Declaración: «Compartimos el mismo dolor»
En Ammán, Jordania, dos pacientes de un programa de MSF (Médicos Sin Fronteras) en un hospital para refugiados forman una amistad que acompaña su rehabilitación: Iyad, un palestino de 17 años, y Hossam, un iraquí de 21, participan en sesiones de fisioterapia y encuentran apoyo mutuo durante su tratamiento por lesiones causadas por conflictos en sus países.
Según la narración de los pacientes y el equipo médico, Iyad resultó gravemente herido tras recibir un disparo en la parte posterior del muslo mientras buscaba comida en un campo de refugiados de Gaza. La bala afectó nervios de la pierna, lo que dejó a Iyad sin sensibilidad en la parte inferior de la pierna, el pie y el tobillo. Tras intervenciones en Gaza y un traslado a Egipto para tratamiento, fue llevado a Ammán para una cirugía reconstructiva y terapia diaria de rehabilitación durante casi un año. Hossam, por su parte, tenía nueve años cuando sufrió quemaduras por una explosión en Samarra, Irak, y ha pasado por múltiples cirugías y sesiones de rehabilitación desde que llegó al programa de MSF en 2019.
El equipo de MSF explica que el apoyo social entre los pacientes es clave para afrontar la depresión, el estrés postraumático y la ansiedad asociados a estas lesiones. Mahmood, psicólogo clínico del programa, señala que los pacientes provienen de zonas de conflicto de Oriente Medio y a menudo llegan sin familiares, o con cuidadores, para recibir tratamientos que no están disponibles en sus lugares de origen. En ese contexto, la relación entre Iyad y Hossam se describe como un elemento de contención y motivación durante el proceso de rehabilitación, que incluye también actividades fuera de la fisioterapia, como fútbol, comidas compartidas y sesiones de esparcimiento.
La experiencia de Iyad, que se inició con una movilidad limitada y ha evolucionado hacia una marcha independiente (aunque sin recuperación total de la sensibilidad en la pierna afectada), contrasta con las circunstancias de Hossam, cuyo futuro está marcado por la necesidad de años de tratamiento para mejorar la movilidad y reducir las cicatrices, además de sueños quedados en suspenso, como la posibilidad de estudiar o proseguir una carrera profesional. En palabras de ambos y del personal médico, la red de apoyo entre pacientes sirve para “normalizar” sus sentimientos y fortalecer la resiliencia frente a un tratamiento prolongado y a la separación de sus hogares.
El programa de MSF indica que la mayoría de los pacientes requieren intervenciones quirúrgicas múltiples y rehabilitación extensa, lo que implica estancias prolongadas lejos de sus familias. A la hora de considerar el futuro, los pacientes contemplan, según el equipo, nuevas perspectivas y la posibilidad de reunirse con familiares o amigos en sus países de origen. El cierre de la experiencia, según Iyad, no es rendirse, sino continuar apoyándose mutuamente para avanzar en su recuperación y, cuando sea posible, reencontrarse en sus respectivos países. El equipo de MSF añade que, más allá de la cirugía, la recuperación de estas víctimas de la guerra incluye aspectos psicosociales y de integración que influyen en su bienestar general y en su calidad de vida.








