Miles de desplazados en Plaine Savo afrontan la violencia y el riesgo de ébola sin poder huir ni cultivar
La violencia que se extiende fuera del campamento impide que sus habitantes salgan y los obliga a vivir en condiciones insalubres, sin poder cubrir ni siquiera sus necesidades básicas.
“Nuestras casas fueron incendiadas. El día que nos fuimos, había disparos por todas partes. La gente huyó sin llevarse nada”.
“Algunas personas fueron asesinadas, otras violadas o secuestradas. Hasta hoy, no sabemos dónde están quienes desaparecieron, si están muertos, encarcelados o siguen con vida”, dice Antoinette, de 60 años.
Sentada frente al refugio improvisado de unos pocos metros cuadrados en el que duerme desde hace ocho meses, recuerda que en diciembre pasado el pueblo vecino de Bule, donde vivía, fue escenario de enfrentamientos entre el grupo armado Convención para la Revolución Popular (CRP) y las Fuerzas Armadas de la República Democrática del Congo (FARDC).
Los combates provocaron el éxodo de toda la población de la localidad. Es la segunda vez que Antoinette se ve obligada a desplazarse por la fuerza en los últimos años.
La mayoría de quienes huyeron se instaló cerca de una base del ejército ugandés, presente en Ituri en el marco de un acuerdo de cooperación con el Gobierno congoleño, con la esperanza de estar protegidos.
“Cuando llegamos aquí, pasamos unas dos semanas sin refugio ni lonas de plástico, a merced de la lluvia. Finalmente construimos pequeñas chozas con trozos de madera, plástico y paja”, cuenta.
Desde entonces, las condiciones apenas han mejorado. El campamento está masificado y rodeado de hombres armados que, hasta hace poco, impedían salir a la gente para llegar a sus campos de cultivo, mercados y puntos de agua.
La mayoría sigue teniendo miedo de salir y continúa sin medios de subsistencia. La inseguridad y las restricciones de acceso también limitan la presencia de las organizaciones humanitarias. Desde diciembre, solo se han realizado dos distribuciones de alimentos.
“Los alimentos se han agotado y seguimos esperando la próxima distribución. Casi no tenemos nada que comer y los niños están sufriendo. La vida aquí es muy dura”, dice Antoinette.
En febrero, MSF puso en marcha un puesto de salud para ofrecer atención médica básica a la población. En ese momento, era una de las pocas organizaciones humanitarias presentes en el campamento.
Alphonsine trabaja allí como enfermera supervisora. Antes ejercía en Bule, de donde también tuvo que huir por la violencia. Al llegar a Plaine Savo, recuerda la rapidez con la que se propagaban la diarrea, la sarna, la fiebre tifoidea y las infecciones parasitarias, en gran medida por la falta de agua potable.
“Había enfermedades y muertes. Desde que MSF está aquí, el número de fallecimientos ha disminuido realmente”, afirma.
Actualmente, el puesto de salud ofrece atención general, pediátrica, materna y de salud mental. También atiende a diario casos de violencia sexual y de desnutrición aguda.
El nivel de violencia que sufren los desplazados de Plaine Savo se refleja en los registros del centro. En los últimos seis meses, una media de 60 supervivientes de violencia sexual ha recibido atención cada mes, y siete personas heridas por arma de fuego o arma blanca cada semana.
En la mayoría de los casos, las víctimas fueron agredidas o heridas cuando intentaban salir del campamento. De media, nueve casos de desnutrición ingresan cada semana en el puesto de salud.
“Hay problemas de alimentación porque la gente no puede cultivar ni ir a los campos. Si estuviéramos más seguros, la población podría cultivar y no nos enfrentaríamos al hambre”, explica Alphonsine.
Para los casos más graves que requieren cirugía, MSF obtuvo autorización para que su ambulancia trasladara a los pacientes de Plaine Savo al Hospital General de Referencia de Fataki, a unos 15 kilómetros por carretera, que también recibe apoyo de la organización.
Se trata de una medida vital, especialmente para los heridos por arma de fuego y las mujeres embarazadas.
“Había muchas muertes maternas en el campamento porque no podíamos trasladar a las madres al hospital”, recuerda Alphonsine.
“Pero no hemos registrado ninguna desde que el vehículo de MSF puede llevarlas a Fataki en cualquier momento”.
La epidemia de ébola declarada por las autoridades nacionales en mayo ha agravado la situación sanitaria en Ituri. En los últimos meses, 36 casos confirmados han sido trasladados e ingresados en la unidad de tratamiento del ébola, con 24 camas, instalada recientemente en el Hospital de Fataki.
Esa unidad se ampliará pronto a 32 camas. Sin embargo, el riesgo de transmisión para el personal ha obligado a los equipos a dejar de prestar apoyo quirúrgico al hospital.
Hasta ahora se han detectado tres casos confirmados en Plaine Savo. Gracias a la movilización de la comunidad y al apoyo de MSF, todos pudieron ser derivados a tiempo, diagnosticados y atendidos en el Hospital de Fataki.
La amenaza, sin embargo, sigue presente. Las personas desplazadas en Plaine Savo temen las consecuencias que el virus podría tener si llegara a extenderse por el campamento.
“Tenemos mucho miedo. Algunos de nosotros tenemos familiares que han muerto en Mongbwalu y Bunia”, explica Alphonsine, en referencia a dos de los principales focos conocidos de la enfermedad.
“Los refugios improvisados de Plaine Savo están abarrotados y a menudo separados por menos de medio metro. Si la enfermedad llega aquí, la gente podría morir en masa. Por eso estamos concienciando a la población”.
En la lucha para evitar la propagación del ébola —que se transmite por contacto directo con el sudor, las heces u otros fluidos corporales—, el acceso al agua potable, al saneamiento y a la higiene es fundamental.
Desde febrero, los equipos de MSF trabajan para mejorar la situación del campamento en ese ámbito. Se han construido 311 letrinas y se suministra más agua mediante camiones cisterna, a la espera de que concluyan nueve nuevos pozos.
Aun así, hace falta más. El número de letrinas y la cantidad diaria de agua potable disponible por persona siguen siendo insuficientes.
También se necesitan distribuciones más regulares de alimentos y artículos no alimentarios, además de actividades de protección para poner a salvo de los abusos a las personas más vulnerables.
“Es la peor situación humanitaria que he visto en años”, afirma Trish Newport, coordinadora de emergencias de MSF.
“Para preservar la vida, la dignidad y la seguridad de las personas desplazadas en Plaine Savo, y para protegerlas mejor frente al ébola, es urgente reforzar la respuesta humanitaria. Eso implica contar con más actores sobre el terreno y con mayor capacidad de intervención”, concluye.








