Cómo descubrí mi vocación humanitaria
La mediadora cultural de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Reynosa y Matamoros, Bárbara Bazile, narra una trayectoria que se inició tras el terremoto de 2010 en Haití y que la llevó a vincularse con el trabajo humanitario. En su relato, Bazile describe cómo, aquel 12 de enero de 2010, el país enfrentó un sismo devastador que dejó entre 200 y 300.000 personas fallecidas y marcó un antes y un después en su vida, cuando, refugiándose junto a su familia, presenció el colapso de viviendas y la llegada de los primeros supervivientes. Según ella, ese momento fue decisivo para comprender la magnitud de la emergencia y la necesidad de apoyo humanitario inmediato.
Con el paso de los días, Bazile relata que el país quedó aislado: los teléfonos dejaron de funcionar, no había transporte y las personas dormían al aire libre. En ese contexto descubrió el mundo humanitario y, desde entonces, supo que en algún momento formaría parte de él. Indica que organizaciones como MSF se movilizaron para brindar atención médica a los más necesitados y que, pese a no conocer previamente la logística de la ayuda, entendió rápidamente su importancia. Bazile señala que permaneció en la departamento de Artibonite durante más de un año para continuar sus estudios y luego descubrió el derecho humanitario internacional, lo que la llevó a centrarse en esta disciplina y a realizar una tesis sobre la atención que presta MSF a los haitianos.
Tras trasladarse a México, explica que dejó de lado ese mundo para concentrarse en sus estudios, pero el azar le dio otra oportunidad: un amigo recibió una vacante en MSF para traductor cualificado y se lo envió. Aunque dudó, terminó postulándose a última hora y, tras una prueba y una entrevista, comenzó su labor. Bazile afirma que, hoy, su trabajo no se limita a traducir sino a actuar como mediadora entre los profesionales de MSF y la población haitiana, así como con personas de otros países que atraviesan México para buscar una vida mejor.
En su función, Bazile subraya que ser mediadora intercultural implica garantizar la comprensión mutua y la fluidez en la comunicación, una responsabilidad que asume con precisión. Reconoce haber descubierto una vocación y una comunidad a la que dedicar su labor, destacando que, desde los 13 años, se sintió atraída por el mundo humanitario y que ahora forma parte de él, colaborando para que las personas a las que sirve MSF reciban atención adecuada y humana.








