advertencia.
Un estudio revisado por pares, basado en 57 partidos y 1.070 observaciones de jugadores, reveló que la temperatura media de bulbo húmedo superó los 28 grados en 31 encuentros.
Eso expuso a los futbolistas a un riesgo extremo de enfermedades relacionadas con el calor.
Durante esos partidos, periodistas, aficionados e incluso un árbitro asistente sufrieron desmayos. Los suplentes permanecieron en el vestuario y varios jugadores pidieron ser sustituidos.
El estudio también mostró que temperaturas del aire y niveles de humedad más altos se correlacionan con una menor distancia recorrida por los jugadores, incluso a distintas velocidades.
En otras palabras: más calor equivale a un fútbol más cauteloso, con menos presión, menos transiciones y decisiones más conservadoras.
Los aficionados, más expuestos que los jugadores
Mientras los jugadores cuentan con personal médico, pausas para hidratarse y chalecos de hielo, los aficionados suelen quedar más desprotegidos.
De las 16 sedes del Mundial, solo tres disponen de aire acondicionado.
Pero incluso con el estadio refrigerado, el peligro no desaparece. Las zonas de aficionados, las colas de acceso, los aparcamientos, los trayectos y las celebraciones al aire libre pueden exponer a las personas a calor peligroso durante horas.
El aire acondicionado, advierte el informe, no resuelve todo el problema.
«El calor formará así parte de la historia del torneo, tanto en el terreno de juego como en las gradas, en los alrededores de los estadios y en todas las ciudades anfitrionas», advierte el informe de ONU Cambio Climático.
El futuro será aún más caluroso
La proyección es más preocupante. Para 2050, se prevé que 14 de los 16 estadios sede del Mundial afronten condiciones de calor extremo inseguras sin medidas de adaptación.
En 11 de esos recintos, el calor podría hacer «imposible jugar», es decir, no se podrían celebrar partidos de forma segura sin cambios importantes en la infraestructura o la programación.
No se trata solo del fútbol de élite. Los campos de fútbol base, con menos recursos para sombra, drenaje, refrigeración o gestión del agua, están aún más expuestos.
Dejar de quemar carbón, petróleo y gas salvará el fútbol
El secretario ejecutivo de ONU Cambio Climático, Simon Stiell, lanzó un mensaje directo durante la presentación de la campaña: «El planeta se está calentando tras más de un siglo quemando combustibles fósiles. Eso atrapa el calor en la atmósfera. Y ahora lo estamos notando, en todas partes».
Stiell insistió en que la adaptación por sí sola no basta. «El fútbol se está adaptando con pausas para refrescarse, protocolos contra el calor y una mejor planificación. Pero reducir la contaminación por combustibles fósiles —carbón, petróleo y gas— es lo que mejor protege el futuro del fútbol», afirmó.
Y concluyó con un llamamiento a la afición: «El deporte es la mayor fuerza unificadora del mundo. Si las personas que aman el fútbol alzan la voz para protegerlo del calor extremo, esto supondrá un punto de inflexión. Porque no se trata solo de salvar el deporte. Se trata de proteger el mundo del que depende el deporte, del que todos dependemos».








