Un viaje de 30 km para tratar la desnutrición en Somalia
Era la primera vez que Adegey lograba llevar a uno de sus cinco hijos a un centro de salud. Antes, intentó tratar a la niña en casa con remedios espirituales y hierbas, pero no mejoró.
“Intenté tratarla espiritualmente y probé varios remedios herbales, pero no mejoró, por eso decidí traerla aquí”, explica.
En Baidoa, el centro de alimentación terapéutica para pacientes hospitalizados del Hospital Regional de Bay, apoyado por Médicos Sin Fronteras (MSF), está desbordado. Fue construido para 50 camas, luego ampliado a 125, y ahora atiende a 156 niños ingresados con desnutrición aguda grave complicada.
Los ingresos aumentaron de forma pronunciada en 2026, al pasar de 287 en marzo a 572 en abril, y se mantuvieron elevados con 535 en mayo. Los programas de detección activa de los últimos tres meses identificaron desnutrición aguda en el 49% de los menores de 5 años.
“Desde que traje a mi hija aquí ha mejorado mucho y no he visto que su enfermedad se complique ni empeore”, afirma Adegey sobre la niña, que padecía desnutrición aguda grave.
La mujer recorrió los unos 30 kilómetros que separan su pueblo de Baidoa con su hija en brazos, a la que aún amamanta. La niña había presentado fiebre alta, dolores corporales e inflamación.
Durante semanas, Adegey intentó tratarla en casa con medicina tradicional antes de decidirse a ir al hospital. Había oído que otros niños mejoraban tras recibir atención médica y, al ver que su hija no se recuperaba, emprendió el viaje.
“Había oído que en el hospital la gente se cura, pero esta es la primera vez en mi vida que visito uno”, cuenta.
Antes de llegar a Baidoa, la familia ya sufría las consecuencias de la sequía. Adegey explica que antes cultivaba la tierra y recogía leña en su aldea, pero dos años consecutivos de escasas lluvias dejaron las cosechas en cero.
Sin productos del campo, la familia pasó a depender de trabajos ocasionales y de cualquier medio de subsistencia disponible. “Hemos sufrido dos años consecutivos de sequía y no se pudo recoger ninguna cosecha”, explica.
“Ahora ya no queda nada que obtener de las tierras, así que no nos queda otra opción que buscar trabajos ocasionales”.
La familia ya no recibe ningún tipo de asistencia. Adegey dice que la última ayuda llegó hace un año, cuando varias organizaciones les entregaron raciones de alimentos y transferencias de dinero mediante tarjetas SIM.
Desde entonces, no han vuelto a recibir apoyo. En Baidoa, la pérdida de asistencia forma parte de un deterioro más amplio: la ayuda alimentaria y las transferencias económicas casi han desaparecido mientras aumenta el número de niños que llegan a los centros de salud con desnutrición grave.
Los equipos de MSF en Baidoa amplían la atención hospitalaria y los programas móviles de tratamiento ante el crecimiento de las necesidades. A principios de junio de 2026, cerca de 6.000 niños con desnutrición aguda moderada o grave estaban inscritos en programas móviles de alimentación terapéutica.
A ello se sumaba la atención hospitalaria para los menores en estado crítico. Aun así, muchas familias siguen llegando demasiado tarde, después de intentar tratar la enfermedad en casa y agotar los pocos recursos disponibles.
“Lo único que pido ahora es que mi hija pueda seguir recibiendo la atención médica que está recibiendo para que se recupere por completo”, concluye.








