Kirguistán obtiene por primera vez un asiento en el Consejo de Seguridad
Austria y Portugal obtuvieron los dos asientos reservados al grupo de Estados de Europa Occidental. Trinidad y Tobago y Zimbabue fueron elegidos por el Grupo de América Latina y el Caribe y el Grupo Africano, respectivamente.
Kirguistán ganó el asiento de Asia-Pacífico tras imponerse a Filipinas en cuatro rondas de votación. En la primera, Kirguistán lideró con 105 votos frente a los 85 de Filipinas.
Portugal y Austria se impusieron desde la primera ronda, con 134 y 131 votos, respectivamente, por encima de la mayoría de dos tercios requerida. Alemania quedó eliminada tras recibir 104 apoyos.
En América Latina y el Caribe, Trinidad y Tobago obtuvo 181 votos, mientras que Guyana recibió uno pese a no ser candidata. Zimbabue, el único aspirante africano, consiguió 182 votos.
En la cuarta ronda, Kirguistán venció por 142 a 49. La elección marca la primera vez que el país ocupará un asiento en el Consejo de Seguridad desde que ingresó en la ONU en 1992.
Los delegados de la misión kirguisa aplaudieron y celebraron durante varios minutos en el Salón de la Asamblea General al conocerse el resultado.
Austria y Portugal ya habían ocupado el Consejo en tres ocasiones cada uno, Zimbabue dos veces y Trinidad y Tobago una vez.
El Consejo de Seguridad está formado por 15 miembros: cinco permanentes —China, Francia, Rusia, Reino Unido y Estados Unidos— con poder de veto, y 10 no permanentes elegidos por mandatos escalonados de dos años.
Los escaños se distribuyen entre grupos regionales para garantizar la representación geográfica. Los cinco países elegidos sustituirán a Dinamarca, Grecia, Pakistán, Panamá y Somalia cuando sus mandatos concluyan a finales de 2026.
Baréin, Colombia, la República Democrática del Congo, Letonia y Liberia permanecerán en el Consejo hasta finales de 2027.
Los nuevos miembros llegarán al órgano en un momento de fuertes tensiones. Las rivalidades geopolíticas entre las principales potencias, en especial las cinco permanentes, han condicionado cada vez más su trabajo.
Las divisiones sobre conflictos como Ucrania y Gaza han llevado al estancamiento en varias ocasiones. El uso del veto también ha frenado acuerdos sobre resoluciones relacionadas con crisis importantes.
El Consejo afronta además crecientes llamados a la reforma. Dirigentes de la ONU y de distintos países sostienen que su composición ya no refleja las realidades geopolíticas actuales.
António Guterres, secretario general de la ONU, ha advertido repetidamente que las instituciones internacionales siguen “atrapadas en el mundo de 1945, no en el mundo de hoy”, incluido el Consejo de Seguridad.
Los países africanos han sido de los defensores más firmes del cambio. Argumentan que un continente con 54 Estados miembros sigue subrepresentado en las estructuras permanentes de decisión del Consejo.
También han aumentado los reclamos de mayor representación para los países en desarrollo en general. El poder de veto, que permite a cualquier miembro permanente bloquear una decisión, está bajo un escrutinio creciente.
Desde 2022, un mandato de la Asamblea General obliga a reunirse cada vez que se ejerce un veto en el Consejo de Seguridad. Eso permite a toda la membresía de la ONU debatir su uso.
Aunque los miembros no permanentes no tienen derecho de veto, pueden influir en las negociaciones, formar coaliciones y promover temas de interés para sus regiones y para la comunidad internacional.
Creado en virtud de la Carta de la ONU, el Consejo de Seguridad tiene la responsabilidad principal del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales.
A diferencia de las resoluciones de la Asamblea General, que por lo general no son vinculantes, las decisiones del Consejo adoptadas bajo la Carta pueden tener fuerza legal para todos los Estados miembros.
El Consejo puede imponer sanciones, autorizar misiones de paz, establecer tribunales internacionales y, en circunstancias excepcionales, autorizar el uso de la fuerza.
Gran parte de su trabajo se desarrolla alrededor de su mesa en forma de herradura en la sede de la ONU en Nueva York. Aunque las sesiones públicas atraen atención global, muchas de las decisiones más importantes se toman a puerta cerrada, en consultas y negociaciones entre sus miembros.








