Los clubes juveniles ajustan sus enfoques en la lucha contra el VIH/sida
En la República Democrática del Congo, la población joven —con más de la mitad menor de 20 años— enfrenta una alta exposición al VIH. En 2024 se registraron 15.000 casos entre personas menores de 25 años, de ellos más de 9.000 tenían menos de 15, principalmente por deficiencias en la prevención de la transmisión de madre a hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia.
Según la coordinadora médica del proyecto de VIH en Kinshasa, Gisèle Mucinya, pese a los avances persisten obstáculos para la juventud: desde la falta de pruebas y el costo de las pruebas voluntarias, hasta una normativa que exige la presencia de un padre o tutor para que los menores accedan a una prueba, sumado a la carencia de información, incluso en escuelas. También señaló que, junto con la PTMI insuficiente, el tratamiento pediátrico es limitado y el acceso a pruebas continúa restringido.
En el Centro Hospitalario de Kabinda, un centro especializado en VIH en Kinshasa, 489 pacientes en tratamiento son menores de 25 años, entre ellos 344 con menos de 18. Raïssa, de 22 años, relata haber conocido su estado a los 15 años y haber sufrido estigmatización y marginación familiar, lo que dificultó su vida social y su adherencia al tratamiento. Su testimonio ejemplifica la doble carga que enfrentan muchos adolescentes: la enfermedad y el estigma, que a menudo deriva en aislamiento y abandono de la medicación.
Frente a esta realidad, MSF y la asociación Jeunesse Espoir lanzaron en 2019 una iniciativa denominada clubes juveniles. El objetivo es ofrecer a adolescentes y jóvenes adultos que viven con VIH un espacio seguro y confidencial, vinculado a una atención sanitaria formal, para reunirse, compartir experiencias y apoyarse mutuamente. La doctora Pulchérie Ditondo, responsable de las actividades médicas comunitarias de MSF en Kinshasa, describe el modelo como eficaz, pues promueve la motivación y la participación de los propios jóvenes en su salud. Actualmente participan 83 jóvenes de 12 a 25 años en cuatro distritos de Kinshasa, con un componente educativo para reducir riesgos y fortalecer el tratamiento.
Los clubes no solo realizan seguimiento médico; también funcionan como espacios de escucha y aprendizaje sobre salud sexual y reproductiva. Los participantes describen el club como una “familia” que ayuda a aceptar la condición y a vivir sin vergüenza. Algunos integrantes se han convertido en facilitadores o promotores comunitarios, apoyando pruebas y promoviendo la adherencia al tratamiento.
Una evaluación operativa realizada en 2024 indica que el modelo contribuye a mantener la adherencia al tratamiento y a prevenir formas avanzadas de la enfermedad, con resultados de carga viral suprimida alrededor del 80% entre los participantes ese año, frente al 71% registrado en 2019. A pesar del éxito, la continuidad de estos clubes depende de la financiación nacional e internacional para el VIH en la RDC, ya que los recursos han sido insuficientes y han experimentado recortes, afectando programas como PEPFAR y el Fondo Global. En este contexto, MSF y sus socios llaman a integrar iniciativas de bajo costo y alto impacto a las estrategias nacionales de VIH/sida.
Raïssa enfatiza el deseo de ampliar el modelo a todo el país: “Donde haya jóvenes que vivan con VIH, deberían disponer de este espacio para reducir el estigma y la mortalidad.”








