Venezuela recibe 47 toneladas de ayuda en medio de réplicas, desplazamiento y presión hospitalaria
El envío salió de una reserva humanitaria de la Unión Europea en Copenhague e incluye equipos médicos para atención urgente, partos seguros y cuidado de recién nacidos. También contiene sistemas para purificar y almacenar agua, tiendas, sillas de ruedas, otros dispositivos de movilidad y materiales recreativos.
Junto con otro envío regional que llegó desde Panamá el 28 de junio, los suministros permitirán asistir durante tres meses a más de 100.000 niños y sus familiares. UNICEF calcula que unos 680.000 menores necesitan ayuda humanitaria en las zonas afectadas.
La agencia ha movilizado 3,5 millones de dólares de sus fondos de emergencia para acelerar el despliegue inicial de suministros y personal. Además, estima que necesita 52 millones de dólares para responder a la emergencia.
“Las familias de los estados afectados necesitan urgentemente agua segura y acceso a atención sanitaria. Muchas duermen al aire libre por miedo a nuevas réplicas”, declaró Roberto Benes, director regional de UNICEF para América Latina y el Caribe.
Desde los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 del 24 de junio, las autoridades han registrado más de 600 movimientos sísmicos adicionales. Las operaciones de búsqueda y rescate continúan en los lugares más golpeados.
Según las autoridades venezolanas, 6.461 personas han sido rescatadas de los escombros. También se reportan al menos 1.943 muertos, 10.571 heridos y más de 15.800 desplazados.
Al menos 855 edificios han resultado afectados y más de 2.500 infraestructuras han sufrido daños, incluidos 38 hospitales.
En La Guaira, el estado más afectado, escasean los alimentos y persisten los cortes de servicios básicos, agua y comunicaciones, informó este martes en Ginebra la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR.
Una evaluación rápida realizada los días 26 y 27 de junio en La Guaira, el Distrito Capital y los estados Miranda, Aragua y Carabobo mostró un aumento acelerado de las necesidades humanitarias y de protección. Muchas familias han abandonado sus casas o no pueden regresar por los daños y el temor a nuevas réplicas.
El 75% de las personas consultadas reportó heridos en sus comunidades y el 56% indicó que se habían producido muertes. La mitad se alojaba con familiares o vecinos, mientras que el 39% permanecía en calles, espacios públicos, iglesias, escuelas u otras instalaciones improvisadas.
El 17% informó de niños no acompañados o separados de sus familias. Las personas mayores y las personas con discapacidad afrontan riesgos adicionales por su movilidad limitada y las dificultades para acceder a información digital.
ACNUR advirtió que muchos de esos refugios no cumplen las condiciones mínimas de privacidad, higiene, seguridad y comodidad.
La presencia de niños no acompañados o separados de sus familias se ha convertido en una de las principales alertas de protección tras los terremotos. Ante ese riesgo, el grupo de protección coordinado por ACNUR lanzó una campaña para identificarlos, prevenir nuevas separaciones, localizar a sus familiares y garantizar su seguridad.
La agencia también apoya a las autoridades con herramientas para recopilar y gestionar de forma segura la información sobre las personas afectadas, detectar necesidades específicas y remitir los casos más vulnerables a los servicios adecuados.
Los daños en hospitales y centros médicos agravan la crisis. La Organización Panamericana de la Salud, oficina regional de la Organización Mundial de la Salud, alertó de que los servicios sanitarios trabajan por encima de su capacidad ante el elevado número de heridos y las afectaciones a la infraestructura.
La crisis se agrava porque varios trabajadores de salud de La Guaira siguen desaparecidos, entre ellos la persona responsable de coordinar la atención materna en la zona. Su ausencia ha dejado un vacío crítico en los servicios obstétricos.
Una revisión de 21 establecimientos de salud en Caracas, La Guaira, Miranda y Falcón reveló que tres están en condiciones críticas y seis presentan daños estructurales o funcionan solo parcialmente. Los demás continúan operativos, pero bajo una presión considerable.
Los equipos médicos enfrentan hacinamiento, demoras acumuladas en cirugías, sobre todo de traumatología, ortopedia y neurocirugía, fallas en las medidas de bioseguridad y personal exhausto. También se han detectado dificultades en los servicios forenses y de morgues, así como en el registro de víctimas y la localización de personas desaparecidas.
La interrupción de los servicios de agua, saneamiento y salud, junto con el desplazamiento de la población y una cobertura de vacunación limitada antes del desastre, eleva el riesgo de enfermedades como sarampión, difteria y tosferina. También preocupan posibles brotes de dengue, chikunguña, zika, malaria y enfermedades transmitidas por agua contaminada, especialmente en los refugios temporales.








