Los recortes de la ayuda obligan al cierre masivo de centros médicos en Sudán
Médicos Sin Fronteras advirtió de que la retirada de apoyo a una emergencia que ya sufría una falta crónica de financiación priva a la población de atención sanitaria vital y lleva al límite a los pocos hospitales que siguen funcionando.
En vísperas de la Asamblea General de la ONU, la organización pidió a los gobiernos y a los donantes institucionales que protejan la financiación de los servicios sanitarios esenciales en Sudán y aporten fondos transitorios flexibles allí donde los centros corran riesgo de cierre.
La salida de organizaciones humanitarias ha dejado a las clínicas locales sin dinero ni medicamentos para operar. Para los pacientes, eso implica viajes largos y peligrosos solo para recibir tratamiento, mientras los hospitales que siguen abiertos absorben el exceso de demanda.
Entre enero y abril de 2026, los ingresos en los centros apoyados por MSF en Zalingei y Rokero aumentaron un 22,5% respecto al mismo periodo del año anterior. Solo en mayo, los donantes internacionales retiraron su apoyo a más de 45 centros de atención sanitaria general en Darfur Central.
“La guerra está agravando las necesidades de Sudán; los recortes de financiación están reduciendo la respuesta”, afirmó Muhammad Ibrahim, coordinador general de MSF en Sudán. “El trabajo de MSF en Sudán se financia con fondos privados”.
“Pero cuando desaparece la financiación de otros servicios sanitarios, las clínicas cierran, los pacientes tienen menos lugares a los que acudir y la presión recae sobre los centros que permanecen abiertos, incluidos los nuestros”, añadió.
En el campo de Tenedba, en Gedaref, donde viven 18.400 refugiados, la repentina marcha de una organización humanitaria en junio obligó a cerrar las salas de maternidad y cirugía del campamento. Las embarazadas que necesitan cesáreas deben ahora viajar tres horas hasta la ciudad más cercana.
MSF intervino para gestionar la sala de urgencias del lugar hasta finales de 2026.
En 2021, unas 35 organizaciones humanitarias trabajaban en el campo de Um Rakuba y sus alrededores, también en Gedaref. Ahora quedan menos de 10. El campamento alberga a unos 17.000 refugiados, en su mayoría mujeres, niños y niñas.
“Nuestro hospital de Um Rakuba es ahora el único salvavidas que les queda tanto a los refugiados como a la comunidad sudanesa local”, dijo Fabrizio Locuratolo, responsable de Asuntos Humanitarios de MSF.
“Pero los recortes aquí van mucho más allá de la atención sanitaria. Las raciones de comida se están reduciendo y los programas de protección se están desmantelando”, añadió. “Eso elimina las últimas redes de seguridad y deja a los refugiados completamente desprotegidos”.
Tras el anuncio del Gobierno de EE. UU. del cierre de USAID en 2025, los fondos destinados a numerosas organizaciones que recibían financiación para trabajar en Sudán finalizaron en junio de este año. Aunque EE. UU. sigue siendo el principal donante en Sudán a través de financiación para la OCHA y otras organizaciones, muchos proveedores sanitarios no encontraron alternativas y cerraron centros en todo el país.
Al mismo tiempo, varios gobiernos europeos también redujeron su ayuda a la población sudanesa. Los presupuestos de ayuda europeos y multilaterales se están recortando en todo el mundo.
Los datos preliminares de la OCDE muestran que la ayuda de las instituciones de la UE cayó un 13,8% en 2025, mientras varios grandes donantes europeos redujeron también sus fondos. A escala global, la ayuda humanitaria bajó un 35,8%.
Esas cifras no reflejan recortes equivalentes en Sudán, donde algunos donantes europeos mantuvieron o aumentaron su apoyo. Sin embargo, apuntan a un entorno internacional de financiación en fuerte contracción.
En Sudán, esa contracción agrava una crisis sanitaria ya grave, donde la retirada de fondos específicos y el cierre de programas reducen el acceso a la asistencia.
“Cerrar una clínica no hace que desaparezca ni a un solo paciente, solo los envía al centro más cercano”, explicó Sebastián Traficante, coordinador de emergencias de MSF en Darfur.
“Tras un viaje más largo y costoso, los pacientes suelen llegar en un estado mucho más grave, y es posible que el hospital ya esté lleno. MSF puede reforzar algunos servicios, pero no puede absorber todos los cierres”, añadió.
En el campo de desplazados de Hamidiya, en Darfur Central, un centro de salud que antes ofrecía atención materna, pediátrica y de salud mental funciona ahora con una capacidad muy reducida después de que una organización de ayuda internacional dejara de prestarle apoyo. Las visitas diarias cayeron de 200 a apenas 40 y se suspendieron las vacunaciones.
Ese descenso no significa que la población esté más sana. Simplemente ha dejado de desplazarse hasta un centro que ya no puede atenderla.
Un jornalero en Darfur gana aproximadamente 1 dólar al día. Por eso, los 2 dólares que cuesta el transporte hasta una clínica en funcionamiento equivalen a unos dos días de salario y obligan a elegir entre la asistencia sanitaria y la comida.
“Con ese dinero podríamos comprar alimentos”, dijo un paciente a MSF. “Si no hay comida, no puede haber salud”.
Pese a la presencia de unas 50 ONG en Tawila, persisten carencias críticas para hasta 600.000 personas desplazadas. MSF gestiona el único hospital de la zona, con 200 camas, y es la única organización con capacidad para organizar una respuesta a gran escala ante una epidemia.
Los casos de malaria y desnutrición ya están aumentando, pese a las escasas precipitaciones y antes incluso del pico de la temporada de lluvias. MSF prevé que las cifras suban a medida que las lluvias se intensifiquen.
En agosto, sus equipos ingresaron a 191 niños y niñas menores de cinco años con desnutrición grave en su centro de alimentación terapéutica para pacientes hospitalizados, y casi el 22% también dio positivo en las pruebas de malaria.
Estos cierres se producen en medio de una crisis humanitaria a gran escala que sufre una grave falta de financiación. La ONU informa de que se prevé que 825.000 menores de cinco años padezcan desnutrición aguda grave y que 19,5 millones de personas afronten una situación de hambre de nivel de crisis a principios de este año.
El plan de respuesta de la ONU, dotado con 2.870 millones de dólares, solo está financiado en un 41%, y la Organización Mundial de la Salud estima que el 37% de los centros sanitarios de Sudán está completamente fuera de servicio.








