Mozambique: concluye la emergencia por desplazamiento masivo en Chiúre
Entre el 24 de julio y el 3 de agosto, un desplazamiento masivo de personas, principalmente hacia la localidad de Chiure, fue registrado tras una serie de ataques de grupos armados no estatales. Según la Organización Internacional para las Migraciones, la provincia de Cabo Delgado tenía alrededor de 425.000 personas desplazadas en ese periodo.
El sistema de salud del distrito de Chiure, ya debilitado por casi ocho años de conflicto y ciclones, no pudo hacer frente a la repentina afluencia. De los 16 centros de salud del distrito, solo cinco estaban plenamente operativos. En respuesta, entre el 31 de julio y el 5 de septiembre, Médicos Sin Fronteras (MSF) desplegó clínicas móviles en campamentos de tránsito, en coordinación con el Ministerio de Salud, y realizó más de 4.500 consultas médicas a adultos y niños. Los equipos de MSF trataron casos de malaria, desnutrición, enfermedades cutáneas, respiratorias y diarreicas, y ofrecieron consultas prenatales a mujeres embarazadas, muchas de las cuales recibían atención por primera vez debido a la inaccesibilidad o no funcionamiento de los centros de salud en sus aldeas de origen.
MSF suministró 885.000 litros de agua potable, instaló 10 letrinas y construyó 10 duchas y puntos de lavado de manos para prevenir brotes transmitidos por el agua. También se realizaron sesiones grupales de salud mental para 4.000 personas. “Cuando llegamos, la situación era muy caótica”, recuerda Ana Mafalda, responsable de actividades de enfermería de MSF. “La gente estaba dispersa entre diferentes campos de tránsito, buscando desesperadamente a sus familiares. En el punto álgido, realizamos más de 100 consultas diarias solo para pacientes adultos, lo que significaba que teníamos poco tiempo para cada paciente”.
Las acciones se centraron inicialmente en los campos de tránsito de Namissiri y Micone y, posteriormente, en Maningane y Megaruma, donde se reubicaron las personas desplazadas. Hacia finales de agosto, las familias comenzaron a regresar a sus pueblos de origen o fueron trasladadas desde los campos temporales a centros de reasentamiento regulares en Chiure. “Algunas de las personas que siguen allí temen no poder regresar nunca a su casa. Otras intentan regresar solo para comprobar cómo están sus hogares y pertenencias, o para cosechar verduras en sus huertos para tener algo que comer”, indicó Mafalda. “La gente vive en un estado permanente de incertidumbre e inseguridad”.
Aunque la situación en Chiure se ha calmado por el momento, Cabo Delgado continúa sufriendo ataques. A principios de septiembre, la violencia en la ciudad costera de Mocímboa da Praia provocó varias muertes y desplazó a cientos de personas hacia Mueda y otras aldeas del interior; la magnitud de este desplazamiento aún no está clara y exige monitorización constante.
“Dar asistencia médico-humanitaria adecuada en este contexto tan volátil es cada vez más difícil”, señaló Sebastián Traficante, responsable de operaciones de MSF en Mozambique. “La inseguridad y los ataques suelen interrumpir la atención médica en algunas zonas y generar nuevos desplazamientos en otras, desbordando los sistemas locales. Esta crisis de larga duración está lejos de terminar y es crucial que las organizaciones humanitarias mantengan la capacidad de responder de forma rápida y coordinada a las necesidades emergentes”.








